Este Momento

–¿Dónde estás, Dan?
-Aquí
–¿Qué hora es?
-Ahora
–¿Qué eres?
-Este momento.
{El Guerrero Pacífico}

Hace pocos días que hemos dicho adiós al año 2014, y como he venido haciendo los años anteriores toca hacer resumen y balance de todo lo vivido durante estos 365 días, aunque esta vez un poco más leve: somos este momento.

Y, por otro lado, con el tiempo, como es natural, se van diluyendo los recuerdos y se entremezclan con otros que posiblemente no tengan nada que ver o sucedieron en otros lugares y momentos, pero quedan en nuestra memoria en una amalgama difícil de discernir. Pero en el fondo, esto también es magia y como leí en un libro de Albert Espinosa, “Quizás lo que más impacta es que, siempre que vuelves, el recuerdo es diferente”.

Entrando en esos recuerdos no sé bien por dónde empezar. En términos literarios ha sido un año productivo y de novedades, por un lado vio la luz la (hasta ahora) última antología de di-fusión-a2, Sexo Oral en la que participé y la presentamos en Vélez-Málaga a mediados de marzo. Poco antes, si no recuerdo mal, presentamos La Mirada del Hoy de la misma asociación en Algeciras, lugar donde he vuelto dos veces más a recitar (y otras muchas por amistad), la primera de ellas fue en junio para el II Encuentro de Jóvenes Letras y la otra hace poco, en octubre, para el II Encuentro de Poetas de Ahora. De ambos encuentros tengo muy gratos recuerdos por la gente con los que lo compartí, y aunque había nervios por recitar ante un gran público quiero creer que no me defendí tan mal, pero sí aprendí que aún queda mucho camino por recorrer en esto de los recitales, este año seguiremos avanzando y trabajando para mejorar.

También, gracias a estos encuentros, he podido conocer e intimar con grandes personas y poetas que ya empiezan a formar parte de mi vida, y aunque “todo en mi vida es temporal”, lo temporal también tiene distintas formas de duración que es lo importante y lo único que importa es ir viviendo el presente el día a día.

Agosto, como he estado haciendo en los últimos años fue dedicado al camino, y ya hablé de ello en Maktub y también aprendí, y lo he estado llevando a la práctica (aunque aún quedan muchas circunstancias a las que enfrentarse), que a veces hay que arriesgarse y enfrentarse a los miedos y sea cual sea el resultado, sea la respuesta que sea siempre será mejor que la duda y te abrirá nuevos caminos por recorrer y lecciones por aprender para quien sepa verlas.

Acercándonos al final del otoño, en noviembre cumplí otro gran sueño, ir a Barcelona a la aventura y conocer a un gran amiga con la que llevaba mucho tiempo compartiendo historias virtuales, y de nuevo también gracias a la literatura, en este caso, a raíz del último libro que publicará, por el momento, Di-fusión-a2 en el que ella participará. Gracias a esto retomamos la amistad con más fuerza y me llevó, como digo, hasta aquellas tierras que tanto me gustan y tanta magia me transmiten. Hoy, gracias a ese encuentro, y a otra amiga un poco más al norte (también escritora), intento ver la vida de otra forma: viviendo el presente y aceptando lo que tengo y soy, y si no estoy contento con algo luchando por cambiarlo.

Y, finalmente, en Navidad me he dedicado a repartir un poco de magia de la mejor forma que he podido a personas que quiero y aprecio, no sé si lo conseguí, pero si alguna vez hice a alguna de estas personitas feliz habrá merecido la pena.

Las Cosas que Nunca te Dije – I

          Querida Sandra:

Nunca te dije que no me creí aquello que me contaste para que no pudiéramos vernos cuando habíamos planeado hacer el amor –aunque eso solo lo supiese yo–. Tampoco te dije nunca pero lo hago ahora, que mi intención cuando quedamos era hacernos el amor tras la cena, por eso había elegido un lugar romántico, un lugar especial: nuestro japonés. Jamás te dije se me hacía raro estar con otra persona y amarte a ti.

