Tanto Te Amé

Nunca entendí cómo llegué a amarte tanto, jamás he llegado a comprender la razón de aquella obsesión sin razón. Era algo más fuerte que yo, más fuerte que un simple deseo, te necesitaba como el cielo a los pájaros, como el día a la noche, pero como la Luna te mostrabas ante mi tan cercana y tan inalcanzable que sólo podía soñarte. Me hacías daño, por eso nunca entendí cómo llegué a amarte tanto.

He soñado miles de veces con dormir y despertar a tu lado. De amanecer en tu nuca, abrir los ojos en tus pechos y bostezar en tu sexo. Desayunar en tu piel las caricias de tu aliento, alimentarme con mi amor hacia ti, con tu indiferencia hacia mí. Quiero vivir en ti tanto tiempo que me dejes recorrer cada centímetro de tu cuerpo, que olvides mi ser, que dejes de sentir mi alma porque ya sea parte de la tuya. He soñado miles de veces en dormir y despertar a tu lado.

He derramado demasiadas lágrimas por ti, tantas que hoy me hundo en las arenas movedizas que se formaron a mis pies. He llorado por ti más que el resto de ánimas vivientes. Llorado más penas que sonrisas dibujadas en mi gélido rostro cuando despertaba la madrugada. Te sufrí cuál clavel, cual rosal, que inertes e inmóviles sienten y mueren al ver como su flor es arrancada por unas manos frías y sin cuidado, para que esas manos con sumo cuidado la llevan hasta tu pecho. Te sufrí al desgarrarme por dentro al no ser yo quién recibiese la sonrisa cómplice de tu boca. Por eso, por ti he derramado demasiadas lágrimas.

Me prometí tantas veces no amarte más, que hasta perdió su significado la promesa, igual que perdió su significado el amar de esta forma, sin medida. He querido tantas veces despertar en tu boca que ya ni siquiera recuerdo el día que te empecé a amar, ni el sabor de otros besos. Este dolor se filtró en mi cuerpo y mutó mi sonrisa en indiferencia, más tarde en tristeza igual que la rosa roja injertada en un rosal blanco la próxima primavera será rosa. Ambos nos transmutamos sobre nosotros mismos. Cual sueño se torna en pesadilla, y es que, me prometí tantas veces no amarte más.

Tanto te amé, que tú jamás me correspondiste:
mi amor era suficiente para los dos…

Veintidós

Tres años pasan rápido, casi tanto como tres meses,
O tres encuentros en el mismo lugar donde hubo besos,
Cuando no debían de ser y se convirtieron en la felicidad
Que echaba de menos y necesitaba; hasta que lo entendí:
Yo no estaba preparado para lo que tú me podías dar,
Y tal vez tú no estabas dispuesta a mi aferra.

He de confesártelo: solo te escribo este poema,
Después de prometer(me) que no lo haría más, para olvidarte.
Sólo te escribo este poema porque al fin lo he comprendido:
Lo nuestro duró, lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks*;
Aunque siga teniendo ese regusto a gofio –que nada puede borrar–.

He tardado demasiado en aceptar que no era posible,
Que no éramos compatibles, que tú no me necesitabas,
Que dos y dos pueden ser cuatro o veintidós, y la diferencia es infinita.
Pero sobre todo, que he de estarte agradecido por aquello:
En tres meses me hiciste vivir más que en tres años.

Ahh, por cierto,
Tuve que mirar la fecha. Yo, sólo recordaba Noviembre.

 

* Verso de la canción de Joaquín Sabina, 19 días y 500 noches.

Escribo

Y al final supongo que era verdad aquello de que sólo escribo cuando estoy mal era cierto, ya ni escribo.

Este Momento

–¿Dónde estás, Dan?
-Aquí
–¿Qué hora es?
-Ahora
–¿Qué eres?
-Este momento.
{El Guerrero Pacífico}

Hace pocos días que hemos dicho adiós al año 2014, y como he venido haciendo los años anteriores toca hacer resumen y balance de todo lo vivido durante estos 365 días, aunque esta vez un poco más leve: somos este momento.

Y, por otro lado, con el tiempo, como es natural, se van diluyendo los recuerdos y se entremezclan con otros que posiblemente no tengan nada que ver o sucedieron en otros lugares y momentos, pero quedan en nuestra memoria en una amalgama difícil de discernir. Pero en el fondo, esto también es magia y como leí en un libro de Albert Espinosa, “Quizás lo que más impacta es que, siempre que vuelves, el recuerdo es diferente”.

