La Muerte de Nuestro Amor

Es inútil que busque tu sonrisa
Cuando el dueño de tus lágrimas soy yo.
Nada vale anhelar rozar tus labios
Cuando mi boca, para ti, sólo es espino.

Tu risa, aunque tenue, aún retumba en mi mente
Y tu silencio al verme paraliza mi corazón;
Recuerdo cuando mi mirada tornó tu reflejo serio,
Frente a mí no alzaste ni los ojos, sólo el dolor.

Recuerdo que no respiraste, por miedo.
Temías que pudiera adivinar el dibujo de tus senos,
Bajo tu ropa, recordar el tacto de tus pechos.
Hiciste bien, pero me dolió en el alma.

Sabía que mi sola presencia te dañaba,
No debía seguir allí para hacernos más daño.
Al estar junto a ti sólo borraría los buenos momentos
Que pasamos juntos cuando creí que me amabas.

Ya sólo me quedará soñar con tu sonrisa,
Recrearme en los viejos momentos, en los besos
Que le robamos a la noche, a la mañana, y a la vida.
Para mí me llevaré aquellos que aún le debemos a la muerte.

Los que le debemos a la muerte de nuestro amor.

La estúpida manía de resumir los años

Hasta hace escasos minutos no tenía preparada la entrada de esta semana, y tampoco tenía muy claro cuál sería. Había pensado en algún relato que aún no he llegado a escribir o en esto mismo, en un pequeño resumen de lo que ha sido este año que se acaba igual que hice el año pasado.

Por ahora, 2013 ha sido un año de contrastes, de cambios… Quizás la mayor estabilidad haya estado en el trabajo, donde la rutina ha seguido prácticamente igual que antes, aunque sí es cierto que se han visto pequeños cambios. Algunos compañeros ya no están allí y han llegado otros nuevos. Es innegable que todo es constante cambio.

En mis vacaciones tampoco han existido grandes cambios, volví al Camino de Santiago, por otra ruta, pero tenía claro que necesitaba aquello: desconectar y tiempo para pensar, tiempo para mí. Ya hablé hace un par de meses de aquella experiencia, y aún quedan muchas cosas por recordar, lecciones que compartir e historias por revivir. Fue un Camino distinto, suena raro y quizá no sepa explicarlo, pero sentí menos obligación, disfruté más del momento y pensé menos en el presente y el futuro: Carpe Diem. Fueron varios días donde hice grandes amigos, donde compartí experiencias, y donde me deshice de muchas cosas para poder llevarme otras.

Carpe Diem es también una de las frases que más le he repetido a una amiga en estos meses; tanto para ella, como para mí, como para mi ex, la vida cambió. Dejamos atrás nuestras relaciones de largo tiempo y nos enfrentamos a otro tipo de vida, tal vez al mayor cambio que pudimos vivir en el año. Pero hemos seguido sobreviviendo, avanzando en el juego de la oca y superando molinos. Yo, personalmente, descubrí que sólo fue un cambio de situación pero la relación sigue estando y es lo que agradezco.

Durante el año también he tenido tiempo para viajar, más que ningún otro año en mi vida. No solo por los viajes del trabajo, que estos han seguido ahí e incluso se han alejado de las primeras que conocí, sino por viajes personales. Y, como no podía ser de otra forma, algunos de estos viajes han sido gracias al Camino, y sirvieron para reencontrarme con viejos amigos algunos con los cuales nunca se perdió la relación y otros con los que ésta estuvo algo más fría. Otros han sido gracias a la escritura y han sido reencuentros con sabor a primera vez que se tornaron más allá de la pantalla. Aunque, de todos estos viajes creo que Madrid ha sido mi destino predilecto, porque entre unas cosas y otras he estado por allí cuatro o cinco veces reforzando una amistad que, como digo, comenzó en el Camino, continuó en el tiempo pero en la distancia durante dos años, y ahora volvimos a reencontrarnos en persona.

En esos viajes también hubo tiempo para la propia Andalucía, por fin este año pisé las ocho provincias, en algunas (Almería y Jaén) sólo de pasada por sus carreteras pero en otras me enfrenté a nuevos sueños y retos: molinos. Viajes en soledad, otros en silencio.

