Hoy, te he vuelto a recordar

Recordar es sencillo, el problema está en hacerlo sin levantar la esencia de lo que un día significó aquel instante, el recuerdo del sentimiento. Eso es lo difícil, lo que realmente cuesta: tragarse las lágrimas, dejar solo el momento sin más adornos, sintetizado, sin corazón… sin posibilidades (como realmente fue, distinto de lo vivido). Eso es algo que aún hoy, a pesar de haber pasado tantos meses, no he logrado aprender a hacer y por eso duele más.

Me prometí muchas veces no volver a dejar que la melancolía se adueñara de mi alma, de las emociones que recorrían mi piel, pero, para mí, autoprometerme algo es tan absurdo como no realizar ninguna promesa. Y hacerla frente a una tercera persona no tiene ningún sentido, pues, si no logro cumplirla conmigo ¿qué sentido tiene el jurar a alguien que lo haré? Y sobre todo, ¿qué le importa a ella qué haga o deje de hacer?

¿Y qué tenía nadie que ver con mis problemas? El verdadero problema siempre es del amante, nunca del amado, ni mucho menos de aquellos que ni siquiera forman parte de ese sentimiento.

Morir por Dentro

Aún te recuerdo como si fueses un sueño,
Inalcanzable como el recuerdo de tu mirada.
Tu cuerpo me asalta por las noches cuando sé
Que ya nunca podré poseerte, que nunca seré tuyo.

Se Equivocaron

Esperaré a que duerman los niños,
para dejar que el cadáver de mi fracaso
flote en la superficie.
{Maram al-Masri}

Ninfa - Sara Guerrero

Mis musas murieron en un camino hacia la nada,
Creyeron que yo era el poeta necesario para hacerlas volar.
Se equivocaron.

Emprendí un camino a ninguna parte, el camino de las estrellas.
Buscando esas musas que hace tiempo marcharon,
Una senda en mi interior.
Me equivoqué.

No se puede recuperar aquello que se dejó ir.

 

——–
 

Estos pensamientos fueron escritos durante el verano del 2011, realizando el Camino de Santiago. Buscaba mis musas como único objetivo, pero de repente, un día, comprendí que allí no las encontraría, allí debía vivir el momento, la inspiración llegaría después, sin buscarla.

Nunca es fácil vivir

Y la soledad volverá a disputarse ese lugar que por un momento tuvo que abandonar. Aquellas palabras resonaban en su mente, le martilleaban: era un simple canción pero era su realidad desde que terminaba su trabajo hasta que volvía a él al, con suerte, día siguiente, en el peor de los casos dos días de distancia.Su rutina era sencilla. Despertar siempre antes de que sonara el despertador, elegir traje: indiferencia o apatía. Y tenía suerte, también podía elegir una máscara que le acompañara, y ocultara las ojeras: felicidad o éxito. En su rutina debía aparentar que todo le iba bien y que nada le importaba. Entendió que al final, el secreto está en sobrevivir y hacer como si realmente estuvieses viviendo.

Hablaba poco, siempre fue de palabras escuetas, y aunque ello podría parecer que le retraería más en sí mismo no era así. Trabajando no tenía tiempo que dedicar a la soledad, ni a los recuerdos. Alguien escribió una vez que el peso de los recuerdos nunca es el mismo para todos, pero le faltó añadir que ni siquiera lo es para nosotros en distintos lugares. En su pequeño habitáculo de la oficina sólo tenía tiempo para pensar en lo retrasado que iban en el trabajo o en las nuevas exigencias de los viejos y nuevos clientes: no quedaba espacio para nada más. Pero al finalizar, siempre con horas extras, volvía al habitáculo de su soledad.

Seguía su rutina, una rutina de la que se creía, y se sabía, imposible de salir o romper. Nunca es fácil vivir, vivir no es fácil, pero, ¿realmente era más difícil que para el resto del mundo? Nadie puede saber las cargas de otra persona, ni cómo le afectan y aún menos si usan máscaras. Por eso, tras quitárselas los recuerdos volvían a atormentarle. Eran unas pocas horas, intentaba huir de ellas con música (y la soledad volverá a disputarse ese lugar que por un momento tuvo que abandonar) o con la televisión. A veces lo conseguía hasta que el sueño llegaba y le indicaba que era hora de apagar las luces y dejar que mañana al despertar todo volviese a ser un simple sueño donde perderse y huir: pero nunca ocurría.

