Luz en La Oscuridad

Te ayudaré a recuperar la ilusión que perdiste al pensar
que a ti nunca te ocurrirá, aprende a observar…
{Mirada de Ángel}

Tras aquella reunión familiar se sentaron a hablar, lejos de todos y de todo, necesitaban hacer un poco de tiempo. Su pareja tardaría en llegar y a él no le esperaba nadie, pero las reuniones familiares son tan copiosas como las comidas que las acompañan, a veces algo más. Quizás sea esa extraña confianza que se da entre primos lejanos cuando se sienten tan fuera de lugar que sólo buscan hablar un poco de sus vidas para acercarse y romper, eliminar el mutismo de los silencios incómodos.

Durante la comida no hubo tiempo de nada, tantas voces acaparando la atención, el tiempo y el aire donde se transmite el sonido. Tantos progresos, proyectos de futuro y buenos momentos que recordar… tanta hipocresía que a nadie le importa realmente cómo le va al otro tan sólo estar por encima de él, demostrar que tu vida es la mejor, que has alcanzado más metas y cumplido más sueños que la otra parte.

Pero en la calle, entre ambos, nada importaban los triunfos de la vida. Todos hemos triunfado más o menos, y en cierto modo se siente empatía por los logros de la otra persona, pero el cariz con el que miras cambia cuando avanzas en la conversación, cuando esa persona se abre un poco más y delata que no todo va tan bien como lo presentaron horas antes en la comida, que el último cambio de su trabajo tal vez no fuese a mejor, quizás implicaría renunciar a cosas pero que realmente no había tantas alternativas, o quizá la nueva oficina sí fuese la chispa que buscaba en su vida pero no de la forma que deseaba.

Podía que hiciera frío en la calle, pero no les importaba. Estaban cómodos, charlando. Ella tenía un poco de miedo, o eso fue lo que a él le llegó. Aún estaba en el proceso de adaptación, pero le estaba robando demasiado –él aún no podía imaginar cuánto realmente–. Siempre sacrificas unas cosas por otras, eran conscientes de eso. En una de aquellas dos cabezas, no importa en cual, resonaba aquella frase de algún autor de Europa del Este: “Ahora es el momento de hacer lo que más quieres. No esperes al lunes, ni esperes a mañana”. Esa persona no sabe bien quién fue el autor, ni lo que hizo en la vida, ni que realmente es un poeta argentino, y mucho menos si el autor ha actuado siempre acorde a sus palabras.

En un momento, cuando la complicidad se sentó entre ambos, cuando él también compartió parte de su historia ella dijo que hacía mucho tiempo que no sentía ilusión por el día a día, que la motivación de hacer algo había desaparecido: apatía y grisicitudes se confundían en su vida. Él apenas calló, pero se derrumbó por dentro. Era extraño, el sentimiento que se presentaba en su corazón en ese momento; nada le obligaba a empatizar con ella, pero lo hizo. Es más, sabía muy bien que él no sería quién la rescatara de aquella actitud… no era su fin ni la intención de su prima. Simplemente se desahogaban.

La vida es caprichosa, se mueve rápido y cambia. En la última comida familiar sus papeles tal vez se habrían tornado: ella mejor, él peor. Pero no se comunicaron, no tuvieron la “suerte” de sentirse vacíos, de sentir la falta y acercarse. Ahora él estaba pensando ¿acaso podía hacer algo? Colorear una vida no es tan fácil como coger unas acuarelas… estas pueden adornar un tiempo pero el agua las borra o el sol se las come. Se necesitan cambios estructurales y coyunturales, pero cuando apenas queda tiempo para vivir el soñar es un lujo inalcanzable.

Quería hacer algo pero tenía miedo. Consciente de que no era su lugar, tal vez su pareja la pudiera ayudar, o tal vez viera mal que él se intercalara en una zona que no le correspondía. Volvió a mutar y no le dijo qué haces el sábado: te llevo de ruta por alguna ciudad. Tampoco le dijo, te llevo a cenar el miércoles, y no te preocupes por nada, déjame a mí. Y mucho menos, regálame una noche, quiero verte sonreír, recuperar la ilusión.

Simplemente llegó la hora y se despidieron con dos besos, tal vez de los primeros que se daban, en las comidas familiares se dan muchos besos vacíos y al final los importantes nunca llegaban a darse sólo quedaba en una mirada, o un escueto “¿qué haces?”, “aquí estamos”. Pero en su mente, en la de él, quedaba la idea que en la próxima reunión sí le propondría algún plan, en el fondo él también estaba solo.

Leer

Me es imposible leer tus sentimientos
cuando sólo me hablan tus ojos
si delante de los míos las lágrimas son la lente.

El Juego de lo Imposible

La suerte es estar en el lugar correcto en el momento adecuado; yo estaba en el punto incorrecto en el tiempo erróneo.