Entrando en esos recuerdos no sé bien por dónde empezar. En términos literarios ha sido un año productivo y de novedades, por un lado vio la luz la (hasta ahora) última antología de di-fusión-a2, Sexo Oral en la que participé y la presentamos en Vélez-Málaga a mediados de marzo. Poco antes, si no recuerdo mal, presentamos La Mirada del Hoy de la misma asociación en Algeciras, lugar donde he vuelto dos veces más a recitar (y otras muchas por amistad), la primera de ellas fue en junio para el II Encuentro de Jóvenes Letras y la otra hace poco, en octubre, para el II Encuentro de Poetas de Ahora. De ambos encuentros tengo muy gratos recuerdos por la gente con los que lo compartí, y aunque había nervios por recitar ante un gran público quiero creer que no me defendí tan mal, pero sí aprendí que aún queda mucho camino por recorrer en esto de los recitales, este año seguiremos avanzando y trabajando para mejorar.

También, gracias a estos encuentros, he podido conocer e intimar con grandes personas y poetas que ya empiezan a formar parte de mi vida, y aunque “todo en mi vida es temporal”, lo temporal también tiene distintas formas de duración que es lo importante y lo único que importa es ir viviendo el presente el día a día.

Agosto, como he estado haciendo en los últimos años fue dedicado al camino, y ya hablé de ello en Maktub y también aprendí, y lo he estado llevando a la práctica (aunque aún quedan muchas circunstancias a las que enfrentarse), que a veces hay que arriesgarse y enfrentarse a los miedos y sea cual sea el resultado, sea la respuesta que sea siempre será mejor que la duda y te abrirá nuevos caminos por recorrer y lecciones por aprender para quien sepa verlas.

Acercándonos al final del otoño, en noviembre cumplí otro gran sueño, ir a Barcelona a la aventura y conocer a un gran amiga con la que llevaba mucho tiempo compartiendo historias virtuales, y de nuevo también gracias a la literatura, en este caso, a raíz del último libro que publicará, por el momento, Di-fusión-a2 en el que ella participará. Gracias a esto retomamos la amistad con más fuerza y me llevó, como digo, hasta aquellas tierras que tanto me gustan y tanta magia me transmiten. Hoy, gracias a ese encuentro, y a otra amiga un poco más al norte (también escritora), intento ver la vida de otra forma: viviendo el presente y aceptando lo que tengo y soy, y si no estoy contento con algo luchando por cambiarlo.

Y, finalmente, en Navidad me he dedicado a repartir un poco de magia de la mejor forma que he podido a personas que quiero y aprecio, no sé si lo conseguí, pero si alguna vez hice a alguna de estas personitas feliz habrá merecido la pena.

Historia

Te fuiste
y no alcancé
a terminar de amarte.
{Ana María Vilchez}

Me he obligado a olvidarte, a no quererte más.
Fue algo me propuse hace tiempo,
No era capaz de entender porqué tu recuerdo sigue aquí.
Historia es solo otro nombre para decir pasado.

En mi odisea he navegado hacia otros mares
he encontrado cinturas, a las que me aferré, mejores que la tuya.
Labios, besos de serpientes, y en los siguientes el contraveneno.
Incluso he probado colchones viscoelásticos con otros cuerpos.

Me he propuesto volver a amar, enamorarme otra vez
aunque no de un sueño, o de una fantasía, sino de una realidad.
Lo estoy intentado, de verdad,
Pero a pesar de todo,
las historias de una noche no logran borrar la Historia.

Salamanca

Salamanca

Quisiera creer que aprendí, que llegué a comprender que por muy lejos que vaya, por muchos kilómetros que recorra de una forma u otra, los problemas van a seguir estando a mi lado; que escapar no siempre, o más bien nunca, es la solución. Pero ha de ser que soy mal alumno y sigo repitiendo el curso porque esa lección nunca logro aprobarla, y sigo huyendo tan lejos como puedo, siempre a solas, creyendo que así será mejor, que así podré enfrentarme a todo aquello de lo que huyo. Pero el suspenso no logra desaparecer y ya no quedan convocatorias para volver a intentarlo.

Habría otra oportunidad, o la hubiese habido. La otra asignatura que podría servir para convalidar esta es aquella de la que todos me hablan, que todos me recomiendan y yo no logro encontrarle el encanto, porque me falta algo de valor (ya sabes aquello de teatro y disciplina, máscaras y marketing). Ya sabes, eso de decir las cosas a la cara. A veces, bastaba con eso y habría aprobado. Pero no todo acaba ahí, porque si te hubiese dicho que me gustabas la nota correspondería al bien; un te quiero sincero, notable. Y sí me hubiera esforzado, si realmente lo hubiese apostado todo, si me hubiese entregado al máximo y haberte hecho entender que habría podido llegar a amarte –aunque entre tú y yo, casi casi llegué– y que ahora, tras tantos kilómetros de por medio nada tiene solución, el sobresaliente. Y si todo lo hubiese dicho mirándote a los ojos, sin que me temblara la voz, cogiéndote de la mano y besándote… ahí habría estado la Matrícula de Honor.  Pero al seguir solo, sigo suspenso.

