Bucle

Salir a la calle, bajo la lluvia, acercarme a ella.
Y comprar un paquete de tabaco, locuras que acabarán conmigo, yo que no sé tragarme el humo pero sí el valor. Prender el cigarro, extraño ritual que siempre me apaciguó. Llevar a mi boca el cigarro, encender el mechero y cerrar los ojos.

Salir a la calle de mi habitación, desnudo, y encender otro cigarro.
Son demasiados ya, pero aprender a tragarme el humo y ser capaz de hacerle un hueco en el pecho junto al valor. Terminar por expulsar todo el humo, verlo desvanecerse y no la cobardía. Apagar el cigarro, tirar la colilla.

Volver a comprar tabaco, yo que no fumo, por no tener los cojones de besarte. Y apagar los nervios en cada calada, mientras espero por volver a verte, y sonreírte, pero sin besarte… siempre sin besos, nunca con besos.

Última Oportunidad

Sentado en el sofá de casa mientras mi mujer veía en la televisión cualquier programa de aplanamiento mental, me levanté y cogí las llaves de casa. Cuando estaba con la puerta abierta, me giré:

Cariño, voy a por tabaco.
Pero… si tú no fumas. Se oyó pocas décimas de segundo después de que yo jamás volviese.