Nunca te dije el infierno que es mi vida durante las noches, ni te comenté que la locura me acecha al despertar y se infiltra en mí cada mañana hasta que consigue robar la poca felicidad que puedo recuperar en los sueños; jamás te insinué que durante el día la razón y las desilusiones no me dejan sonreír, pero como siempre fui buen actor consigo alzar una mueca en mi cara que evita preguntas indiscretas. Tampoco te dije nunca que muchas noches, cerca del alba, tu recuerdo me despierta y me desvela; ni te hice saber que este era el motivo para evitar dormir con mi, ahora, ex pareja y rehuir sus preguntas. Jamás te dije, hasta ahora, nada de esto. ¿Pero qué importa? Sabía, sé mi lugar.

Imagino no será necesario que recuerde como nos conocimos, a nadie le interesa y esta carta quedará solo entre nosotros dos; sin embargo, por muy atrás que eche los recuerdos, por lejos que evada las reminiscencias, ahí estás tú: desde siempre. Hemos crecido a la par, sorteando problemas, amistades, exámenes, cambios e incluso amores… mientras he estado enamorado de ti, en silencio y sin atreverme a decir nada.

La vida es caprichosa, le gusta jugar y nosotros siempre aceptamos la partida aunque nuestras cartas no sean las mejores, porque contamos con un as en la manga: nuestra cara de póquer. ¿Cuántas veces habremos quedado los cuatro cuando teníamos pareja?

Siempre se me hizo extraño pero nunca era el momento para expresarlo, por eso solía pensar que estaba perdiendo una oportunidad para tenerte, ¿pero de verdad existió? Para mí fue muy difícil estar allí con ella, con él, contigo, conmigo… Enamorado de ti y haciendo un papel, fingiendo que solo éramos amigos, controlando muy bien los tiempos de habla y las miradas, no fijarme demasiado ni monopolizar la conversación, coger de la mano a mi ex y coquetear un poco: teatro y disciplina.

Sigamos recordando juntos antiguas escenas de nuestra vida: ahora el oriental. Hubo un momento en que te creí mía, me creí tuyo, o al menos que compartíamos más que un mismo espacio y tiempo. Fue en un restaurante, como tantas veces en aquel tiempo habíamos quedado en un oriental; este era nuevo para nosotros. A nuestras parejas no les hacía demasiada gracia la comida japonesa. La tuya sí la toleraba algo más, aunque prefería china o taiwanesa; pero, nosotros siempre fuimos de sushi, sashimi, makis y todo el sinfín de variedad. Para nosotros pedimos una bandeja con varias raciones de cada, con salsa de soja y wasabi, y, por supuesto, con la rosa de gari que tanto nos gusta a ambos.

Allí te sentí mía, me sentí tuyo y nunca te lo dije. ¿Las razones? Para no hacértelo saber la misma de siempre: miedo al rechazo y creer no era el momento. ¿Para el sentir? La unión que viví en ese momento, las miradas que expresaban todo el placer que sentíamos, compartir contigo los trozos de pescado, dar un bocado y ofrecértelo con mis palillos aunque sea de mala educación en la mesa japonesa, pero no estábamos en Japón aunque el nihonshu nos transportase hasta allí. Y todo sin que me –nos– importase lo más mínimo que en aquella mesa hubieran dos personas más, sin importar si aquello causaría una discusión en mi pareja (no sé si también en la tuya). Allí era donde quería volver para terminar haciéndote el amor…

Otras veces la pelea llegaba porque no quería quedarme a dormir con ella. Como escribí antes, evitaba que me preguntara en un desvelo nocturno o que me notase angustiado al despertar. Toda mi relación se basaba en el miedo a que me descubriese pensando en ti o amándote como te amaba o incluso utilizándola como un mero trámite para apaciguar el dolor de un alma herida. Y, como digo, la mayoría de las peleas coincidían en el tiempo con nuestros encuentros: causalidad.