Literalmente ha sido un año fructífero, si los tres anteriores estuvieron consolidados por mis libros en este participé junto a Asociación Di-fusión-a2 en un libro que ya vio la luz, La Mirada del Hoy y en la segunda edición de Sexo Oral que la verá pronto. Y uno de los grandes molinos al que me enfrenté a raíz de un viaje andaluz ha sido el volver a recitar en público y acortar mis poemas (este molino aún está por sobrepasar), y empezar a programar nuevas ilusiones…

En resumen, este año que está a punto de dejarnos ha sido un buen año, de cambios pero de crecimiento. Un tiempo donde me enfrenté a miedos, donde he superado molinos, y donde creo que soy feliz. Ahora, para estos meses que entran se presentan nuevos retos e ilusiones, así que solo resta encontrar la ilusión y la fuerza necesaria para poder enfrentarlos sin miedo, “porque el reto no está en poder ganar al gigante, sino en poder superar el miedo a enfrentarse con él”: Carpe Diem.

¿Cuál es el precio de un sueño?

Él estaba sentado en su estudio como todos los días en sus últimos diez años. Por su trabajo tenía la suerte de poder hacerlo desde casa, fue lo que él siempre había soñado: un trabajo cómodo y con ordenadores: un trabajo de hombres. Era el encargado de supervisar los programas ofimáticos de la empresa, responder a los mails, y si se diese el caso reparar la página web, poco más. Su productividad era algo que le importaba poco, es más ni siquiera sabía si su función en aquella empresa era rentable o si sería mejor para ella externalizarlo.

Daba igual que no fuese el trabajador más productivo, era la empresa de su padre y no sería despedido, y mucho menos ahora que se casaba dentro de pocos meses con el prototipo de mujer que tanto había ansiado su padre: de buena familia, tan buena como la del subdirector general de una gran empresa con la que colaboraban, con la carrera de Filología Inglesa –una carrera de chicas– y con un pasado irrefutable. El resto le daba igual al padre: si era más o menos agraciada, o si era mejor o peor persona, si su hijo quería o no, e incluso si llegaban a amarse. Sólo le importaba aquellos cánones y que le dieran un hijo. Por eso, sus padres concertaron el matrimonio por los dos.

Para él no era su prototipo de mujer, ni de nada. Nunca sintió amor, es más, jamás sintió nada por ella más allá de la indiferencia pero tenía que ocultarlo con la máscara del amor… Estaba atrapado en una mentira de la que no podría salir. Eran tan distintos que ni siquiera coincidían en la hora de comer, de vez en cuando pasaban algunas temporadas viviendo juntos, y siempre habían almorzado por separado, cada uno a su hora como si coincidir en la mesa fuese algo imposible, como si en la mesa para reuniones familiares sólo cupiera una persona en aquellos momentos.

Sin embargo se iban a casar. En pocos meses firmarían un papel y unos votos que les mantendrían unidos hasta que la muerte los separase, porque para sus padres no existía el divorcio, para su padre la chica era perfecta. No obstante, para él sólo la idea de estar amarrado en un matrimonio sin amor era peor que la muerte, pero no lo sabía nadie: ni siquiera su hermano. Realmente su hermano nunca fue su “cajón de secretos” pero era el causante, al menos en cierto grado de que él estuviera hecho un mar de dudas y le apeteciera escapar de todo aquello.

La causa de las dudas era la amiga de su hermano. Tal vez si aquella chica nunca se hubiera presentado en su vida quizás él sentiría ahora algo por la que en el futuro sería su esposa, quizás habría podido llegar a sentir algo.

La amiga del hermano era una chica rubia con los ojos azules y un cuerpo perfecto: todo lo que él siempre había soñado, lo que nunca imaginó que existiría hasta que la vio en su casa, pero ella… Ella era demasiado para un chico tan simple como él, y encima su padre no se lo permitiría. Por todo eso jamás se atrevió a decirle nada, sólo el saludo alguna vez que le abrió la puerta de casa. Para colmo de males era bastante mayor y seguramente no querría estar con un niño como Felipe. Si todo eso fuese poco para destruir por completo sus sueños respecto a Alexa, no sabía si entre ella y su hermano había alguna relación más allá de la amistad.

Un día, mientras se dirigía al baño, se encontró a Alexa por los pasillos de su casa, no sabía que estaba allí, de saberlo no habría salido fuera. Se encontraron uno frente al otro, y él quedó mudo. Estaba como siempre: magnífica, con su mirada angelical y su cabello dorado… para él siempre fue una diosa imposible de alcanzar, su deseo más profundo, su quimera… Pero aquella tarde todo cambiaría y no sólo entre ellos dos porque aquel beso fue mucho más que eso: fue el romper con las convenciones de su familia y cumplir un sueño: su único sueño.

