Misiles Olvidados, con eigual

Este poema lo escribí hace algún tiempo, fue un pequeño experimento con eigual, y salió publicado en mi último poemario, El Collar de la Soledad:

¿De qué sirve amar cuando ya se dio todo?
¿De qué sirve luchar cada mañana por nada?
¿De qué sirve querer empezar todo de cero?
¿De qué sirve enlazar las estrellas a la noche?

Cuando se ha amado hasta doler la sangre.
Cuando la lucha te devuelve vacío y silencio.
Cuando empezar de nuevo, es asesinarte más lento.
Y solamente quiero el reflejo del cielo en tus ojos.

Todo es inútil en ese momento.
Mi alma llora soledad, tristeza, desesperanza y miedo
Y tu mirada está tan lejos, que ni puedo soñar con ella.
Sólo los recuerdos me quedan, sólo el dolor me acuna.

Así que me deshago de los misiles que anidan en mi pecho.
De los misiles de los días sin ti. De mi piel sin la tuya.
Los misiles llenos de besos que aún no te he dado.
Y estallan bajo mis pies, todos los recuerdos.

Ellos, como como yo, te buscaron. Mas no supimos llegar.
Aquella noche podría haberte amado a la luz de las estrellas,
Sólo cobijados bajo nuestro amor, y nuestros sentimientos.
Pero, no deseabas darme tu amor, ni siquiera tu indiferencia.

Y ahora solo queda esperar, a que tal vez el tiempo
me traiga lo que me negó tu voz y tu cuerpo.
Mientras tú, mi amor para siempre y estos recuerdos,
se irán difuminando en el olvido de tu nombre.

Por Abajo

Ella no lo sabía, no lo sabría jamás. Pero aquella noche me acosté llorando. No por temor al futuro, o al pasado, ni siquiera por este presente en el cual sigo sin saber por qué estoy viviendo, sino por algo mucho más banal: por no poder abrazarla en aquel momento, por no poder susurrarle al oído cuánto sentía por ella. No: en aquel momento en lo último que pensaba era en hacerle el amor cuando otras veces era en lo único que pensaba; aquella noche necesitaba sentir su piel y cobijarme muy, muy fuerte, bajo su grandeza: yo sólo era un niño.Aquella necesidad, aquellas lágrimas habían surgido tras sincerarnos. Tras hablar sin miedo, en la distancia, sabiéndonos ambos protegidos por la pequeña pantalla de nuestros móviles, entendiendo tal vez que la cobertura de la red 3G podría fallar y eso nos daría un segundo más para evitar enviar nuestros sentimientos. Pero no fue así: éstos llegaron, y descubrí mi corazón. Y lloré, me quedé dormido con lágrimas en los ojos sintiendo la soledad, que estoy seguro, ha de sentir el amante.

El destino no siempre juega a nuestro favor, la mayoría de las veces tampoco juega en nuestra contra: simplemente juega con nosotros a unos juegos que desconocemos sus reglas. Lloré mucho. Todo había pasado demasiado rápido y nadie me había explicado qué podía o no podía hacer. Qué debía sentir, o qué tenía que decir. Me gustaba mucho, y creí haberme enamorado de ella. Ahora ha pasado el tiempo, no mucho, pero sí algo y lo veo todo con más distancia… sé que estaba equivocado en lo que creía: la amaba, y la amo, y ya no me importa que sepa que aquella noche, las lágrimas me arroparon.

Todo empezó como un juego, es cierto que me gustaba, la primera vez la vi me dejó impactado, pero no me atreví a más. ¿Acaso un enano puede alguien soñar con vencer a un gigante? Yo, si hubiera sido ese enano, no podría. ¿Acaso no es cierto que evitó varias de mis lanzas? Sin embargo, a pesar de ello en aquel momento ya había realizado la primera tirada del dado, 1D20. El juego comenzó y nos fue uniendo, acercando con cada tirada un poco más; hasta tal punto que aquello dejó de ser un juego… Me gustaba, le gustaba, nos gustábamos tanto que nos besamos. Y ahí me perdí en el juego del destino: empecé a desconocer las reglas, a perderme en el infinito de sus ojos y entre sus labios.

