Reto Poember (Segunda Semana)


Seguimos con el reto de de Rojo Bosque, para durante noviembre para escribir un poema cada día, os dejo con los poemas de esta semana, y como siempre los voy publicando en mi cuenta de Instagram.

Sueños
Mi casa huele a ti, mantiene tu esencia.
Llego tras un día duro de trabajo
y tu olor impregna mi nariz.
El olor de los sueños, de mi sueño.
Y me paraliza, me quedo de pie en la puerta,
sin atreverme a entrar, sin encontrar
el valor para estar otra noche sin ti.

Ignición
No es tan fácil, las palabras no siempre llegan solas.
No siempre basta con echar leña al fuego y esperar
tienes que pensar en la estructura y en la forma,
debes prender la chispa, forzar la ignición de la madera,
la llama irá abriéndose camino entre las cortezas
hasta que pueda dar el suficiente calor por sí misma
para dejar un rescoldo en forma de poema.

Ropa
Si dijera que me recuerdas a una cebolla nadie lo entendería,
pero me imagino denudándote,
quitándote la ropa poco a poco
con suavidad para no dañarte,
como se hace con el bulbo de una cebolla.
Si te corto, si cortamos,
se me saltan las lágrimas, y me hacéis llorar.
Y, en tu centro, tras todas las capas
guardas tu parte más jugosa, la más dulce,
el corazón…

Cavar
Hay veces, quizás demasiadas, en las que me encantaría
desaparecer, volverme invisible, ocultarme,
para así poder centrarme en mí, en lo que quiero y necesito.
Hay veces, quizás demasiadas, en las que me gustaría
cavar un hoyo y enterrarme con mi claustrofobia
para así poder centrarme en los latidos de mi corazón.
Hay veces, nunca demasiadas, en las que desearía
escuchar nuestros corazones al compás latiendo,
para así poder olvidar el mundo exterior y sentirte.

Minúscula
Me gustaba decirte pequeña,
porque me sentía con más fuerza para protegerte,
pero cometí el error de volverte minúscula y olvidarte.

Hongo
Aún hoy, y todavía, cierro los ojos y me encuentro allí,
han pasado más de seis años, pero mi mente mantiene intacto
aquel bosque gallego, rodeado de vegetación y fauna:
un pajarillo por aquí, algún hongo por allá, unas hormigas corriendo,
un gran árbol sobre el que apoyar mi espalda, hierba fresca
y todo para encontrar un lugar en el que huir de todos.
Era extraño porque comencé aquel viaje en soledad,
y soledad era lo que necesitaba en ese momento y no lo tenía.
Lo único que ansiaba en aquel trozo de bosque era paz,
dejar la mente en blanco y organizar mis sentimientos
y todavía hoy recurro al recuerdo cuando lo necesito,
aunque allí nunca llegué a encontrar lo que necesitaba.

Pelusa
Nunca encontré el valor para mirar debajo de la cama,
no por miedo a encontrar alguna pelusa ni al coco
sino por no tener el valor de enfrentarme al pasado
que siempre se esconde ahí donde no se puede ver.