Se Equivocaron

Esperaré a que duerman los niños,
para dejar que el cadáver de mi fracaso
flote en la superficie.
{Maram al-Masri}

Ninfa - Sara Guerrero

Mis musas murieron en un camino hacia la nada,
Creyeron que yo era el poeta necesario para hacerlas volar.
Se equivocaron.

Emprendí un camino a ninguna parte, el camino de las estrellas.
Buscando esas musas que hace tiempo marcharon,
Una senda en mi interior.
Me equivoqué.

No se puede recuperar aquello que se dejó ir.

 

——–
 

Estos pensamientos fueron escritos durante el verano del 2011, realizando el Camino de Santiago. Buscaba mis musas como único objetivo, pero de repente, un día, comprendí que allí no las encontraría, allí debía vivir el momento, la inspiración llegaría después, sin buscarla.

Carpe Diem, III

Mas al otro lado de la moneda todo es distinto. Nadia sí recuerda muy bien todo lo que pasó la noche anterior, sí recuerda que le dijo que no podía besar a Fernando y que éste la besó, la acompañó hasta el taxi y le pidió su número de móvil para volver a verse algún día, aunque no está segura de querer hacerlo. No puede romper una pareja. Fernando le gusta, pero no puede hacer algo que no quiere que le hagan a ella.Aún recuerda cómo se enteró que estaba comprometido, fue hace cuatro semanas, coincidieron desayunando; se fijó en la mano de Fernando, tenía una alianza, asustada y un poco decepcionada, le preguntó si estaba casado. Le dijo que aún no. Él devolvió la pregunta, y Nadia sólo dijo que estaba soltera.

Antes de anochecer José llegó a su casa y se encontró a Fernando viendo la televisión, tomaron un par de cervezas y hablaron sobre lo que pasó la noche anterior. Antes de que se fuera, José le dijo a Fernando:
–No se puede amar a un espejismo. A Nadia sólo la conoces desde hace unas semanas, apenas has hablado con ella, no es tiempo suficiente para conocer a alguien y amarla. Entiéndelo. No puedes echar toda tu vida por alto.

Al tiempo, Fernando llamó a Nadia. Quedaron para cenar, hablaron de lo que sucedió:

–Siento mucho si lo que hice te pudo molestar, de verdad. Sólo quiero que sepas dos cosas -dijo Fernando-. Cuando te pedí el beso no fue un capricho, si lo hice era porque lo sentía y lo necesitaba en ese momento; es más, lo volvería a hacer.
–¿Y lo segundo?
–Lo segundo es que has sido la primera mujer a la que he besado desde que estoy con mi novia, nunca creí en las infidelidades ni lo entendí hasta que te conocí. Jamás lo había hecho antes, y sé que jamás lo volveré a hacer.
–No te entiendo, ¿por qué lo arriesgas todo por mí? Jamás pensé que podría interesarte. Me dejaste en blanco.
–Lo sé y lo siento, pero… carpe diem, sólo vivimos una vez. Y no creo que hiciera daño a nadie.
–Quizás sí le hiciste daño a tu chica…
-repuso Nadia, Fernando calló durante unos segundos.

Le explicó que su novia ya no le hacía feliz, vivir con ella era como leer una novela: el protagonista no puede salir de los renglones que el autor dispuso para él. Su vida estaba escrita, y aquella noche quiso ser su propio señor. Por momentos ella llegaba a entenderlo, fueron abriendo aún más sus almas y dándose cuenta que aquello podría funcionar, Nadia ya no tenía miedo ni le importaba compartir cosas con Fernando. Y a Fernando cada vez le gustaba más y se acordaba menos de su novia.

Volvieron a algún pub, no les importaba el nombre, sólo querían estar juntos y seguir hablando sobre ellos. Conocerse más, en palabras de José: “necesitaba que Nadia dejara de ser un espejismo para él”.

Pero, por primera vez en toda la noche Fernando empezaba a tener miedo, se daba cuenta que todo podía ser perfecto junto a ella, y de hecho, aquella noche lo fue. Ella le habló de sus ilusiones de convertirse en una gran artista, de los trabajos para pagar sus sueños. Él sólo podía admirarla cada vez más; pero cuando Nadia preguntó si él tenía sueños, sólo pudo callar y decirle que algún día se los contaría. Nadia no se atrevió a volver a preguntar por su ex novia, ni por sus sueños, no quería hacerle sentir mal pues como alguien dijo: “suprimid la mentira, y habréis hecho imposibles las relaciones sociales”. Pensó que aquella noche él podría ser para ella, era soltero y soñador.

Sólo unas horas antes de que cerrasen el pub, Nadia dio otro paso hacia delante, aunque sin definir ningún camino –o eso temió Fernando–.
–¿Quieres hacer algo más? ¿Quizás tomar otra copa? -preguntó ella.
–No, por mí está bien.
–Bueno, pues… nos vamos ya, y mañana será otro día, ¿no?

