Recuerda Que La Rosa

Una rosa he de buscar para vos.
Bajaré a El Jardín de La Niebla
Y surcaré sus tierras, palideceré su bruma,
Encontraré mi alma, encontraré tu aura.

El paisaje es tan desolador como mi soledad,
Apenas logro entender que aquí yazca una flor.
El territorio que alcanzo divisar frente a mis ojos
No concuerda con el que mi piel siente…

Sólo arena: la cálida arena del infierno me rodea,
Mas mi alma siente un frío inaudito, como en Siberia.
Vago sin andar, camino sin avanzar,
Miro sin ver, y allá está ella: Mi Rosa, Tu Rosa.

Rosa Negra frágil y quebrada cual cristal puro,
En mis manos pude reunir sus trozos,
En mis dedos, clavarme sus espinas envenenadas.

Derramar mi sangre sobre los pétalos quemados de frío,
Mis lágrimas sobre las heridas de las espinas,
Y mi vida en esa rosa negra, ya tornada color fuego.

Mi cuerpo morará en este triste frío Jardín de La Niebla,
Mas mi alma presta y rauda, otorgará la rosa de mi muerte
A tu cuerpo, para que vos, me recordéis.

La vida puede cambiar en un segundo

Hoy, dos de febrero, es un día importante para mí a nivel personal. Hace ocho años tal día como hoy cayó en miércoles, y en una partida de billar cambió mi vida. Una simple serie de preguntas, “¿estamos juntos?”, “¿tú quieres estar conmigo?” y una respuesta, también, sencilla y profunda: “¿Yo? Siempre”. Aquel día, por la tarde, empecé un noviazgo que aún dura, con una persona maravillosa, y sin la que ahora no sabría vivir. Ella ha estado ahí, en los momentos difíciles apoyando y ayudando. Sin ella, posiblemente, no sería lo que hoy soy. El resto de mi vida cambió esa tarde.Aquella relación, sin entrar en detalles, comenzó por una amistad. Coincidíamos saliendo en el mismo grupo en el mismo pueblo, Periana. Y poco a poco hablando, acercando más nuestras almas y compartiendo momentos… SMS de los antiguos. Miradas indecisas y huidizas que buscaban la aprobación del otro y la encontraban, pero no salían las palabras. Hasta que, desesperado y cobarde, escribí un SMS diciéndole todo lo que sentía, hablándole de un supuesto hechizo de magia negra… Y todo desembocó en aquel billar, en aquellas preguntas, y en aquel beso al que aún seguimos unidos.

Aunque no siempre hemos estado juntos. Hace dos años ella estaba en Finlandia, yo en Málaga, recién incorporado a un despacho de auditoría (en el que, también aún sigo como dice la página de presentación). Unos días atrás, esta semana, una gran amiga me recordaba la anécdota de la llamada para ofrecerme esa primera experiencia profesional.

Acababa de salir de las clases de árabe, e iba camino de Periana, conduciendo recibí una llamada de un número desconocido. Al otro lado, una voz de mujer me decía me habían seleccionado para una entrevista en prácticas, en una auditoría-asesoría. Cogí el desvío a una gasolinera y apunté la dirección. La mañana siguiente tenía la entrevista en la empresa. No fue mal, quedaron en llamarme en un par de días, fuese lo que fuese, entrara o no a formar parte del personal.

Y fue un jueves por la tarde. En un segundo también, pocos días antes de mi sexto aniversario, cuando en clases de inglés volví a recibir una llamada de la oficina. Salí de clase, nervioso. Tan nervioso que, cuando mi futura compañera de la oficina, me dijo que había sido seleccionado no la entendí, o no me lo creía, y le pedí me lo volviera a repetir. Y el día uno de febrero del 2011 entré a formar parte de esa familia de compañeros y grandes personas. Y aún seguimos allí, esperemos que por mucho tiempo más porque es donde realmente estoy cómodo, voy evolucionando y formándome como auditor.

