Soberbia

Sabes que lo conseguiré, y que no pretendo nada más
que llegar hasta tu casa, tu cama, tu colchón.
Para hacerte olvidar a todos aquellos amantes
que estuvieron ahí, antes que yo, disfrutándote.

Ambos sabemos que ninguno de ellos te hizo el amor
como te cabalgaré, como te guiaré, como te follaré;
y que tampoco sabrán beber y comer tu cuerpo
con mayor deseo y placer que mi glotona lengua.

Ambos sabemos que todos se cansaron antes que yo,
que solo quiero estar entre tus piernas y tu sexo siempre.
Que no me hace falta el descanso, ni el sueño
si desde tu cama se me curan todos mis vicios,
si solo al tenerte bajo mi control curo mi frustración
por no haber sido el primero, pero sí el mejor.

Sabes que siempre llevaré una sed incapaz del calmarse,
Ser el mejor no es solo cuestión de orgullo, sino realidad.

Lujuria, por Sara Guerrero

Es querer y no poder. Es algo que recorre tu cuerpo, tu interior, y expresa lo salvaje de tu corazón. Es tu instinto animal, que no te deja respirar, que lucha y caza sin cesar. Es una mirada, una sonrisa, una sensación de… ¿temor? Fácilmente confundible con la pasión.

Si supiera cuáles son sus sentimientos, como maneja la situación… Las mentes sólo se leen en las historias de terror: qué fácil sería si pudiera hacerse en la vida real, sólo con un “click” y ya está, mi cerebro se enciende, mi mente actúa y mi cuerpo le sigue, porque sé con exactitud qué hacer en cada momento, según lo reflejado en mis pensamientos.

Puede que me equivoque, que sea el mayor error de mi vida, que me frustre por algo que quisiera repetir mil veces y, sin embargo, sea una de esas cosas que únicamente suceden una vez en la vida.

Una persona tan acostumbrada a ir por el camino recto no debería torcerse, al menos no sabiendo de antemano la prohibición del acto, pero ¿qué hacer cuando tu cabeza dice “no” pero el resto de tu cuerpo palpita la palabra “sí”? Como una polilla hacia la luz, sabe que allí encontrará casi seguro su muerte, pero no puede evitar acercarse, como si un hilo invisible la uniera a ese cuerpo, no puede correr en otra dirección que no sea la suya.

Una noche, solo una noche como tantas veces he soñado, como tantas he imaginado. La imaginación todo lo puede, todo es posible, y por eso me gusta. Pero es vana, se desvanece en cuanto abres los ojos, y no queda más que la ilusión de algo que no sucedió, sensación de vacío tan horrible y desesperante que la tristeza llega a la misma velocidad con la que se esfuma la felicidad por lo soñado.

El problema radica en ¿cómo hacerlo real? Si pudiera quitarme ese estúpido temor que mina mi cuerpo, acallar esas voces que susurran repitiendo lo que ya sé: está mal y no se debe hacer. Pero eso no significa que no arde en deseos de querer hacerlo.

Estar a solas en la oscuridad, que todo secreto sabe guardar, acercarme a su cara hasta sentir su aliento y cómo las palabras burbujean en mi garganta, en mi boca, queriendo susurrar las palabras más bellas… TE DESEO. Qué grandioso lo que conlleva y sencillo al mismo tiempo.

Ya es tarde, actué sin darme cuenta, y esas palabras llegaron a sus oídos. Mi mente no reacciona, mi cabeza da vueltas y no logro escuchar, ni ver, sólo sentir esos labios que de repente recorren los míos, ese olor exquisito de otro cuerpo pegado al mío, un peso tan delicioso cuya carga soportaría toda mi vida sin un ápice de dolor.

>Su mano acariciando mi pelo, mi cuello, mi cara; mi mano, involuntariamente, repite los mismos actos en su cuerpo como si estuviéramos reflejados en un espejo; pidiendo más, pidiendo que la noche sea eterna y no termine nunca. Rezando porque se repita otra vez, aunque lo crea imposible, aunque en el fondo de su ser sepa que no tendrá tanta suerte, a pesar de que se la juegue una y mil veces. ¿Merece la pena luchar contra lo que nos dicen que está mal? Yo diría que sí.