Ella se acercó en aquel pasillo, por primera vez en su vida Felipe estaba seguro de las intenciones de Alexa y sabía que le besaría, pero no sentía miedo por aquello. Se acercó a ella y se besaron, un extraño escalofrío recorrió su cuerpo, sentía una dudosa mezcla de realización y de castigo: por un lado había culminado su deseo pero por el otro le había sido infiel a su pareja, que no amaba, pero que era su futura esposa. Alexa se lo dijo al oído:

Lo que hacemos no está bien, pero lo necesito. Si hubieras renunciado a mi boca mis labios te hubiesen seguido hasta encontrar los tuyos. Necesitaba de tu sabor, cometer esta locura que quizás nos atormente por siempre.

Miradas Cómplices

Miró el reloj eran las seis y veinte. La conferencia empezaba a las siete, y él vivía cerca de la universidad, a menos de diez minutos: tenía todo el tiempo del mundo; aún así decidió salir en aquel momento. Había estado estudiando desde las tres y media, ya estaba cansado: era abril y los exámenes finales aún quedaban muy lejos. Por eso cuando días atrás en los pasillos de su facultad vio que había una conferencia y estaba el nombre de ella no lo dudó ni un segundo y lo apuntó todo: necesitaba verla.Estaba nervioso, tenía miedo, sudaba más de lo normal y su mente sólo se hacía preguntas que no podía responderse: “¿La vería a ella realmente? Y si era así, ¿Qué haría cuando lo hiciera? ¿Le diría él algo? ¿O se lo diría ella? ¿O ni siquiera le reconocería?”. Ella era su amor platónico desde la primera vez que la vio y hablaron, por casualidad, en los pasillos de aquella facultad. Ella había sido contratada como profesora adjunta al Departamento de Estudios Árabes hacía un par de años y cuando llegó estaba perdida. Le preguntó cómo llegar a la zona de los departamentos, y él amablemente se ofreció a acompañarla. Por el camino ella le contó algo sobre su trabajo en la facultad, pero no les dio tiempo a hablar mucho: el camino era corto.

Su amor era platónico porque nunca intentó pasar más allá de simples conversaciones entre los dos por miedo a lo que dirían los demás, aunque por dentro su corazón se consumía por no besarla. Él imaginó que ella sería diez o doce años mayor y eso sería crítica por parte de sus compañeros de clase: además, posiblemente ella ya tuviera su vida resuelta y no estaría dispuesta a perderla por un chaval de veintipocos años.

Cuando llegó a la facultad no había demasiada gente. Era normal aún faltaba media hora para la conferencia y de todas formas no habría mucha gente, era por la tarde: la mayoría de los alumnos estarían en clase o serían de turno de mañana y no tenían por qué ir a aquella conferencia. Gracias a eso pudo sentarse cerca de la tarima. Sería un buen lugar para que ella se fijase en él, para que lo mirase, y quizás volver a hablarle tras tanto tiempo y tras aquella conversación que podría decirse no fue de las que marcaron época. Claro eso siempre que se acordase de él, algo difícil: había pasado demasiado tiempo, medio año sin volver a verse desde aquella vez.

Inmerso en aquellos pensamientos no pudo notar que la sala se había llenado de gente, en contra de sus perspectivas. Y ella había pasado por su lado sin que ninguno de los dos se percatara de la existencia del otro, o no quisiera admitir que estaba allí el otro.

El balbuceo de la gente llegó a ser tan insoportable que le impidió seguir concentrado en sus pensamientos. Miró el reloj y eran las siete y diez; “Ya debería haber empezado, se están retrasando”, pensó. Y acto seguido como si le hubieran leído la mente, empezaron a sentarse los ponentes en la mesa y ella desde la tarima comenzó a presentar la conferencia anunciando al resto de acompañantes y haciendo un breve resumen de los temas a tratar. Pero él no podía enterarse, no le importaba. Sólo quería verla a ella.

Si fuera posible estaba más bella de lo que recordaba: aquel pantalón negro, y aquella blusa roja la hacían parecer una diosa. La blusa, tenía un escote que insinuaba mucho más de lo que llegaba a enseñar, tal vez eso sería una señal para decirle que estaba casada, y sentía pudor; o quizás sólo sería un juego de mujeres. Ese escote le dibujaba los senos de una forma espectacular, los mismos pechos que tantas noches de sueño le habían quitado. Y encima de esos pechos su cuello de cisne y su dulce rostro, todo en ella era perfecto para amarla.