Comenzaba a comprender aquel juego del destino, pero ella aún no lo sabía. Varios encuentros después, tras jugar con su pelo, sentirla acurrucada en mis brazos, saberme un enano que abraza un gigante, conmoverme al conocer la ternura que desprendía su grandeza en mi pecho, no sabía realmente que sentía por ella, algo más que amor, algo demasiado fuerte para expresarlo con palabras. Algo que tal vez sólo ella y yo éramos conscientes, o quizá sólo yo…

Sabía que no podía aceptarlo, que no debía llegar a ese punto sin saber qué me estaba permitido y qué no; qué podía ocurrir entre los dos y cuáles eran los abismos que se interpondrían entre nuestras almas. El primero quizás nosotros mismos, y después de nosotros, el resto del mundo: los que estaban más cerca de nosotros. Y después de todo ello tal vez aquella frase que seguía aterrorizándome: “las cosas que deprisa crecen, deprisa se consumen”. No quería imaginarlo, quería sentir la segunda parte de aquel poema: “en tanto las que tardan en nacer, también tardan en acabarse”.

Pero, a pesar de amarla, a pesar de ser consciente de lo que ella produce en mí, a pesar de querer hacerle el amor todas las noches, a pesar de subirla al cielo y me arrope en él debo esperar para culminar todos esos sueños: la vida hay que vivirla despacio, degustarla. Quizás esto sea la segunda parte de la que habló Ibn Hazm, las cosas que tardan en nacer… pero también es cierto que para llegar a compartir toda una vida primero hay que empezar por abajo.

El Curriculum de Todos

Cerró la puerta con llave. Raudo. Tenía urgencia por ir al baño. Dejó algunos sobres en la mesa y no perdió un segundo. Se lavó las manos. Y, en el salón, encendió la tele. La rutina de siempre. Buscó cualquier concurso de los de televisión donde gente anónima respondiendo a varias preguntas ganan varios cientos, o miles de euros. Quizás esa sea su única solución: “dar el pelotazo”. El sueño español.

Desde el sofá sabía la respuesta a todas las preguntas. Incluso, se imaginaba dando juego en un plató de televisión; también imaginó también la ruta que haría el día siguiente: cogería el coche, haría 40 kilómetros y recorrería otra ciudad entregando curriculums en sobres. Un detalle que le diferencia del resto, piensa. Pero se equivoca. Hoy en día eso no es una diferencia, sólo más coste.

Cada día, en cada empresa que va, si tiene suerte lo aceptan, otras ni los cogen, saben que éstos no tienen dinero, aunque para él es un gasto que se ahorra. Y en raras ocasiones sí han aceptado ojear su curriculum, pero en otras, le han contado la realidad de la empresa: ERTES, ERES, BAII y FFPP negativos, pre y concursos de acreedores, liquidaciones, disoluciones… A veces le dan tanta información que llega a perderse entre las siglas contables.

De todas formas sabe que no puede decaer, ha de seguir intentándolo. Como la mayoría de los cinco millones y medio de parados: tras tu ciudad pasas a la capital de provincia, de ahí, si tenías algunos ahorros y una formación media-alta, a la capital de la comunidad. ¿Pero cuántos más y mejores que tú hay en la capital? Esa pregunta nunca la hacen en los concursos de la tele.

Anuncios en la televisión. Un pequeño avance del telediario. Otro político investigado por corrupción, e incluso parte de la familia real, que finalmente no saldrá imputada. Más muertes en Siria y la ONU sin actuar para evitarlo. Se esperan los nuevos (y peores) datos de la EPA, y por ende la bolsa de Madrid se ha desplomado. Nada nuevo.

Se acerca a la cocina para tomarse una coca cola. Aún le queda media lata de ayer. Coge uno de sus sobres. Lo abre. Revisa, una vez más, toda su vida. Sus metas, sus logros. Pero no sus fracasos. No hay hueco para ello en una carta de presentación así.

Piensa en salir fuera del país. Domina el inglés, y balbucea un poco el alemán. Pero sabe que fuera tampoco es fácil para ellos. Aunque si en un par de meses su suerte no cambia sí se irá fuera. Con lo que se gasta en gasolina, en sobres, y en todos esos gastos extras podría intentarlo.