Desde el principio sabía todo aquello imposible: me puse una venda en los ojos. Doble función: no vislumbrarme con su belleza y no sufrir más por lo imposible. ¿Ser el amante de alguien? ¿Ser una vía de escape? ¿Saber esa persona nunca será mía, y aun así enamorarme? Todo eso podía pasarme a mí, simple mortal que había de soportar demasiados parches para, mí ya, maltrecho corazón y aun así seguía librando aquella batalla feroz, sin esperanza a ganar.

Sé que algo signifiqué –anhelo significar aún– para la dueña de mis besos prohibidos. Quizás yo sólo sea la chispa haga explotar esta reacción, pero no formaré parte de ella. Distintos elementos químicos que se mezclan y transmutan por el calor, mas en el resultado no entra el oxígeno que hizo convertirlos. Y cuando pasa el tiempo, ¿hay alguien recuerde la llama? Creo, ni ella misma: se consumió. Entonces, ¿mereció la pena? No lo sé. Sin ella -sin mí- nada habría sido, y esos reactivos no habrían podido reaccionar.

¿Quién soy yo? ¿Qué puedo pedirle? ¿A qué puedo aspirar? ¿Qué consigo al soñar? ¿Nadie. Nada. A caer. Dolor. No entendí por qué me dejaste volver a soñar…

Pienso en ella, y me hago daño al saberlo imposible: enamorarme de ella fue fácil. El problema estuvo en seguir adelante. Me repito mil veces no volver a caer en su juego. Ése que quiero creer lo hará sin maldad. Ése que sé tan bien las reglas que no debería dañarme. Pero no puedo pensar en otra cosa no sea ella. Me rompo por dentro. Necesito evitarlo, huir de este dolor que me produzco yo solo al caer una en una en todas las trampas del juego que nos alejan y acercan. ¿Que lo dejara todo por mí? ¿Qué, a pesar de nuestros besos fugitivos, algún día acabáramos juntos? Eso era más difícil. Esas cosas sólo suceden en las películas: la realidad duele.

Y entonces, ¿por qué sigo haciéndolo? No lo sé. No sé nada. ¿La venda? No sirvió. Ella sigue estando ahí, como el dolor. Mas es hablar con ella y dejo a un lado el dolor. Pero sé éste sólo retrocede a tomar fuerza: lo olvido y la veo a ella. Empiezo a vivir en la tangente de la realidad. Tangente que nunca será mi futuro, sino una evasión a su vida, un puñal desintencionado a la mía que me dice todo o nada. Alas y libertad a un sueño, a una realidad que ataca y me derrumba en los silencios, en los momentos no compartidos vividos con otro, el que la disfrutará.

Y duele tanto porque el amor es tan grande, que aún a pesar de disfrutar de sus besos me duele. Porque sé no disfrutaré siempre de ellos, es más, ni siquiera ahora puedo hacerlo cuando lo deseo: hay que escapar del reloj, de los ojos avizores que espían, de su amante… porque yo, sólo soy el amante. Por eso, he de dejar de insistir, he de dejar de hacerme daño: todo esto vivo ahora es maravilloso. Aunque no quiero vivir engrupido con algo nunca será: no quiero mentir a nadie: ni a ella, ni a él, ni a mí.

Sí, lo daría todo por intentarlo, por estar a su lado, pero somos tan distintos y es tan imposible que ¿de qué serviría? Al final sólo soy un punto de apoyo, quizás la chispa haga explotar esta reacción pero no parte de ella… la chispa que desea inmolarse en la combustión de su amor.

Recuerda Que La Rosa

Una rosa he de buscar para vos.
Bajaré a El Jardín de La Niebla
Y surcaré sus tierras, palideceré su bruma,
Encontraré mi alma, encontraré tu aura.

El paisaje es tan desolador como mi soledad,
Apenas logro entender que aquí yazca una flor.
El territorio que alcanzo divisar frente a mis ojos
No concuerda con el que mi piel siente…

Sólo arena: la cálida arena del infierno me rodea,
Mas mi alma siente un frío inaudito, como en Siberia.
Vago sin andar, camino sin avanzar,
Miro sin ver, y allá está ella: Mi Rosa, Tu Rosa.

Rosa Negra frágil y quebrada cual cristal puro,
En mis manos pude reunir sus trozos,
En mis dedos, clavarme sus espinas envenenadas.

Derramar mi sangre sobre los pétalos quemados de frío,
Mis lágrimas sobre las heridas de las espinas,
Y mi vida en esa rosa negra, ya tornada color fuego.

Mi cuerpo morará en este triste frío Jardín de La Niebla,
Mas mi alma presta y rauda, otorgará la rosa de mi muerte
A tu cuerpo, para que vos, me recordéis.