Sus ojos castaños similares a dos luceros se hacían uno con el color de su pelo, el cual, intencionadamente, sombreaba parte de su cara. Esos ojos eran con los que soñaba cruzar una mirada y transformarla en sonrisa para devolvérsela a través del viento hasta su boca, y tal vez con la magia de aquel gesto, transmutar la sonrisa en palabras, y las palabras en amor. Pero aquellos ojos no cruzaron miradas. Él creyó que ella lo esquivaba pero era difícil saberlo con seguridad: había demasiada gente como para fijarse en alguien y estaba demasiado nerviosa para pensar en él. Pero, el principal motivo posiblemente sería que no lo recordaría.

Fueron los aplausos los que le volvieron a traer del mundo de sus pensamientos para decirle que la conferencia había salido bien. Él aplaudió como el resto, y tras unos segundos de cortesía se fue. ¿Realmente salió todo bien? ¿O sólo fue la conferencia? Porque aquel chico al acabar la conferencia se fue de allí triste, muy triste: habían estado a escasos metros, él la había mirado a los ojos, había intentado sonreírle, pero ella no se había inmutado… Aquel chico perdió la ilusión del amor por una mirada cómplice que nunca se dio.

Pero cuando estaba saliendo por la puerta del Aula Magna de la facultad, ella dijo si alguien quería hacer alguna pregunta a los conferenciantes. Él se giró y volvió a sentarse en su sitio allí cerca de la tarima. Mientras, un compañero hizo una pregunta que él no logró entender, cuando la respondieron le tocó el turno a él. Alzó la mano y ella le miró y le dio la palabra. Sin embargo, ni en los ojos ni en las bocas de ellos podían verse alguna expresión. Conservando esa imperturbabilidad le preguntó: “¿Tiene usted pareja?”, y se sentó en su sitio a esperar la respuesta mientras el resto del auditorio se quedó tan atónito como ella.

Tras unos segundos, para él horas de silencio, ella se atrevió a contestarle bajo la mirada acusatoria del resto de acompañantes. Él si sabía el nombre de ella, Rosa, pero ella no sabía el suyo, así que sólo le dijo:
–“Lo siento chico, no hablo de mi vida privada en estos lugares, pero te diré que sí, estoy casada, aunque no tenga nada que ver con el tema de la conferencia. Y ahora, ¿alguna pregunta seria?”.
Él sólo se fue de allí con la cabeza agachada.

Libre

Tanto tiempo a tu lado, tantas tierras visitadas
Hacías que ser libre pareciera tan fácil… que te creí.
Mas ahora la libertad son sólo unos barrotes,
Ni siquiera de oro o plata, sólo son vil realidad:
Jaula ínfima y angosta iluminada por una pantalla.Me enseñaste a volar, y me sentí como en un sueño,
Tan alto, tan veloz y tan ágil que no pude recordar
La corbata, que cada mañana, aprieta mi cuello.Quizás nos equivocamos, quizás lo hice todo mal,
Tal vez no estuvo bien arriesgar, tal vez no debí soñar.

La chaqueta, en cada visita, apresa mi alma más.
La poesía sólo fue un sueño abandonado por la economía.
Con Ella no podría vivir, la segunda plato caliente aseguró
mas… no sólo de pan vive el hombre: también necesita libros.

Luchar por Tus Sueños

Igual que ese árbol que el tiempo secó,
y sus hojas muertas el viento barrió,
así queda el alma cuando se pierde la ilusión.
¿De qué sirve entonces correr hasta el fin?
{Piel de Serpiente; Sueños perdidos}

La vida consiste en luchar y elegir: no puedes tenerlo todo.
Si eliges luchar por tu futuro, dejarás atrás los sueños;
Si decides luchar por los sueños, dejarás atrás la realidad.

Si luchas por tu futuro dejarás atrás los sueños.
La certeza de un buen trabajo y una buena vida es maravilloso.
Siempre que para conseguirlo no hayas renunciado a todo.

Si luchas por tus sueños dejarás atrás la realidad.
Pero la vida sin sueños no es nada, ni siquiera existencia,
De nada sirve un futuro si no tienes con qué pintarlo.

La vida siempre es difícil de llevar:
Cientos de caminos se prestan ante tus ojos,
Miles de decisiones deberás tomar sin saber.
En muchas de ellas errarás, te equivocarás,
Tendrás que sufrir su peso toda tu vida, todos tus días.