Conseguía callar su mente durante unos minutos, los suficientes para dejarle dormir pero no los bastantes para darle la oportunidad de soñar con algo más, con algo distinto… la oportunidad de evitar sus propias pesadillas. Huir de la rutina que se ha producido en su vida, evitar las ojeras que la máscara de la felicidad oculta cada mañana.

Sabía muy bien que el problema y el origen de aquellas pesadillas estaba en las expectativas, recuerdos que sólo habían existido en su mente y que le hacían feliz al imaginarlos, pero que jamás se harían realidad. Los había alcanzado con sus manos en el mundo onírico que todos viven despiertos y ahora les destrozaban las noches con una sonrisa fantasmal y sólo de pensarlo le entraban ganas de llorar. Sabía jamás se cumplirán y al despertar ya no quedaban más lágrimas que derramar sólo algunas horas hasta que sonara el despertador para seguir en esa lucha infinita entre la razón y el dolor. Entre olvidar todo o seguir ahí sufriendo: sobreviviendo en esa batalla ya perdida que siempre supo no podría vencer.

Pero quedan pocos minutos para enfundarse en el traje y la máscara, está apunto de sonar el despertador: un día más para entregarlo todo a cambio de nada y perder, y soñar ante de que lleguen las pesadillas que aún se puede huir y empezar a vivir por difícil que sea.

Reencuentro

¿Quién fuera aquel que contemplara tu linda cara?
El tiempo acorta la distancia, es mi esperanza la que gana
quisiera poder besarte, cierra tus ojos y sígueme.
{Saurom, ‘El Cristal’}

Preciosa, quisiera hacer algo para sorprenderte,
Entregar otra parte de mi alma sólo para ti y
Devolverte todo aquello que depositas en mí
Porque sueño con el día en el que al despertar vuelva ver tu sonrisa.
La misma que busco en la noche entre mis sábanas, ingenuo de mí,
Que no entiendo lo lejos que queda: en los recuerdos.

Es… fue sencillo sentir tu hechizo,
Dejarme fluir sobre tus palabras y entre tus brazos
Perderme, y cobijarme en ti. Fundirnos
En un solo cuerpo al calor de la ilusión.

El abismo nos separa, mas yo, un simple poeta,
Sueño con tornarme agua
Para recorrer los poros de tu piel.
Vivir en tu cuerpo, sobre tu pecho, junto a tus labios.

Desearía esquivar barreras, cogerte de la mano y
Descubrir con besos tu espalda, mimar tu hada,
Y acariciar la tinta que camina en tu cintura.
Mantenerte a mi lado, acariciarte, abrazarte
Y besarte.

Reminiscencias en un Presente que Fueron el Futuro del Ayer

Recuerdo que cuando aún tenía el viejo blog, de El Rincón de Los Vencidos, ya hice una pequeña entrada resumen, pero ahora con el paso del tiempo (e incluso en aquel entonces) quedó bastante penosa. Es curioso como, la mayoría de nosotros nos aferramos al pasado, a esos recuerdos que en el fondo, maquillamos para hacerlos menos dolorosos o más emotivos.

El 2012 empezó con bastante buen pie para mí, tan bien como se había despedido el año anterior. Estaba inmerso en el proceso final del Tawq al-Uahda. Y, para la primera parte de la navidad había recibido el prólogo de Paloma; en la segunda parte de la misma le tocó el turno a las colaboraciones sobre el propio Camino que están incluidas en el libro, y una pequeña sorpresa que llegaría días después de otra colaboración que surgió por casualidad.

Enero fue un buen mes, y no puedo olvidar que también fue cuando vi por primera vez a Aldebarán en concierto, repetí con Alhandal (aunque la primera vez que los vi aún fuesen TYR), y para completar la terna en aquel concierto Anámnesis: los mismos que reza el subtítulo de la web: “Son los recuerdos los que dictan qué es importante”. Días después, ya en el mes de febrero cumplí dos aniversarios importantes para cualquiera, hacía un año que estaba trabajando en la empresa como auditor, en la que entré como becario y en la que aún sigo; y, por otro lado, más personal, siete años con mi novia. Desde el 2005, que se dice pronto.