Por todo ello, febrero es un gran mes para mí. Este año también estoy esperando grandes noticias por varios sitios para este mes de las Februas. Aparte, aunque aún quedan varios días, el año pasado, un veintinueve de febrero vio la luz, en formato digital y físico el que, hasta ahora, es mi último libro: El Collar de La Soledad.

Carpe Diem, II

Fernando estaba en lo correcto, la cama dónde despertó no era la suya, aunque tampoco la de Nadia. Era de su compañero José, la pudo reconocer cuando se fijó detenidamente en todo lo que había en el dormitorio. Le dolía la cabeza y tenía la boca reseca: se había pasado con el alcohol. ¿Pero qué fue lo que hizo aquella noche? ¿Por qué bebió tanto y ahora despertaba en casa de José? ¿Y dónde estaba José ahora? Responder aquellas preguntas era lo único que le preocupaba.En la mesilla de noche había una pequeña nota firmada por su amigo, decía:
“Fernando,
Puedes quedarte todo el día en mi casa si quieres, no te preocupes. Hay algo de comida en el frigorífico. Yo estaré fuera. He llamado a tu chica, le he dicho que nos quedaremos a descansar en mi casa. Mejor eso que la verdad.
Nos vemos, José.”

¿Mejor eso que la verdad? ¿A qué verdad se refería? ¿Qué pasó la noche anterior? Tenía la mente demasiado nublada para pensar, recién levantado y de resaca no podía acordarse de nada. Tomó una ducha, desayunó algo y se fue al salón a descansar para intentar pensar en todo lo que podría haber pasado por la noche.
Primero fue con José y algunos compañeros a cenar, ahí no hubo nada raro. Sólo cayeron un par de cervezas, después de cenar fueron al pub donde estaba Nadia y el resto de compañeras de la empresa. Allí tampoco pasó nada importante que pudiera recordar, tal vez sólo un par de copas más. Y, quizás alguna que otra mirada con Nadia, quizás algún comentario sobre echarla de menos, tal vez un “me encantan tus ojos, son los más hermosos que he visto nunca”, o “¿Qué tomas? Yo te invito esta noche”. Después tal vez otro pub o alguna discoteca, no está seguro de tanto.

Después de aquel pub dónde estaban las chicas de la empresa fueron a una discoteca, bailó con Nadia y tomaron algunas copas más. Hasta aquel momento no había pasado nada entre ellos. Sólo había sido capaz de decirle que le encantaban sus ojos. En aquellos momentos habría matado por robarle un beso de sus labios, y de hecho estaba ansioso por rozarlos. Pero la impotencia le paralizaba, si hubiera estado solo habría gritado y llorado por la desesperación, pero con tanta gente sólo quedaba apretar los vasos con la mano bajo la oscuridad, creer que con ese gesto toda la rabia y la impotencia de no poder tenerla se irían. Le faltaba valor y le sobraba lealtad.

Y hasta la hora de la despedida no hubo más entre ellos que miradas silenciosas que decían lo que sus almas sentían aquella noche, pero ningún hecho. Nadia se iba. Le acompañó hasta la puerta y allí, lejos de las miradas de sus compañeros, sacó el valor que no tenía. Le cogió la mano, la acarició con suavidad y la intentó acercar a él. Ella le pidió que no olvidara que tenía novia. Volvió a cogerle la mano, al sentirla a su lado le susurró:

–¿Puedo pedirte un beso?
–No puedo hacerlo.
–Sólo uno, por favor.
-replicó él.
–Fernando, no puedo, tienes novia. Tú no puedes hacer eso, y yo tampoco.
–Sólo uno, por una noche no va a pasar nada. Sólo uno, por favor.
–No sigas, por favor, Fernando…
-dijo Nadia.

Antes de que ella pudiera terminar la frase Fernando le había robado un beso, y Nadia no había podido hacer nada por evitarlo, ni siquiera ademán de apartarse, tan sólo seguirle el juego, ella también quería seguir aquella senda de lo prohibido. En ese momento no hicieron más que alcanzar el segundo nivel del juego, el primero fueron las miradas.

