Presentación La Mirada de Hoy en Vélez

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Hace algún tiempo comenté que participé en un libro, junto a grandes autores, de temática reivindicativa. Durante estos meses el libro se ha estado presentando por distintas ciudades de la geografía española y andaluza, ahora le ha llegado el tiempo a Málaga y en concreto a Vélez-Málaga. La fecha elegida para el evento es el próximo sábado 21 de diciembre a las 21:00, y como no podía ser de otra forma, en la Sala Casarte Azul.

En la segunda edición del libro participamos más de 20 autores, en el recital seremos cinco o seis, entre ellos Saray Pavón, Alex Ruiz, y yo, que será la segunda vez que recito en público. Intentaremos grabar la sesión, pero todo el que pueda asistir que no dude en hacerlo, porque merecerá la pena el evento.

Gracias.

Mariposas

Conocí el amor a los dieciséis años, para muchos puede parecer tarde para otros incluso temprano; para mí: breve.Al principio todo era mágico, podría deciros que incluso las mariposas revoloteaban en nuestro interior. Aunque nuestro amor también fue lacónico, como su vida. En aquellos cursos de BUP y COU había tiempo para todo, para pasar noches en vela, perder (ganar) el tiempo amándonos, hacer mil planes sobre un futuro que aún estaba por llegar.

Futuro que fue pretérito: como nuestro amor.

La universidad fue el primer punto de inflexión, el primer hurto al reloj. La vida y las obligaciones se sobreponían a ese tiempo que antaño ganábamos (perdíamos) amándonos. Tras ella, si aún quedaba algo de aquel amor que nos unió, la realidad se interpuso: trabajar. Ser personas de provecho y comprarnos un buen piso: nada de alquilar: ¡es de pobres! Hipotecando un tiempo venidero donde no había hueco a las mariposas.

Tuvimos suerte –ahora sé que sólo fue desgracia– de vivir en una época así: quien quería trabajaba, en lo que fuese, daba igual el nivel, o la rama de tus estudios: trabajabas. Al principio todo bien, poco tiempo para nuestro amor.

Después, algo llamado recesión. Más por menos; horas por dinero.

Depresión y el poco amor que teníamos menguó. Crisis y el amor se perdió; se lo quedó el banco, como nuestra casa. Ahora, vivimos igual que antes de conocernos: con nuestros padres. Suerte que nunca tuvimos un hijo que diera cuerda a un reloj parado. Suerte porque él no tendría la casa de sus padres para volver.