Fernando no podía dejar que todo acabara así, no quería perderla para siempre ahora que estaba a conocerla más allá de sus ojos azules. Le dio otro beso, esta vez, sin preguntar nada, no hacía falta. Se fusionaron en aquel beso sin final, Nadia le cogió de la mano y lo arrastró hasta su casa. Allí pasó lo que el destino dejó que pasara entre los dos. Cuando Fernando miraba al azul infinito de la mirada de Nadia sólo podía pensar en una frase: Carpe Diem.

Carpe Diem, quizás algunos espejismos se tornan realidad cuando despiertan los sueños.

Carpe Diem, II

Fernando estaba en lo correcto, la cama dónde despertó no era la suya, aunque tampoco la de Nadia. Era de su compañero José, la pudo reconocer cuando se fijó detenidamente en todo lo que había en el dormitorio. Le dolía la cabeza y tenía la boca reseca: se había pasado con el alcohol. ¿Pero qué fue lo que hizo aquella noche? ¿Por qué bebió tanto y ahora despertaba en casa de José? ¿Y dónde estaba José ahora? Responder aquellas preguntas era lo único que le preocupaba.En la mesilla de noche había una pequeña nota firmada por su amigo, decía:
“Fernando,
Puedes quedarte todo el día en mi casa si quieres, no te preocupes. Hay algo de comida en el frigorífico. Yo estaré fuera. He llamado a tu chica, le he dicho que nos quedaremos a descansar en mi casa. Mejor eso que la verdad.
Nos vemos, José.”

¿Mejor eso que la verdad? ¿A qué verdad se refería? ¿Qué pasó la noche anterior? Tenía la mente demasiado nublada para pensar, recién levantado y de resaca no podía acordarse de nada. Tomó una ducha, desayunó algo y se fue al salón a descansar para intentar pensar en todo lo que podría haber pasado por la noche.
Primero fue con José y algunos compañeros a cenar, ahí no hubo nada raro. Sólo cayeron un par de cervezas, después de cenar fueron al pub donde estaba Nadia y el resto de compañeras de la empresa. Allí tampoco pasó nada importante que pudiera recordar, tal vez sólo un par de copas más. Y, quizás alguna que otra mirada con Nadia, quizás algún comentario sobre echarla de menos, tal vez un “me encantan tus ojos, son los más hermosos que he visto nunca”, o “¿Qué tomas? Yo te invito esta noche”. Después tal vez otro pub o alguna discoteca, no está seguro de tanto.

Después de aquel pub dónde estaban las chicas de la empresa fueron a una discoteca, bailó con Nadia y tomaron algunas copas más. Hasta aquel momento no había pasado nada entre ellos. Sólo había sido capaz de decirle que le encantaban sus ojos. En aquellos momentos habría matado por robarle un beso de sus labios, y de hecho estaba ansioso por rozarlos. Pero la impotencia le paralizaba, si hubiera estado solo habría gritado y llorado por la desesperación, pero con tanta gente sólo quedaba apretar los vasos con la mano bajo la oscuridad, creer que con ese gesto toda la rabia y la impotencia de no poder tenerla se irían. Le faltaba valor y le sobraba lealtad.

Y hasta la hora de la despedida no hubo más entre ellos que miradas silenciosas que decían lo que sus almas sentían aquella noche, pero ningún hecho. Nadia se iba. Le acompañó hasta la puerta y allí, lejos de las miradas de sus compañeros, sacó el valor que no tenía. Le cogió la mano, la acarició con suavidad y la intentó acercar a él. Ella le pidió que no olvidara que tenía novia. Volvió a cogerle la mano, al sentirla a su lado le susurró:

–¿Puedo pedirte un beso?
–No puedo hacerlo.
–Sólo uno, por favor.
-replicó él.
–Fernando, no puedo, tienes novia. Tú no puedes hacer eso, y yo tampoco.
–Sólo uno, por una noche no va a pasar nada. Sólo uno, por favor.
–No sigas, por favor, Fernando…
-dijo Nadia.

Antes de que ella pudiera terminar la frase Fernando le había robado un beso, y Nadia no había podido hacer nada por evitarlo, ni siquiera ademán de apartarse, tan sólo seguirle el juego, ella también quería seguir aquella senda de lo prohibido. En ese momento no hicieron más que alcanzar el segundo nivel del juego, el primero fueron las miradas.

Después de esa experiencia extra, él la acompañó hasta el taxi y allí la dejó, ella no quiso ir más allá en ese momento. No quedaron en nada más, ni lo comentaron más, aquello fue como si nunca hubiese pasado pero pasando, el saber que dejas la puerta abierta a ese desconocido que te cautivó, pero a cada paso miras atrás para recriminarle que te siga.

Y tras dejarla dentro del taxi, volvió a la discoteca y se tomó otro par de copas con sus amigos. Siguió bebiendo, y en un descuido le dijo a José que había besado a Nadia en la puerta cuando ésta se iba.

–Fernando, ¿por qué has hecho eso? ¿Por qué has besado a Nadia? -preguntó José asustado.
–Tú nunca lo entenderías -dijo con media sonrisa en su cara-. Mi vida es una falsa, estoy encerrado en una cárcel: no tengo libertad para decidir. Pero al encontrarme a Nadia, ver lo libre que es… la he necesitado. No sé, ha sido todo muy rápido; sólo ha sido un beso.
–Pero, ¿por qué lo has hecho?
-volvió a recriminarle.
–Carpe Diem, José. CARPE DIEM. -sentenció Fernando mientras iba a la barra a pedir otra copa, de lo que fuese, daba igual.