Y ahora en la televisión ve un anuncio, con viejas glorias recordando lo que fuimos en el pasado: como si eso sirviera para cambiar el presente o demostrando el poco valor del que carece el futuro. El pasado no cambiará el futuro. Termina el anuncio, tampoco se han comentado los fracasos que cometimos antaño.

¿Quo Vadis?

Camino Zamora

En los últimos días, e incluso semanas, he pensado mucho en todo el pasado y el futuro, no he llegado a ninguna conclusión que me aporte todas las respuestas que quería. Es cierto que, estos días han sido duros: problemas y agobios de todo tipo, y de todas las magnitudes. Y he vuelto a pensar en esa tierra llena de magia que está al norte de España, y que tantas y tantas almas han recorrido: el Camino de Santiago. La morriña le está pidiendo a mi alma que vuelva a pisarlas una vez más. Y me apetecía escribir sobre él.

Puedo decir sin miedo a equivocarme, porque es una sensación que he compartido con más peregrinos y todos hemos dicho lo mismo, que allí se vive el presente. Aquí recojo palabras de Juan, otro compañero peregrino enamorado del Camino y de su tierra, Galicia (podéis encontrarlo en: www.galicias.com):
…cuando estoy en el Camino tengo la sensación de vivir continuamente en presente, sin darle vueltas al pasado ni al futuro, disfrutando intensamente del momento en que me encuentro.

A él lo conocí en mi primer viaje, y según hablamos hace poco estas palabras podrían haber sido escritas poco después de habernos conocido, y de separarnos. Y es exactamente lo que se siente al estar en el Camino, y la forma que deberíamos vivir: “continuamente en presente”. Seguramente, ninguno de los que estéis leyendo estas letras podrá negarme que en estos momentos haya algún hecho de su pasado, algún “error” o alguna decisión que desearía no haber tomado. O, peor aún, llegar a preocuparnos por un futuro incierto, por cosas que tal vez jamás lleguen a suceder, o por el camino al que nos llevará aquella decisión que tomamos el otro día.

Sin embargo, en el Camino y, de nuevo, en palabras de Juan: Descubrimos que existe el dedo meñique del pie izquierdo y que es fundamental… pues si llevamos en él una pequeña ampolla ese dedo se convierte en el punto más importante del universo… Y así vamos descubriendo nuestro cuerpo, sintiéndolo… y esto nos trae al presente, al aquí y ahora… Ésa es la magia que nos falta en nuestra vida diaria, el sentirnos dueños de nuestro presente, el comprender que es sólo ese momento el que podemos cambiar y en el que debemos actuar. Allí llegamos a comprenderlo, aquí no somos conscientes de ello: la realidad nos nubla el presente y sólo nos deja ver las preocupaciones.

Debemos entender que la vida puede cambiar en un solo segundo, que de nada nos sirve pensar en qué ocurrirá en cinco años, tres meses o dos días porque es incierto. Debemos alcanzar a ver que éste presente es lo único que tenemos y sobre lo único que podemos actuar, el pasado sólo son viejos recuerdos que nos apoyarán cuando lo necesitemos, pero nada más, no podemos preocuparnos por ellos. Debemos ser peregrinos.

La vida es demasiado corta como para perder el tiempo echándote a llorar,
La vida es suficientemente larga como para no quererlo intentar una vez más;
Debes tomar tus decisiones, sin mirar atrás, sin arrepentirte “Jamás”
{Dispuesto a Seguir; Dragonfly}

Luchar por Tus Sueños

Igual que ese árbol que el tiempo secó,
y sus hojas muertas el viento barrió,
así queda el alma cuando se pierde la ilusión.
¿De qué sirve entonces correr hasta el fin?
{Piel de Serpiente; Sueños perdidos}

La vida consiste en luchar y elegir: no puedes tenerlo todo.
Si eliges luchar por tu futuro, dejarás atrás los sueños;
Si decides luchar por los sueños, dejarás atrás la realidad.

Si luchas por tu futuro dejarás atrás los sueños.
La certeza de un buen trabajo y una buena vida es maravilloso.
Siempre que para conseguirlo no hayas renunciado a todo.

Si luchas por tus sueños dejarás atrás la realidad.
Pero la vida sin sueños no es nada, ni siquiera existencia,
De nada sirve un futuro si no tienes con qué pintarlo.

