Cacaolat

No sé muy bien por qué, pero de repente dije:
“Estamos en este mundo sólo una vez”.
“Estamos aquí ahora”,
dijo Verónica, como si pensara que era importante recordarlo.
{Jostein Gaarder; La joven de las naranjas}

Te empecé a amar en un abrazo,
te conocí en un inesperado agradecimiento.
Y llegaste así, sin preverlo, sin buscarte:
en momentos y en un lugar que no habría imaginado.

Ahora el tiempo se dilata y tengo miedo
–en realidad lo tengo desde el primer abrazo–
miedo a no estar a tu altura, a no alcanzarte,
a no poder demostrarte cuánto te podré amar.

Es fácil confundir el miedo y las lágrimas
–porque también las hay cuando te pienso–
con dudas o dolor; pero, créeme he llorado por ello
y estas lágrimas no son similares a las primeras.
Ahora me recuerdan a lágrimas de luna: a belleza.

En esa palabra se puede resumir todo: bellesa.

Estar a tu lado es vivir dentro de una ilusión,
de un espectáculo de magia lleno de sorpresas
al que jamás pensé podrían invitarme.
Y allí me encontraba yo, boquiabierto, atónito,
tan inmerso en el deseo de cuidarte y mimarte,
tan inmerso en la felicidad de estar a tu lado
que no soy capaz de escribir, sólo lo hacía desde la tristeza.

T’estimo, por Mireia Muñoz

Tu, que em toques dolçament
Entre carícies de seda…
Somrius, regalant-me
Tonelades d’amor…
Inicies a foc lent, un camí
Màgic, intrèpid, aventurer…
Obrint portes cap el meu cor.

{Mire, la fadeta}


T'estimo


Tú, que me tocas dulcemente
Entre caricias de seda…
Sonríes, regalándome
Toneladas de amor…
Inicias a fuego lento, un camino
Mágico, intrépido, aventurero…
Abriendo puertas hasta mi corazón.

Locura

El miedo a…
perderme en tus ojos
llegar hasta tu sonrisa
y no poder escapar.

La osadía de…
mirarme en tus ojos
saborear tu sonrisa:
no querer escapar.

El miedo a…
encontrarte sobre la cama
sentir el contorno de tu cuerpo
y no poder dejarlo.

La osadía de…
desnudarte sobre la cama
besar cada poro de tu cuerpo:
no querer dejarlo.

El miedo a…
mantener los ritmos al compás
evadirte del mundo exterior
y no poder alcanzarte.

La osadía de…
latir nuestros corazones al compás
parar el tiempo del exterior:
no querer alcanzarte.

El miedo a…
no comprender la magia
desaparecer en un bosque
y no poder volver.

La osadía de…
crear hechizos de magia
descubrir el amor en un bosque:
no querer volver.

Este Momento

–¿Dónde estás, Dan?
-Aquí
–¿Qué hora es?
-Ahora
–¿Qué eres?
-Este momento.
{El Guerrero Pacífico}

Hace pocos días que hemos dicho adiós al año 2014, y como he venido haciendo los años anteriores toca hacer resumen y balance de todo lo vivido durante estos 365 días, aunque esta vez un poco más leve: somos este momento.

Y, por otro lado, con el tiempo, como es natural, se van diluyendo los recuerdos y se entremezclan con otros que posiblemente no tengan nada que ver o sucedieron en otros lugares y momentos, pero quedan en nuestra memoria en una amalgama difícil de discernir. Pero en el fondo, esto también es magia y como leí en un libro de Albert Espinosa, “Quizás lo que más impacta es que, siempre que vuelves, el recuerdo es diferente”.

Entrando en esos recuerdos no sé bien por dónde empezar. En términos literarios ha sido un año productivo y de novedades, por un lado vio la luz la (hasta ahora) última antología de di-fusión-a2, Sexo Oral en la que participé y la presentamos en Vélez-Málaga a mediados de marzo. Poco antes, si no recuerdo mal, presentamos La Mirada del Hoy de la misma asociación en Algeciras, lugar donde he vuelto dos veces más a recitar (y otras muchas por amistad), la primera de ellas fue en junio para el II Encuentro de Jóvenes Letras y la otra hace poco, en octubre, para el II Encuentro de Poetas de Ahora. De ambos encuentros tengo muy gratos recuerdos por la gente con los que lo compartí, y aunque había nervios por recitar ante un gran público quiero creer que no me defendí tan mal, pero sí aprendí que aún queda mucho camino por recorrer en esto de los recitales, este año seguiremos avanzando y trabajando para mejorar.

También, gracias a estos encuentros, he podido conocer e intimar con grandes personas y poetas que ya empiezan a formar parte de mi vida, y aunque “todo en mi vida es temporal”, lo temporal también tiene distintas formas de duración que es lo importante y lo único que importa es ir viviendo el presente el día a día.

Agosto, como he estado haciendo en los últimos años fue dedicado al camino, y ya hablé de ello en Maktub y también aprendí, y lo he estado llevando a la práctica (aunque aún quedan muchas circunstancias a las que enfrentarse), que a veces hay que arriesgarse y enfrentarse a los miedos y sea cual sea el resultado, sea la respuesta que sea siempre será mejor que la duda y te abrirá nuevos caminos por recorrer y lecciones por aprender para quien sepa verlas.