Después de esa experiencia extra, él la acompañó hasta el taxi y allí la dejó, ella no quiso ir más allá en ese momento. No quedaron en nada más, ni lo comentaron más, aquello fue como si nunca hubiese pasado pero pasando, el saber que dejas la puerta abierta a ese desconocido que te cautivó, pero a cada paso miras atrás para recriminarle que te siga.

Y tras dejarla dentro del taxi, volvió a la discoteca y se tomó otro par de copas con sus amigos. Siguió bebiendo, y en un descuido le dijo a José que había besado a Nadia en la puerta cuando ésta se iba.

–Fernando, ¿por qué has hecho eso? ¿Por qué has besado a Nadia? -preguntó José asustado.
–Tú nunca lo entenderías -dijo con media sonrisa en su cara-. Mi vida es una falsa, estoy encerrado en una cárcel: no tengo libertad para decidir. Pero al encontrarme a Nadia, ver lo libre que es… la he necesitado. No sé, ha sido todo muy rápido; sólo ha sido un beso.
–Pero, ¿por qué lo has hecho?
-volvió a recriminarle.
–Carpe Diem, José. CARPE DIEM. -sentenció Fernando mientras iba a la barra a pedir otra copa, de lo que fuese, daba igual.

Ahí se acabaron todos sus recuerdos de aquella noche, pero al menos ya había conseguido recordar la verdad a la que se refería José, y el porqué estaba durmiendo en su casa.

Expolio

Siempre creíste tenerlo todo bajo control,
Tu vida sólo era un leve guion que habías escrito,
Imaginabas que nada podría tambalear tu mundo,
Mas no contaste con ella y sus ojos color miel.

Un día de repente aquella mujer, una desconocida,
Te miró, te sonrió, te saludó, te tocó y te derrumbó.
A ti que siempre pensaste ser un frío pilar de mármol
Y con sólo pasar la leve brisa del viento femenino
Fuiste reducido a escombros como un templo griego expoliado.
Como un arrecife de coral tras un tsunami: devastado.

En aquel momento tu vida dejó de tener sentido,
¿Para qué te sirvió ese guion? Lo perdiste todo.
O tal vez no…

Mil y Una Noches

Él tenía dieciocho años recién cumplidos, en concreto aquel día. Para muchos, ya era un adulto, pero para sí mismo: un niño pequeño e inocente. Tanto, que jamás se había enamorado, nunca sintió el calor de un beso en sus labios. Su madre siempre lo había protegido en desmedida, y ese año dejaría atrás su viejo pueblo para irse a la capital a estudiar, el sueño de tantos chicos de pueblo, irse a la capital para conocer mundo. Desde hacía varios meses ya tenía el piso alquilado, esperándolo a él. La próxima semana sería su prueba de fuego: vivir sin su madre.El día siguiente a su cumpleaños fue con los padres a su nuevo hogar, y lo dejaron sólo en aquella inmensidad, pero poco importaba: mañana sería el gran día, empezaría su carrera más deseada, Psicología. Aquella noche no pegó ojo, extrañaba la cama, estaba nervioso, pero sobre todo: sentía que tal vez al día siguiente su madre no le despertaría con el “Buenos días, es hora de levantarse” que durante tantos años le había estado regalando.Pero, al despertar ni siquiera le dio tiempo pensar. Llegaría tarde a su primer día, sin embargo, llegó demasiado pronto. Con la certeza del que sabe que su autobús escapa, él corrió. Tanto es así que llego a la parada y ni siquiera estaba allí el autobús de la línea 17. Desesperado miró su móvil, y se dio cuenta de la hora que era, aún faltaban algunos minutos para verlo aparecer por el horizonte de aquella calle. Se había estudiado el horario días antes. Montó en él, y durante todo el trayecto no miró a nadie tan sólo estaba absorto en sus pensamientos.