Y en un día tan raro, como el 29 de febrero de 2012 fue cuando mi tercer libro (sí, he sido un poco precoz), el Tawq al-Uahda, El Collar de La Soledad vio la luz. Un poemario aderezado con ilustraciones de una peregrina llamada Sara. Durante el mes siguiente me llegaron varias críticas sobre el libro, gracias a todos. Mas, para ser fiel a la verdad, ninguna me ilusionó tanto como aquella que recibí de El Rincón de Los Vencidos de la persona más inesperada, pero que más me abrió su corazón. Así todo merece la pena. Todo el esfuerzo y las pérdidas que ocasionan, vosotros lo compensáis. Gracias.

Durante aquellos meses de marzo, abril y mayo seguía inmerso en el Experto Universitario que estaba realizando sobre auditoría, y en los viajes con la empresa pero todo ello no impidió que, por primera vez también, gracias a un compañero fuera a ver el Gran Premio de Jerez de motociclismo, o que acompañara al Málaga CF al Estadio Calderón para un partido que podía ser histórico, las responsabilidades tampoco impidieron subir con varios amigos al pico más alto de la provincia, conocido como La Maroma.

También hubo tiempo para la solidaridad, y la cultura. Gracias al centro Guadalinfo de Alcaucín colaboré con un ejemplar de el Tawq para el proyecto “Libertad tras las rejas” de Candil Radio; donde se recogieron cientos de libros para los presos del Acebuche. Allí, en aquel centro también me concedieron el honor de realizar una pequeña presentación de lo que hasta el punto habían sido mis libros. Mi primera presentación en público, con varios asistentes ingleses a los que, un amigo iba traduciendo lo que yo contaba. Junto a mí, tuve también la suerte de coincidir con grandes autores ya consagrados en este mundo, como José Manuel García Marín, autor de Azafrán, que me dieron varios consejos y compartieron anécdotas.

La cultura fue también eje de los siguientes meses. Fue allá por junio cuando Saray Pavón vino a Málaga a presentar una antología en la que ella participaba, “La Vida por Delante” de Ediciones en Huida. En aquel acto, una chica que me dejó impactado por su forma de recitar y su poesía fue Siracusa Bravo. Y, recuerdo muy bien que fue en julio cuando cogí el coche y me fui con el GPS hasta Pizarra, un pueblo de Málaga, a las tantas de la noche a ver en directo a aquel grupo que dio el nombre a mi primer blog y la novela, los antiguos Siddharta, ahora convertidos en 7Lunas. Que, casualidades de la vida, compartí el concierto con el director del Experto que aprobé semanas antes.

En agosto ocurrieron muchas cosas, pero sin lugar a dudas la principal fue mi segundo Camino de Santiago. Ésta vez el camino comenzaba en Santiago y terminaba en Finisterre. Muchos recuerdos de este viaje, problemas que se solucionaron en él, deseos que el apóstol cumplió… También hubo tiempo para otros viajes menos espirituales que se hicieron con amigos de toda la vida (y no en solitario como el Camino), como a Isla Mágica o la bella ciudad de Granada.

Septiembre empezó con otro viaje, ésta vez algo más lejos y no tanto por devoción sino formación. Debíamos asistir a un curso de formación en Barcelona. Una semana, que no estuvo nada mal, aunque desde fuera parecieran demasiados cambios en el trabajo de auditoría. El mes siguiente, tendría que empezar a hacer hueco para otro sueño más, empezaba el Grado en Lengua y Literatura Españolas. Y la web iba consolidándose y comenzando sus primeras semanas de vida.

El último trimestre del año, ha estado marcado por pequeños detalles entre ellos, otro intento de subida a la Maroma, que por mi falta de orientación y desconocimiento se quedó en un camino más largo y angosto del real y el no alcance definitivo de la cima. O, también fue en estos meses cuando mi compañero de trabajo se casó, y celebró su boda. También hice, junto a la Escuela Oficial de Idiomas de Vélez, una pequeña ruta por la Axarquía morisca. Y, más recientemente, otro viaje me llevó a conocer varios pueblos de Cádiz.

Al final, guardo grandes y bonitas reminiscencias de este año que ya está casi perdido en nuestra memoria. Feliz 2013 a todos.