Estudios

Llevaba dos meses sin apenas salir de su cuarto. Tan sólo unos momentos para comer, ducharse, y si creía tener tiempo para hablar con sus padres, pero desde el último mes ni siquiera hablaba con ellos. Incluso se duchaba cada dos días, estaba estudiando para los exámenes del último año de Arquitectura. Desde joven, desde que llegó por primera vez al instituto había estado estudiando sin parar, sin tener tiempo para relacionarse. Al llegar al instituto dejó atrás a sus antiguos amigos, algo que suele pasar a menudo, pero el problema no era aquel; sino, que no hizo otros nuevos. No tenía tiempo: debía estudiar. Tanto estudiar al final tuvo premio. Los profesores del instituto, incluso los más antiguos, no recordaban un alumno tan brillante en la Educación Secundaria.

Al llegar a bachiller ya tenía muy claro lo que quería estudiar. Sus padres, sus hermanos mayores, sus tíos, sus primos, sus abuelos, toda su familia le decían que estudiara Arquitectura, y él nunca dijo que no le gustase y siempre asintió hasta el punto de, con el tiempo, empezar a amar la carrera. En bachillerato y en selectividad sus notas solo fueron de matrículas de honor, como en la ESO. Todos estaban orgullosos de él, y él estaba cansado de tanto estudiar para conseguir ser el primero y no defraudar a nadie. Quería pasarse el verano descansando con los amigos, pero no tenía ninguno. Los había perdido a todos por centrarse en los estudios.

En el fondo quería pensar que daba igual, tendría más tiempo para centrarse en la facultad y su futuro. Aquel verano lo pasó sin amigos. Pero al fin y al cabo: “¿quién los quiere si solo son un impedimento para avanzar? Si solo impiden escalar en la vida y hacen perder el tiempo”, pensaba una y otra vez. Llegó a la universidad. Aquello era mucho mejor de lo que imaginaba, de lo que le habían contado sus hermanos, pero no tenía tiempo para disfrutarlo. La época de los buenos momentos de estudiar poco habían acabado, ahora tenía que estudiar mucho más y no tendría la oportunidad de descubrir aquello. Ni de buscarse una pareja que le amara, ni nadie que se preocupase por él.

Y ahora han pasado tantos años, todos con las mejores notas de su promoción y algunas veces hasta los mejores proyectos de la historia de la facultad, pero esas fueron menos, aunque también las hubo… En definitiva, había grandes empresas privadas y públicas para las que había trabajado de becario en sus vacaciones. Y ahora, en cuanto acabara ese examen ya tenía sitio en una empresa de gran renombre internacional. Pero, claro, tendría que acabarlo, ya que daban por hecho que lo aprobaría con buena nota. Toda su familia estaba pendiente a la llamada que dijera que ya había hecho el examen, y cómo él siempre decía: “me ha salido mal”. Tan mal como puede ser una matrícula de honor.

Las horas pasaban y también lo hacían los minutos; ya más de lo que solía tardar en hacer los exámenes. Al principio su familia pensó que como era el último quizás quería esmerarse más de lo que lo había hecho en toda su vida; algo difícil, la verdad. También pensaron que se había quedado hablando con los profesores: sus únicos amigos desde que pisó el fatídico instituto. Pero los minutos, los segundos, eran demasiados para seguir sosteniendo esas hipótesis: algo había pasado. Y sus sospechas se confirmaron cuando recibieron una llamada de la universidad, era el profesor que debía hacerle el examen. Les dijo que su hijo no había aparecido por allí, si ellos sabían que le había pasado.