La vida siempre es difícil de llevar:
Cientos de caminos se prestan ante tus ojos,
Miles de decisiones deberás tomar sin saber.
En muchas de ellas errarás, te equivocarás,
Tendrás que sufrir su peso toda tu vida, todos tus días.

Quizás te equivoques, quizás lo hagas todo mal,
Tal vez no está bien arriesgar, tal vez no es bueno soñar
Pero si no lo haces, si jamás luchas por un sueño,
Nunca serás feliz, nunca estarás vivo y nunca serás tú.

Debes luchar por tus sueños, has de creer en ellos.
Te dirán que es una locura, pero ellos no saben nada,
Te dirán que has cometido un error, ellos no saben nada.
Nunca harás lo que tú quieres si escuchas a los demás.

En el camino hacia tus sueños, en la lucha
Puede ocurrir que hagas las cosas sin pensar,
Que ese error te persiga toda la vida… Da igual,
Hiciste lo correcto al arriesgarlo todo por algo que lo merecía.

Lo más importante de la vida son nuestros sueños,
Lo más importante de la vida son nuestros anhelos.

Lo más importante de la vida es… luchar por ellos.

Girando…

Me desperté en medio de la noche. Aún tenía el sabor de tus besos en mis labios. Me asusté. Había tenido una pesadilla, un maldito secuestro que me alejaba de ti. Te abracé en la cama y cerré los ojos. Me susurraste: «no te asustes, pequeño». Me asusté aún más, pero ya no por el sueño, sino por el infinito amor que sentí en aquel momento, por el miedo a no ser capaz de entregarte todo lo que tú merecías… Y lloré, pero tú eso no llegaste a saberlo jamás: mezclé mis lágrimas con la humedad de mis besos en tu espalda y todo volvió a empezar entre los dos…

Yo apartaba tu pelo, y tú te dejabas hacer. Yo besaba tu espalda con una suavidad infinita, y tu cuerpecito se encogía y temblaba. Tú te girabas y me mirabas a los ojos. Me besabas, nos besábamos. Caricias que recorrían nuestro cuerpo. Música celeste al compás de la respiración, orquesta guiada con la batuta de los besos. Y volvimos a entregarnos al destino, a nuestra pasión.

Y recordé, una vez más, aquellas frases que había leído hace algún tiempo en alguna página del universo digital:
«Desde entonces mi vida ha sido la constante búsqueda de esa palabra, de esa metáfora, de esa pasión que narre lo que llega a sentir un enamorado segundos antes de ese primer beso. Ese instante cuando tus pupilas se clavan en los ojos del amante, mientras le sujetas la cintura con tus manos. Sin decir nada».

Y, volví a sentirme frágil, pequeño, a igual que la primera persona que expresó aquel sentimiento, como la primera vez que nos besamos. Y me hubiera gustado encontrarme con él alguna vez, contarle que la poesía es magia, pero su búsqueda no tiene final. Hay cosas que nunca se pueden explicar. Esa sensación, ese instante mágico es simplemente eso: magia.

Y, esta vez sí que no pude evitar que me vieras llorar, y otra vez tu voz susurrándome «no te asustes, pequeñ. Y temblé como eso mismo, como un niño pequeño al entender que hasta los mejores trucos de magia tienen su fin. Que nuestra historia era una quimera que nos mantenía vivos, una pequeña esperanza que hacía nuestro mundo diferente: lo hacía girar.

Y, en aquella cama, tú, la chica, la persona que siempre había sido frágil a los ojos de los demás me sostenías la mano, la ponías encima de tu pecho y decías:
«Tal vez todo sea una quimera. Sé que nuestro amor es efímero, ¿acaso no crees que el miedo no me aterra? También lo hace, pero cuando siento mi corazón latir sé que lo hace por ti y por eso no me preocupo. Siéntelo tú también, estos latidos son los que importan ahora: olvida el resto».

Y nos volvimos a besar, sin importar lo que durara aquel sueño, el miedo no podía detener nuestro mundo: él seguiría girando. ¿Hasta cuándo? Sólo el sabor de tus besos en mis labios era la respuesta. Y eso me encantaba.