El camino para ser su primera vez lo hizo de una forma muy mecánica, y hasta que se sentó en su silla, al lado de la puerta ni siquiera se inmutó que había entrado en la facultad, y mucho menos que estaba esperando a que llegase el profesor con la mirada perdida en el pasillo. En él, entre la multitud una chica se cruzó con su mirada, de la boca de aquella chica salió un hola y de sus ojos una sonrisa. Él, un poco aturdido se los devolvió. Era alta, con el pelo castaño, no demasiado largo, ni demasiado corto, si pudiera llamarse ese estilo como normal, sería normal; tan normal que lo llevaba unos centímetros por debajo de los hombros. Tras aquel saludo, sin un motivo aparente, la chica desapareció y llegó el profesor a su primer día de realidad psicológica, quizás eso le serviría pues, en aquel momento estaba echo un mar de dudas.

Cuando acabaron todas aquellas horas, que en el fondo le parecieron infernales, salió de la facultad. En todo el día sólo habló con aquella chica que, posiblemente, no vería más. Aunque, el destino jugaba a su favor y la volvió a ver en la parada de autobús. Sin ser aún consciente era la tercera vez que se cruzaban miradas, y la segunda que lo hacían con palabras. Ella se bajó una parada antes que él, pero esta vez no se despidió, es más, ni siquiera se cruzaron miradas al salir… ya habría tiempo de eso, ya habría tiempo.

Pasaron casi tres años, mil días, y mil noches. Y él cada vez estaba más acostumbrado a la capital, cada día de esos, algo menos de, tres años la había hecho un poco más suya, y cada vez se sentía menos pueblerino. Mas seguía sin perder esa inocencia con la que llegó, seguía sin conocer el sabor de unos labios, o el cosquilleo de dos lenguas unidas. Seguía sin conocer el amor, y sin saber aún que se encontró tres veces con aquella mirada que lo persiguió durante tanto tiempo buscando, tener algo más de un saludo.

Y fue en la noche mil y una, cuando salieron de la facultad en aquella parada de bus dónde él se sinceró con ella, dónde ella se sorprendió y cambió todo para los dos. Él se lo dijo todo, tras el “hola” y la sonrisa, le dijo que nunca había besado a una chica, que nunca había estado enamorado de nadie, y que sólo ella con su sonrisa había conseguido robarle el corazón y los sentimientos, que se moría por probar sus labios, rozar sus bocas y sentirlo todo por primera vez con la magia de dos amantes enamorados. Y, ella accedió, y se besaron, por fin sus sueños se hicieron realidad. En aquella noche mágica, aquella noche de amor…

Desde entonces, a aquel beso siguieron muchas más palabras que los primeros “holas”, muchas más palabras que esa declaración inocente y, tal vez, descuidada. Desde aquel día empezó su nueva vida y su relación, para él la primera, para ella, nunca lo sabremos, pero sí sabremos que marcó una diferencia en su forma de ver la vida: la inocencia de él pasó a través de ella, para quedarse un poco dentro de sí, para estar aún más unidos.

Amar, Temer, Partir

He roto mi promesa, ¿ya qué más da? Ha pasado un año desde aquel día. Me hiciste prometer que no habría llamadas, ni cartas, ni siquiera emails, como tampoco intentaría ponerme en contacto contigo por ningún medio. Y créeme, que lo intenté, al menos las tres primeras; la última sólo a medias.Aún recuerdo tu rostro aniñado, tus ojos verdes y pelo negro, aquellas lágrimas en tus ojos por esta despedida imprevista, rápida y fugaz. Y a pesar todo aquello tenías la fuerza suficiente para hacerme jurar que no volveríamos a saber el uno del otro cuando volviésemos a nuestros mundos. Sabías que al principio todo es magia, todo son recuerdos imborrables, promesas de volver a vernos y decirnos aquello que no dijimos… pero con el tiempo todo ello se agota, se esfuma y sólo quedan meros contactos de rigor. Conversaciones como las que tendrías en el ascensor con ese vecino del séptimo.