Mil y Una Noches

Él tenía dieciocho años recién cumplidos, en concreto aquel día. Para muchos, ya era un adulto, pero para sí mismo: un niño pequeño e inocente. Tanto, que jamás se había enamorado, nunca sintió el calor de un beso en sus labios. Su madre siempre lo había protegido en desmedida, y ese año dejaría atrás su viejo pueblo para irse a la capital a estudiar, el sueño de tantos chicos de pueblo, irse a la capital para conocer mundo. Desde hacía varios meses ya tenía el piso alquilado, esperándolo a él. La próxima semana sería su prueba de fuego: vivir sin su madre.El día siguiente a su cumpleaños fue con los padres a su nuevo hogar, y lo dejaron sólo en aquella inmensidad, pero poco importaba: mañana sería el gran día, empezaría su carrera más deseada, Psicología. Aquella noche no pegó ojo, extrañaba la cama, estaba nervioso, pero sobre todo: sentía que tal vez al día siguiente su madre no le despertaría con el “Buenos días, es hora de levantarse” que durante tantos años le había estado regalando.Pero, al despertar ni siquiera le dio tiempo pensar. Llegaría tarde a su primer día, sin embargo, llegó demasiado pronto. Con la certeza del que sabe que su autobús escapa, él corrió. Tanto es así que llego a la parada y ni siquiera estaba allí el autobús de la línea 17. Desesperado miró su móvil, y se dio cuenta de la hora que era, aún faltaban algunos minutos para verlo aparecer por el horizonte de aquella calle. Se había estudiado el horario días antes. Montó en él, y durante todo el trayecto no miró a nadie tan sólo estaba absorto en sus pensamientos.

El camino para ser su primera vez lo hizo de una forma muy mecánica, y hasta que se sentó en su silla, al lado de la puerta ni siquiera se inmutó que había entrado en la facultad, y mucho menos que estaba esperando a que llegase el profesor con la mirada perdida en el pasillo. En él, entre la multitud una chica se cruzó con su mirada, de la boca de aquella chica salió un hola y de sus ojos una sonrisa. Él, un poco aturdido se los devolvió. Era alta, con el pelo castaño, no demasiado largo, ni demasiado corto, si pudiera llamarse ese estilo como normal, sería normal; tan normal que lo llevaba unos centímetros por debajo de los hombros. Tras aquel saludo, sin un motivo aparente, la chica desapareció y llegó el profesor a su primer día de realidad psicológica, quizás eso le serviría pues, en aquel momento estaba echo un mar de dudas.

Cuando acabaron todas aquellas horas, que en el fondo le parecieron infernales, salió de la facultad. En todo el día sólo habló con aquella chica que, posiblemente, no vería más. Aunque, el destino jugaba a su favor y la volvió a ver en la parada de autobús. Sin ser aún consciente era la tercera vez que se cruzaban miradas, y la segunda que lo hacían con palabras. Ella se bajó una parada antes que él, pero esta vez no se despidió, es más, ni siquiera se cruzaron miradas al salir… ya habría tiempo de eso, ya habría tiempo.

Pasaron casi tres años, mil días, y mil noches. Y él cada vez estaba más acostumbrado a la capital, cada día de esos, algo menos de, tres años la había hecho un poco más suya, y cada vez se sentía menos pueblerino. Mas seguía sin perder esa inocencia con la que llegó, seguía sin conocer el sabor de unos labios, o el cosquilleo de dos lenguas unidas. Seguía sin conocer el amor, y sin saber aún que se encontró tres veces con aquella mirada que lo persiguió durante tanto tiempo buscando, tener algo más de un saludo.

Y fue en la noche mil y una, cuando salieron de la facultad en aquella parada de bus dónde él se sinceró con ella, dónde ella se sorprendió y cambió todo para los dos. Él se lo dijo todo, tras el “hola” y la sonrisa, le dijo que nunca había besado a una chica, que nunca había estado enamorado de nadie, y que sólo ella con su sonrisa había conseguido robarle el corazón y los sentimientos, que se moría por probar sus labios, rozar sus bocas y sentirlo todo por primera vez con la magia de dos amantes enamorados. Y, ella accedió, y se besaron, por fin sus sueños se hicieron realidad. En aquella noche mágica, aquella noche de amor…

Desde entonces, a aquel beso siguieron muchas más palabras que los primeros “holas”, muchas más palabras que esa declaración inocente y, tal vez, descuidada. Desde aquel día empezó su nueva vida y su relación, para él la primera, para ella, nunca lo sabremos, pero sí sabremos que marcó una diferencia en su forma de ver la vida: la inocencia de él pasó a través de ella, para quedarse un poco dentro de sí, para estar aún más unidos.