Acercándonos al final del otoño, en noviembre cumplí otro gran sueño, ir a Barcelona a la aventura y conocer a un gran amiga con la que llevaba mucho tiempo compartiendo historias virtuales, y de nuevo también gracias a la literatura, en este caso, a raíz del último libro que publicará, por el momento, Di-fusión-a2 en el que ella participará. Gracias a esto retomamos la amistad con más fuerza y me llevó, como digo, hasta aquellas tierras que tanto me gustan y tanta magia me transmiten. Hoy, gracias a ese encuentro, y a otra amiga un poco más al norte (también escritora), intento ver la vida de otra forma: viviendo el presente y aceptando lo que tengo y soy, y si no estoy contento con algo luchando por cambiarlo.

Y, finalmente, en Navidad me he dedicado a repartir un poco de magia de la mejor forma que he podido a personas que quiero y aprecio, no sé si lo conseguí, pero si alguna vez hice a alguna de estas personitas feliz habrá merecido la pena.

Campana

Y no sé qué debería decirte o sentir. Sé que antes de nada, debería vencer todos mis demonios, y no creo sean pocos; empezando por el consejo que alguien me dijo (más de) una vez pero que por ahora no tengo las fuerzas necesarias. Todas estas miserias empezaron para olvidar y nada ha servido, hasta que te encontré a ti y comenzó algo especial, algo por lo que luchar y se me fue de las manos… se me está yendo y me siento absurdo, idiota… pero aquí sigo, yo también estoy loco.

Es cierto que ya te he sentido muy cerca varias veces, y siempre en el mismo lugar pero en distinta ubicación. Comentas algo y te quedas mirándome, y yo me hielo, me quedo callado con una batalla en mi cabeza, con una guerra contra la realidad y lo que estoy viendo en ese instante: ¿vas a besarme? ¿es una señal? ¿debería lanzarme? Y las respuestas a esas preguntas siempre se mueven entre el sí y el no. No dan una respuesta categórica, y el combate sigue estando allí: una pequeña voz me dice que no debería, que no puede ser, que todo aquello han de ser más deseos que realidad… y ese beso que nunca se dio se convierte en dos besos en la cara, o en uno; pero nunca en el centro de la boca… y algunos de mis demonios sonríen, otros cuando estoy a tu lado dejan de existir.

Y, otras veces, hablamos infinitas horas sin que nada ocurra a nuestro alrededor cuando todo se mueve tan rápido que desde fuera da vértigo. Esas conversaciones son las que más me gustan, cuando te olvidas de las reglas, cuando tu mente divaga en otros momentos más felices, cuando no existe nadie más que ese camarero que nos avisa va a cerrar y a nosotros aún nos queda un sorbo de café frío, y cuando mis demonios siguen mermándose desde tu boca. Después de todo aquello, como siempre, me haces saber que dices muchas locuras y que no haga caso que he de decidir por mí, pero no olvido aquello de “nunca hablo en balde, y todo lo que digo es por algún motivo”.

Fue en una de esas conversaciones por la noche cuando aquella frase me dejó pensando en lo que estábamos hablando en aquel momento, en las horas anteriores y en todas las cosas que nos decimos, en las que solo yo pienso (creo), y en las que solo yo a veces veo (espero que no). Tantas formas de comunicarnos, tantas de hacernos saber, que pudiera ser extraño te ocultase algo, pero los sentimientos no son “algo”, son una locura o tal vez un truco de magia… y como siempre escuché: un buen mago nunca revela sus trucos y guarda el mejor para el final.

Por eso habrá cosas que nunca te diga, como que te he soñado varias veces. En el primero nos besábamos, nos abrazábamos, nos perdíamos. Todo empezó como un simple juego donde solo nacían besos suaves y tiernos en los labios, veintitrés en total no preguntes por qué, y donde poco a poco se iban volviendo más pasionales. Y tras ese juego nos sonreíamos pensando la estupidez que habíamos hecho, y entonces sí nos besábamos como solo lo hacen los verdaderos enamorados, como lo hacen los amantes: sonrientes y felices.

Y también me callaré aquel epitafio sobre los sueños, aquel que decía ni siquiera estos son tan brillantes como nos hacen creer, porque solo son sueños. Quimeras. Y no tiene nada que ver que esta noche volviese a soñar contigo, por segunda vez, y te volviera a besar, pero esta vez sin los juegos, sin esos veintitrés besos coquetos que se fueron incendiando. Tampoco tiene relación que sea consciente no se tornarán realidad. Esta vez simple y sencillamente éramos felices con ellos. Quizás fuera del mundo onírico no todo es tan fácil como nos gustaría.

No te preocupes. Es simplemente que, el reino de mis sueños es algo que ni yo alcanzo a entender. Ni tampoco pretendo lo hagas tú. No es un reino que duela, por suerte, las pesadillas es algo que siempre están lejos de mí, no me asaltan cuando me rodean las sábanas no tienen cabida junto a mis demonios, ellos lo ocupan todo; en mi cama siempre estoy solo, sin ti. Al final, tú no eres la débil de la relación…