Tú odiabas aquello e imagino seguirás odiándolo. Y este correo no hará más que levantar viejas heridas, reafirmarte en tu idea, pero no he podido evitarlo, ayer leyendo el periódico algo me hizo recordar nuestra historia. La primera semana que estuvimos separados deseaba a cada segundo volver a oír tu voz, saber de ti y volver a ver tu rostro. Mas lo primero era imposible por nuestra promesa, y volver a verte también, no tenía ninguna foto tuya. Pensé en llamarte ocultando el número de móvil, pero entendí que ya no éramos niños pequeños para andar jugando a esos juegos, al escondite. Durante aquella semana y la siguiente también pensé en buscarte por las redes sociales, pero jamás te encontré en ninguna de ellas. Tal vez usas otro nombre, otro correo o quizás no estés dentro de ellas. No lo sé.

Fue pasando el tiempo y no pude más que darte la razón, tu recuerdo, nuestra historia se fue difuminando dentro de la esencia de mi mundo. El día a día es un verdugo cruel contra los recuerdos, los ahoga y los minimiza, los aprieta y los absorbe, los destierra y los cambia por otros. Poco a poco te fui olvidando. Ya sólo a veces, ocasiones muy puntuales, sentía la necesidad de saber de ti, pero sólo por mera cortesía –esa cortesía de ascensor–, y siempre por falta de tiempo y en menor medida por la promesa –cada vez menos presente pero más real– nunca me puse en contacto contigo. Hasta hoy.

Leer el periódico fue algo que me enseñaste tú, o mejor dicho que tú me habituaste a hacer en aquellos días, sin embargo, con el paso del tiempo con el paso de las semanas aquello fue formando parte de mi rutina diaria, amoldándose a mi vida, evitando traer recuerdos de otros tiempos hasta que olvidé que todo esto empezó por ti, pero ayer algo me trajo de nuevo a la realidad. Me llevó a romper la promesa.

El periódico sólo daba una lista de los becarios que habían obtenido una beca Talentia para irse a estudiar fuera de Andalucía, y tú eras una de ellas. Casualidades de la vida, o tal vez por ti, vas a ir a estudiar a mi país, quizás no lo sepas pero en unos meses regresaré allí y con ello habrá otra oportunidad de empezar de cero. Habrá otra oportunidad por la que romper nuestra promesa no haya sido en vano. ¿Lo intentamos?

Mirar con el Alma

Muchos dicen que lo peor que les podría pasar sería quedarse ciegos, eso es porque no han sido ciegos de nacimiento como yo. Para alguien que ve, la oscuridad puede ser su mayor problema pero para alguien que jamás vio nada, lo peor que le puede pasar es enamorarse en silencio de una voz y no encontrar el valor para darle a conocer el dictado de tu corazón.Fui ciego desde que nací, ahora tengo treinta años y me gusta decir que mi vida es azul. Sí, sé que la gente que ve dice que su vida es gris cuando es triste o apática, pero para mí, ¿qué importa el color si jamás sabré diferenciarlos? Así al menos me hago el interesante. Cuando era pequeño, mis padres me llevaron a los mejores oculistas y oftalmólogos que podían permitirse para ver si recuperaba la vista, fueron muchas operaciones pero nada sirvió para ayudarme. Sigo sin ver colores.Hace unos años me hicieron la última operación, decían que en esa recuperaría la vista de una vez por todas, pues bien, aún estoy esperando recuperarla. He sido un fracaso para todos los médicos que me han operado, pero es que, conmigo, no se podía hacer nada. Siempre he estado acompañado de un perro guía y de un bastón. Sólo ellos y mis padres han estado a mi lado durante toda mi vida, no me ha hecho falta la ayuda de nadie más para sobrevivir el día a día. Ni siquiera otros chicos invidentes han estado a mi lado, no estuvieron cuando aprendí a leer braille en aquel colegio, incluso entre nosotros siempre ha existido competencia y maldad. No me ha importado nunca, yo no soy así: tengo una vida azul.Ahora al fin he encontrado un trabajo. Siempre estuve receloso a hacerlo de este modo, pensaba que podría conseguirlo todo solo pero me equivoqué. No, no soy un gran abogado, ni médico, como a las madres les gusta; ni siquiera trabajador de mono azul. No, soy vendedor de cupones de la ONCE en una esquina de mi ciudad. Fui a la sede de la capital y pedí ayuda, a los pocos meses me lo concedieron.