Quizás te equivoques, quizás lo hagas todo mal,
Tal vez no está bien arriesgar, tal vez no es bueno soñar
Pero si no lo haces, si jamás luchas por un sueño,
Nunca serás feliz, nunca estarás vivo y nunca serás tú.

Debes luchar por tus sueños, has de creer en ellos.
Te dirán que es una locura, pero ellos no saben nada,
Te dirán que has cometido un error, ellos no saben nada.
Nunca harás lo que tú quieres si escuchas a los demás.

En el camino hacia tus sueños, en la lucha
Puede ocurrir que hagas las cosas sin pensar,
Que ese error te persiga toda la vida… Da igual,
Hiciste lo correcto al arriesgarlo todo por algo que lo merecía.

Lo más importante de la vida son nuestros sueños,
Lo más importante de la vida son nuestros anhelos.

Lo más importante de la vida es… luchar por ellos.

Jugando a ser Dios

En su habitación tecleaba insaciablemente las teclas de su viejo ordenador, y en la pantalla aquellas letras iban contando la historia de alguien. Esa persona que nunca existió. Ésa que nunca respiro más allá de un soplo de tinta virtual. Aquella que jamás le amó. Aquella que sólo tenía la conciencia que otro Ser había dispuesto para ella. Pero sin embargo su único amigo, su vía de escape, su forma de volar.En la soledad del día, cuando el resto de las personas trabajaban él vivía esa historia, se convertía en su propio protagonista: respiraba, adquiría conciencia. Amaba; le amaban.Aquel personaje era su único amigo, y a la vez su alter ego pero en el fondo alguien que no existía. Desde las paredes de tu habitación, con sólo una tenue luz en el techo, y la claridad de la pantalla de tu ordenador no puedes vivir demasiadas aventuras, pero sí hay personas que pueden vivir por ti, puedes otorgarle tus sueños, tus metas, hacer que luchen por lo que tú no eres capaz, o entregarse al amor que tú dejaste escapar.

En los últimos años apenas había vivido su vida, se había centrado en otros mundos: los literarios. Tanto propios, como de otros grandes autores consagrados y otros aún desconocidos. Pero era allí donde se sentía Dios. Había crecido entre libros, y siempre disfrutó con la narrativa, con el poder que tienen los autores sobre sus creaciones. Autores que, a veces, resultan demasiado benévolos con sus personajes, autores que les hacen sufrir por amor, y otros que impiden nunca alcancen su objetivo, ése tesoro que buscan; incluso otros que sólo nos han de contar la historia de esos seres. ¿Por qué actúan como actúan? Por qué… Todos ellos eran Dioses de sus pequeños mundos, y él también quería sentir esa sensación.

Sin embargo, aquel juego se le había escapado de las manos.

Incluso ni Dios, de existir, puede ser omnipresente en todo el Universo; él sí quería serlo: omnipresente. Ése sería su adjetivo. Quería saber a cada instante lo que pensaban sus personajes, lo que pasaba por sus mentes. Qué harían cuando estaba durmiendo, o cuándo estaba escribiendo sobre otros personajes, ¿de verdad era dueño de su creación? ¿Y si no lo era? ¿Su personaje estaría de acuerdo con él? ¿Actuaría como el disponía? ¿Estaría motivado, sin sus dictados, para llegar a alcanzar sus fines?

Quería entregarle sus sueños a su creación, pero debía estar seguro que ella quería recibirlos. Y por eso se pasaba las horas en la habitación, escribiendo y borrando casi cada frase que escribía. El personaje debía sentir como él, pero no podía ser él. Tenían que luchar por las mismas metas, conseguir que todo aquello pareciera natural, pero tenía que ser artificial: sólo una salida para que a su creación no le diese tiempo a cambiar de idea.

A veces, incluso, se iba al principio de su trabajo, a las primeras páginas de aquella novela que estaba escribiendo sin descanso. Buscaba alguna coma, alguna palabra que no hubiese escrito él, que no recordara haber escrito y que cambiara por completo el rumbo de su historia. Siempre las encontraba. Esas palabras, esos signos de puntuación para él lo habían escrito sus personajes cuando estaba durmiendo, cuando no era el señor de ellos. Su desesperación iba en aumento. ¿Cómo iba a poder convencer a alguien de aquellos caminos que seguían sus personajes si ni él los comprendía? ¿Cómo convencerte que no era él pero a la vez sí lo era?