*Texto escrito por Sara Guerrero para Asociación di-fusión-a2, para el último libro «En Pecado Concebido».

Esencia

Y cuando volvió a la realidad comprendió que si en el sueño podía huir del pasado, fuera de él también sería posible evitar que su esencia le impregnara.

Vuelta a la Realidad

Aeropuerto Santiago de Compostela

Vuelta a la realidad”. “Realidad”. Posiblemente éstas sean las palabras que más usamos los peregrinos cuando sentimos que todo aquello se acaba, o cuando ya hemos vuelto a nuestra propia realidad; y es que, aunque queramos evitarlo, aunque intentemos maquillarlo de otra forma, el Camino es algo mágico y logra cambiar tu forma de ver y de sentir durante aquellos días. Si bien es cierto ese cambio sucede poco a poco.

En mi primer Camino, tomé aquello como una excursión, sólo un viaje más. Durante los primeros días un poco de cansancio, pero los kilómetros, el tiempo y las experiencias fueron invadiendo este abatimiento y sólo quedaba la magia del viaje. Una sensación de vivir en un espacio y en un tiempo, en un lugar y un momento que no me pertenecían. Acostumbrado al ajetreo de la ciudad la vida de peregrino distaba mucho. En cierto modo todo esto se repitió en mi segundo Camino. Si bien es verdad que fue más corto en el tiempo y en el espacio.

Y aún hoy sonrío al recordar las palabras de mi compañero de trabajo cuando le dije que este año repetía mi viaje. Me recordó lo que dije cuando vine de aquella experiencia por primera vez: “Una vez y basta. Esto es para hacerlo sólo una vez”. Tal vez, muchos peregrinos lo hayan pensado también. Cuando llegas ya has cumplido con tu deseo, pero el tiempo te va dando otra perspectiva de todo lo que ocurrió allí. Empieza a nacer el sentimiento de peregrino, la añoranza de aquellos días sin preocupaciones, la esencia de la magia que sólo ése viaje posee. Por eso, a veces la llamada no se puede silenciar, y el Camino reclama tu presencia una vez más, se vuelve parte de ti.

Mi segundo viaje fue de improviso, lo comenté en casa, hice algunos cálculos sobre los días, y en las oficinas de un cliente, mientras auditábamos, compré los vuelos. Era finales de julio, y me iba a principios de agosto. Todo salió bien. Y aun sabiendo lo que me iba a encontrar, todo me sorprendió. Y, una vez más con la vuelta a la realidad terminó todo.

A partir de ahora hay que volver a la realidad”. Es el único problema del Camino, todos los recuerdos que dejas allí, las amistades que sólo estaban germinando, y ahora deberías de cuidar. Hace poco más de dos meses y medio que volví del segundo viaje, y catorce meses que lo hice del primero. Los recuerdos se han ido sellando en la memoria, la realidad se ha convertido en mi única realidad, y en cierto modo ya está naciendo otro deseo de volver allí. Ésta vez sería el Camino Primitivo, el de Asturias.

A partir de ahora, y sin periodicidad determinada, iré alternando las entradas en la página principal (relatos, poemas, …) con textos, fotos y recuerdos aquí. Si bien es cierto que, en el Tawq al-Uahda hay un resumen de lo que significó para mí el Camino de las Estrellas, y dos historias más de amigos que conocí aquellos días no ha habido turno, ni lugar, para contar el Camino al Fin del Mundo.

Valgan estas palabras para romper con la realidad y sumergirnos en ese mundo de meigas, bruixas y conxuros. Para descubrir que todo es posible, y que gracias a esta web, a la casualidad de la vida y las meigas hace pocas semanas un gran peregrino, y mejor persona, que conocí y compartí varios días de camino en la provincia de Zamora me escribió y contó algo que me llegó. Con suerte, para vosotros ya llegará el tiempo de conocer parte de esa verdad, aún quedan muchas personas que marcaron aquellos días, y me hicieron crecer.

¡Ultreia, suseia, Santiago!