Créeme, no lo digo solo por decir (no, esta vez no), esas asignaturas son más difíciles de lo que parecen, y son para chicos sinceros. Personas que no se esconden, que se atreven y que saben no dañarán a nadie ni con sus palabras ni sus actos, ni tan siquiera a ellos mismos. Y, como sabes, yo no soy un chico sincero, simplemente soy un chico bueno, bueno de esos que ya no quedan… Aunque en el fondo sé que da igual ser un chico sincero o uno bueno, porque tú, tú siempre elegirás al chico malo. El malo, aquel que la primera vez que te vea cuente la historia más inverosímil y te bese mientras fumáis o ese otro que, también la primera vez, te trate como si ya estuvieses en su cama y no deje centímetro de tu piel por tocar.

¿Lo único bueno de todo esto? Que el curso está empezando ahora, que aún puedo elegir ser bueno, sincero o malo, o ser yo mismo y tal vez aprenda que de nada sirve viajar a solas setecientos kilómetros, o mil, o varios miles; que tampoco sirve pasarme tres, siete o diez horas en un coche o un tren. Tal vez aprenda también que por muy bien que lo haga, que por mucho que cuide y mire por ti esperando algo más ese algo nunca llegue (ni siendo sincero). Quizá entienda que me equivoco en la idea anterior y si cuando tuve la oportunidad te hubiese besado todo habría sido distinto (o igual pero sabría que al menos, lo intenté y no haría daño a nadie). Porque ahora yo, yo sigo estando solo; y tú, tú… no quiero saberlo pero aprobaste todo.

Toledo

Recorrer las calles de esta ciudad,
Pasear en solitario, sin ganas de llevar nada a la boca que no sea un beso tuyo,
Sin más abrigo que ese abrazo no me puedes dar,
Una ciudad llena de leyendas y misterios: ¿por qué no me amas?

Decenas de pescadores para un solo río y solo uno consigue capturar la carpa.
-¿Te imaginas tú y yo bajo una carpa?-
El pescador vuelve a soltar su pequeño trofeo, tal vez el único de la mañana.
-No pasaría nada si compartiéramos ese momento, ¿verdad?-

Calles empedradas de tajos, lejos del Tajo, entre murallas y montañas,
Ciudad inexpugnable, asediarla o morir en el intento.
Nadie puede entrar, nada salir. Ni los recuerdos ni la esencia.
Desde el alcázar solo se vislumbra más tristeza, como el mazapán que aplasta.
Tantos kilómetros ¿para qué? Tantos sueños ¿por qué?
Para saborear la derrota, algo que llevarme a la boca
Por sentir el vacío, un abrigo difícil de combinar.

Me cuentan historias de aguadores que llenaban aljibes,
Ahora desde ellos te dan el desayuno y en el resto de la casa, cobijo.
Casas con esferas que avisaban había agua, manzanas rodeadas y casas corridas
Una solo separada del resto, rodeable, una sola. Abandonados a nuestra suerte.

Y no soy nada, y sin serlo todo cambia, vuelve a perderse ese punto,
A sentir el miedo de andar por unas calles vacías y oscuras,
Volver a ausentarme en un lugar desconocido con mis pensamientos,
con las dudas y las sombras que acechan. Solo busco una sonrisa.

Hoy, te he vuelto a recordar

Recordar es sencillo, el problema está en hacerlo sin levantar la esencia de lo que un día significó aquel instante, el recuerdo del sentimiento. Eso es lo difícil, lo que realmente cuesta: tragarse las lágrimas, dejar solo el momento sin más adornos, sintetizado, sin corazón… sin posibilidades (como realmente fue, distinto de lo vivido). Eso es algo que aún hoy, a pesar de haber pasado tantos meses, no he logrado aprender a hacer y por eso duele más.

Me prometí muchas veces no volver a dejar que la melancolía se adueñara de mi alma, de las emociones que recorrían mi piel, pero, para mí, autoprometerme algo es tan absurdo como no realizar ninguna promesa. Y hacerla frente a una tercera persona no tiene ningún sentido, pues, si no logro cumplirla conmigo ¿qué sentido tiene el jurar a alguien que lo haré? Y sobre todo, ¿qué le importa a ella qué haga o deje de hacer?

¿Y qué tenía nadie que ver con mis problemas? El verdadero problema siempre es del amante, nunca del amado, ni mucho menos de aquellos que ni siquiera forman parte de ese sentimiento.