Carpe Diem, III

Mas al otro lado de la moneda todo es distinto. Nadia sí recuerda muy bien todo lo que pasó la noche anterior, sí recuerda que le dijo que no podía besar a Fernando y que éste la besó, la acompañó hasta el taxi y le pidió su número de móvil para volver a verse algún día, aunque no está segura de querer hacerlo. No puede romper una pareja. Fernando le gusta, pero no puede hacer algo que no quiere que le hagan a ella.Aún recuerda cómo se enteró que estaba comprometido, fue hace cuatro semanas, coincidieron desayunando; se fijó en la mano de Fernando, tenía una alianza, asustada y un poco decepcionada, le preguntó si estaba casado. Le dijo que aún no. Él devolvió la pregunta, y Nadia sólo dijo que estaba soltera.

Antes de anochecer José llegó a su casa y se encontró a Fernando viendo la televisión, tomaron un par de cervezas y hablaron sobre lo que pasó la noche anterior. Antes de que se fuera, José le dijo a Fernando:
–No se puede amar a un espejismo. A Nadia sólo la conoces desde hace unas semanas, apenas has hablado con ella, no es tiempo suficiente para conocer a alguien y amarla. Entiéndelo. No puedes echar toda tu vida por alto.

Al tiempo, Fernando llamó a Nadia. Quedaron para cenar, hablaron de lo que sucedió:

–Siento mucho si lo que hice te pudo molestar, de verdad. Sólo quiero que sepas dos cosas -dijo Fernando-. Cuando te pedí el beso no fue un capricho, si lo hice era porque lo sentía y lo necesitaba en ese momento; es más, lo volvería a hacer.
–¿Y lo segundo?
–Lo segundo es que has sido la primera mujer a la que he besado desde que estoy con mi novia, nunca creí en las infidelidades ni lo entendí hasta que te conocí. Jamás lo había hecho antes, y sé que jamás lo volveré a hacer.
–No te entiendo, ¿por qué lo arriesgas todo por mí? Jamás pensé que podría interesarte. Me dejaste en blanco.
–Lo sé y lo siento, pero… carpe diem, sólo vivimos una vez. Y no creo que hiciera daño a nadie.
–Quizás sí le hiciste daño a tu chica…
-repuso Nadia, Fernando calló durante unos segundos.

Le explicó que su novia ya no le hacía feliz, vivir con ella era como leer una novela: el protagonista no puede salir de los renglones que el autor dispuso para él. Su vida estaba escrita, y aquella noche quiso ser su propio señor. Por momentos ella llegaba a entenderlo, fueron abriendo aún más sus almas y dándose cuenta que aquello podría funcionar, Nadia ya no tenía miedo ni le importaba compartir cosas con Fernando. Y a Fernando cada vez le gustaba más y se acordaba menos de su novia.

Volvieron a algún pub, no les importaba el nombre, sólo querían estar juntos y seguir hablando sobre ellos. Conocerse más, en palabras de José: “necesitaba que Nadia dejara de ser un espejismo para él”.

Pero, por primera vez en toda la noche Fernando empezaba a tener miedo, se daba cuenta que todo podía ser perfecto junto a ella, y de hecho, aquella noche lo fue. Ella le habló de sus ilusiones de convertirse en una gran artista, de los trabajos para pagar sus sueños. Él sólo podía admirarla cada vez más; pero cuando Nadia preguntó si él tenía sueños, sólo pudo callar y decirle que algún día se los contaría. Nadia no se atrevió a volver a preguntar por su ex novia, ni por sus sueños, no quería hacerle sentir mal pues como alguien dijo: “suprimid la mentira, y habréis hecho imposibles las relaciones sociales”. Pensó que aquella noche él podría ser para ella, era soltero y soñador.

Sólo unas horas antes de que cerrasen el pub, Nadia dio otro paso hacia delante, aunque sin definir ningún camino –o eso temió Fernando–.
–¿Quieres hacer algo más? ¿Quizás tomar otra copa? -preguntó ella.
–No, por mí está bien.
–Bueno, pues… nos vamos ya, y mañana será otro día, ¿no?

Fernando no podía dejar que todo acabara así, no quería perderla para siempre ahora que estaba a conocerla más allá de sus ojos azules. Le dio otro beso, esta vez, sin preguntar nada, no hacía falta. Se fusionaron en aquel beso sin final, Nadia le cogió de la mano y lo arrastró hasta su casa. Allí pasó lo que el destino dejó que pasara entre los dos. Cuando Fernando miraba al azul infinito de la mirada de Nadia sólo podía pensar en una frase: Carpe Diem.

Carpe Diem, quizás algunos espejismos se tornan realidad cuando despiertan los sueños.