Trabajo solo. Y no, tampoco tengo miedo a que me roben o me timen, estoy encerrado en un pequeño puesto, mi fortaleza, y tengo la regla de que antes de dar el cupón, he de coger el dinero. Y si son billetes comprobarlo con una máquina especial si son verdaderos o falsos. Y cuando llega la hora de cerrar, viene mi padre a recogerme y ayudarme con la recaudación. Esa es mi rutina.

Tal vez alguien pueda pensar que es un trabajo aburrido y monótono, que sólo estoy aquí porque no puedo aspirar a más. La verdad es que se equivoca. He estado trabajando en otros lugares pero no me llenaban, he estado ayudando a otras personas invidentes como yo, pero llegué a corroborar la idea que tenía de pequeño, llegué a darme cuenta de que hasta en las personas con discapacidad intentan pisarse unas a otras. Sí, discapacitados, no me gusta eso de con capacidades especiales, porque no es cierto, somos discapacitados para algunas cosas, igual que muchos de los que os creéis mejores no podéis hacer otras que nosotros sí o la mayoría de los capacitados. Todos tenemos alguna restricción en nuestra vida, más clara o menos, pero la tenemos: todos somos discapacitados en algún momento. No todos pueden escribir poemas, por ejemplo. O ser astronautas.

Si finalmente estoy en este trabajo es porque me gusta, porque aquí sí puedo despegar mis alas, aquí puedo tornar mi vida en amarillo, darle algo más de color a mi vida azul. Ninguno de vosotros sabrá jamás qué se siente al enamorarse de una voz, como me ha pasado a mí. Sé que podréis pensar que os miento y sí podéis hacerlo por teléfono, pero os juro que el sentimiento no es el mismo, en vuestras vidas está la opción de que os conozcáis o podréis ponerle los ojos y la boca de vuestra ex pareja, la nariz de aquel actor que tanto os gusta… Yo sólo puedo imaginar su cara, su cuerpo con imágenes que nunca contemplé.

Es algo difícil de explicar lo sé, pero es amor. Y el amor no se explica.

Oigo su voz todos los días, la oigo pasar con sus compañeras de trabajo, porque ella trabaja en una gran empresa, en la planta séptima. Trabaja en el departamento de recursos humanos, su pelo es castaño y su mirada azul como el cielo, su piel blanca. Sus labios son rojos como el fuego del infierno. Y su cuerpo está perfectamente dibujado. Al menos ella es así en mis pensamientos, en mis sueños. Sin haberlo visto jamás siempre me gustó el pelo castaño, marrón según dicen. Realmente no sé dónde trabaja, pero me gusta imaginar que lo hace en ese lugar.

Si no fuese ciego, algún día podría preguntarle, invitarla a una copa, acariciar su rostro, y comprobar que estaba en lo cierto. Pero eso no podrá ocurrir nunca. Ni siquiera me ha comprado un cupón, sólo he oído su voz al pasar por la calle. Ningún normal podría distinguir su aroma entre el de sus compañeras, pero yo, un discapacitado, sé que el suyo es el más dulce de todos y distinto su voz del ruido del mundo. Ésta entra en mi fortaleza y aquí se queda reverberando hasta que se difumina en mi sonrisa.

Si no fuese ciego, le propondría conocerla lejos de estas calles, en su habitación, en la mía. Recorrer con mis manos su cuerpo. Pero sé que por ahora, y para siempre, sólo podré hacer eso en mis sueños. En esos sueños en los que puedo ver, en los que ella me ve. Pero siendo ciego, sólo me queda esperar que se acerque a comprar un cupón, a que un día pasee sola y pueda sentir su aroma muy dentro de mí.

Siendo ciego sólo me quedan los sueños.