Mañana

–Lo único que te pido es que mañana, al recordarme, sonrías.

Él lo sabía muy bien, la realidad siempre nos supera y a veces lo único que se puede pedir a alguien es que te recuerde e incluso eso demasiado. Pero él lo intentaba siempre, intentaba hacerle feliz, evadirla de los problemas, sorprenderla… tratarla como algo más de lo que eran porque así tal vez, solo tal vez, mañana al recordarle, sonreiría.

Bucle

Salir a la calle, bajo la lluvia, acercarme a ella.
Y comprar un paquete de tabaco, locuras que acabarán conmigo, yo que no sé tragarme el humo pero sí el valor. Prender el cigarro, extraño ritual que siempre me apaciguó. Llevar a mi boca el cigarro, encender el mechero y cerrar los ojos.

Salir a la calle de mi habitación, desnudo, y encender otro cigarro.
Son demasiados ya, pero aprender a tragarme el humo y ser capaz de hacerle un hueco en el pecho junto al valor. Terminar por expulsar todo el humo, verlo desvanecerse y no la cobardía. Apagar el cigarro, tirar la colilla.

Volver a comprar tabaco, yo que no fumo, por no tener los cojones de besarte. Y apagar los nervios en cada calada, mientras espero por volver a verte, y sonreírte, pero sin besarte… siempre sin besos, nunca con besos.

Hoy, te he vuelto a recordar

Recordar es sencillo, el problema está en hacerlo sin levantar la esencia de lo que un día significó aquel instante, el recuerdo del sentimiento. Eso es lo difícil, lo que realmente cuesta: tragarse las lágrimas, dejar solo el momento sin más adornos, sintetizado, sin corazón… sin posibilidades (como realmente fue, distinto de lo vivido). Eso es algo que aún hoy, a pesar de haber pasado tantos meses, no he logrado aprender a hacer y por eso duele más.

Me prometí muchas veces no volver a dejar que la melancolía se adueñara de mi alma, de las emociones que recorrían mi piel, pero, para mí, autoprometerme algo es tan absurdo como no realizar ninguna promesa. Y hacerla frente a una tercera persona no tiene ningún sentido, pues, si no logro cumplirla conmigo ¿qué sentido tiene el jurar a alguien que lo haré? Y sobre todo, ¿qué le importa a ella qué haga o deje de hacer?

¿Y qué tenía nadie que ver con mis problemas? El verdadero problema siempre es del amante, nunca del amado, ni mucho menos de aquellos que ni siquiera forman parte de ese sentimiento.

Última Oportunidad

Sentado en el sofá de casa mientras mi mujer veía en la televisión cualquier programa de aplanamiento mental, me levanté y cogí las llaves de casa. Cuando estaba con la puerta abierta, me giré:

Cariño, voy a por tabaco.
Pero… si tú no fumas. Se oyó pocas décimas de segundo después de que yo jamás volviese.

Vas por la calle…

Vas por la calle, una de las principales de tu ciudad, pensando en tus cosas, fijándote en las demás personas, en los estilos de ropas que llevan y en los grupos urbanos en los que los clasificarías. Estos para punkys, estos pijos, aquellas, intentos de new-pijos. Aquel de enfrente, con esas gafas, hipster. Y este, este con estas pintas, casi, casi mejor no clasificarlo.

Pero de repente, mientras miras a los ojos a las personas intentando disimular que los estás clasificando hay una persona que te devuelve la mirada y sonríe. Te quedas paralizado pensando en que estará pensando y por qué te sonríe. ¿Quizás te ha clasificado antes que tú a ella? ¿Quizás te conocía de antes? ¿Quizás se haya acordado del chiste que le contó el primo el fin de semana pasado? Quizás…

Y cuando por fin comprendes que no vas a adivinar porqué lo ha hecho, y quieres devolvérsela, resulta que ya no está ahí e inocentemente le sonríes a un desconocido. Y todo vuelve a empezar…

Leer

Me es imposible leer tus sentimientos
cuando sólo me hablan tus ojos
si delante de los míos las lágrimas son la lente.

Desenamorarte

Y no lo conseguía, no lo conseguía jamás, y ya había pasado mucho tiempo desde el último imposible, no podía borrar el recuerdo de su cabeza, ni de su corazón. Había, tenía, un algo que le hacía caer cada noche en el mismo dolor, llorar en sus sueños, y despertar con una extraña angustia en su cuerpo; aquella que ni otros labios habían podido robar, la misma que se alimentaba de más imposibles, de más promesas vanas que ambos sabían no se cumplirían pero una de las dos partes pensaba que minimizaría el dolor o eso pensaba la otra parte … porque, al final, el error nunca está en amar sino en no poder desenamorarte en el momento adecuado…