Ahí se acabaron todos sus recuerdos de aquella noche, pero al menos ya había conseguido recordar la verdad a la que se refería José, y el porqué estaba durmiendo en su casa.

Carpe Diem, I

Cuando se despertó en una cama que no era la suya cayó en la cuenta de todo lo que había pasado la noche anterior. Aquella noche Fernando había quedado con los compañeros del trabajo para ir a tomar una copa y luego ¿quién sabía? Quizás algún pub o alguna discoteca. Era el último día en el que Nadia estaría en la empresa.Sólo habían sido siete semanas: un trabajo temporal conseguido a través de una página de internet, tan famosas en aquellos días. Sólo estaba cubriendo una baja en el departamento de administración. Sin embargo, siete semanas pueden dar para entablar cierta amistad. Y aquella noche las efímeras amistades de Nadia habían quedado en salir para despedirse, sabían que fuera de la empresa todo se esfumaría. Nadie puede amarrar una amistad eternamente si sólo la unió un soplo de viento en los hilos del destino.

Fernando era contable. Trabajaba en una gran asesoría, una de las mejores de la capital. El sueldo no estaba nada mal, rondaba los veintisiete mil euros; aunque también tenía sus inconvenientes, siempre había demasiado trabajo, y en periodos puntuales demasiadas horas extras sin remunerar. Pero nada más. Su vida laboral se quedaba allí, no había ascenso posible, salvo la actualización salarial. Pero era éste ese trabajo que le daba la estabilidad que tanto tiempo había estado buscando, ahora podría comprarse ese piso junto a su novia, ese lugar donde vivir en el futuro.

La novia de Fernando le había convencido de que eso era lo mejor para los dos, él nunca estuvo de acuerdo, tenía sueños por los que luchar, ilusiones que alcanzar, y lo que en un principio fue sólo un trabajo temporal tras unas prácticas acabó convirtiéndose en su cárcel, en su único futuro, su única realidad de la que no podría salir. Ella había cambiado su futuro por otro distinto.

Un futuro junto a la mujer que amaba podía ser maravilloso a pesar de todo lo que perdiera por dejar escapar sus sueños. Pero pasar años junto a esa persona por la que sólo sientes indiferencia, atrapado en aquella cárcel con barrotes en forma asientos contables podía ser algo terrible y si no encontraba el valor suficiente para evitarlo eso sería lo que le pasaría en la vida. Cuatro años con su novia habían sido suficientes para cambiarlo por completo, para dejar atrás todas aquellas ilusiones. Había sido tiempo suficiente para dejarlos tan atrás, que ya ni siquiera los recordaba.

La conoció al poco tiempo de que le hicieran el primer contrato. Su novia trabajaba en otra empresa como administrativa. A ella sí le gustaba su trabajo. Nunca había servido para estudiar y nadie apostaba por ella, no pensaban que tuviera la dedicación necesaria para estar todos los días en una oficina. Pero poco a poco se había ganado la confianza de los que estaban a su alrededor, primero había completado un ciclo formativo de administración y finanzas, y tras las prácticas había sido incorporada a la plantilla de la empresa, como pasó con Fernando. Ya llevaba tres años, y si todo iba bien, serían muchos más. Sin embargo antes de que empezara a estudiar, con veintidós años, ni en su familia recordaban por cuántos trabajos había pasado desde que acabara, con retraso, el bachillerato. Y dentro de un par de meses más volvería a sorprenderlos: daría la entrada para comprar un pequeño piso en el centro de la ciudad junto a su novio.

Y en el polo opuesto estaba Nadia. Ella era todo lo contrario a Fernando y su novia: aún tenía sueños, ilusiones por las que seguir luchando día a día: aún tenía ánimos con los que levantarse cada mañana con una sonrisa. Por eso, para alcanzar sus metas siempre buscaba trabajos temporales, necesitaba tiempo para mejorar como artista. Lo que realmente le gustaba, y se le daba bien, era la pintura.

Había estudiado un ciclo formativo de grado superior en contabilidad, igual que la novia de Fernando, y otro de grado medio de informática. Sabía muy bien que aquello la alejaría de su sueño a corto plazo, pero eran los pasos necesarios para obtener una cierta holgura financiera y poder dedicarse a pintar.

Nadia era un par de años más joven que Fernando y su novia, tal vez por eso aún tenía sueños en su vida, o quizás aún los tuviera porque nadie le había cortado las alas. Durante el trabajo en la empresa estaba soltera –y aunque no lo hubiera estado– muchos hombres se fijaron en ella, pero ninguno tanto como Fernando. Aunque claro, con aquel toque tan angelical en su mirada era imposible no fijarse en ella; además, siempre iba regalando su sonrisa, ésa que sólo da los sueños cumplidos.

Ésa era la vida de estas personas y aunque aquella noche podía haber cambiado para los tres no fue así