Tras las pertinentes explicaciones por ambas partes la madre decidió llamarlo al móvil, “¿por qué no lo habré hecho antes?”, pensó. Pero su sorpresa fue mayúscula. El móvil de su hijo estaba en la casa, sonaba en su cuarto. “No puede ser… Me habré equivocado”, pensó, “habré llamado a su hermano”. Volvió a marcar y volvió a sonar el teléfono. Esta vez no había duda: su hijo no se había llevado el móvil, ni los libros, ni los apuntes para el examen, ni nada…

Sin embargo había una pequeña nota algo borrosa en el escritorio, como si la hoja hubiera sido mojada por leves gotas de agua. Pensó en si debía cogerla o no, a él no le gustaba que tocaran sus cosas: siempre fue un poco iracundo y solitario, por eso no le dolió tanto el no tener amigos. Pero la madre sintió una corazonada y tuvo que leer…

Desde que entré en el instituto nunca fui dueño de mi vida. Perdí toda unión con el mundo exterior, sólo importaban los libros. Ese fue el modo de pensar que me enseñasteis y hoy acabaría todo. Mañana todo sería distinto, no tendría que estudiar más… Y al fin sería libre… Pero no quiero esa libertad, estoy acostumbrado a vivir entre libros, y esa es mi única vida. Esa fue mi única vida… mañana no será nada.
Siento mucho no haber acabado esta carrera que tanto os gustaba y que a mí, como mucho, me llegó a resultar indiferente. Siento mucho no ser ese hijo que trabajará en Estados Unidos, Japón y Europa… A partir de ahora, con suerte, sólo seré un recuerdo.

La estúpida manía de resumir los años

Hasta hace escasos minutos no tenía preparada la entrada de esta semana, y tampoco tenía muy claro cuál sería. Había pensado en algún relato que aún no he llegado a escribir o en esto mismo, en un pequeño resumen de lo que ha sido este año que se acaba igual que hice el año pasado.

Por ahora, 2013 ha sido un año de contrastes, de cambios… Quizás la mayor estabilidad haya estado en el trabajo, donde la rutina ha seguido prácticamente igual que antes, aunque sí es cierto que se han visto pequeños cambios. Algunos compañeros ya no están allí y han llegado otros nuevos. Es innegable que todo es constante cambio.

En mis vacaciones tampoco han existido grandes cambios, volví al Camino de Santiago, por otra ruta, pero tenía claro que necesitaba aquello: desconectar y tiempo para pensar, tiempo para mí. Ya hablé hace un par de meses de aquella experiencia, y aún quedan muchas cosas por recordar, lecciones que compartir e historias por revivir. Fue un Camino distinto, suena raro y quizá no sepa explicarlo, pero sentí menos obligación, disfruté más del momento y pensé menos en el presente y el futuro: Carpe Diem. Fueron varios días donde hice grandes amigos, donde compartí experiencias, y donde me deshice de muchas cosas para poder llevarme otras.

Carpe Diem es también una de las frases que más le he repetido a una amiga en estos meses; tanto para ella, como para mí, como para mi ex, la vida cambió. Dejamos atrás nuestras relaciones de largo tiempo y nos enfrentamos a otro tipo de vida, tal vez al mayor cambio que pudimos vivir en el año. Pero hemos seguido sobreviviendo, avanzando en el juego de la oca y superando molinos. Yo, personalmente, descubrí que sólo fue un cambio de situación pero la relación sigue estando y es lo que agradezco.

Durante el año también he tenido tiempo para viajar, más que ningún otro año en mi vida. No solo por los viajes del trabajo, que estos han seguido ahí e incluso se han alejado de las primeras que conocí, sino por viajes personales. Y, como no podía ser de otra forma, algunos de estos viajes han sido gracias al Camino, y sirvieron para reencontrarme con viejos amigos algunos con los cuales nunca se perdió la relación y otros con los que ésta estuvo algo más fría. Otros han sido gracias a la escritura y han sido reencuentros con sabor a primera vez que se tornaron más allá de la pantalla. Aunque, de todos estos viajes creo que Madrid ha sido mi destino predilecto, porque entre unas cosas y otras he estado por allí cuatro o cinco veces reforzando una amistad que, como digo, comenzó en el Camino, continuó en el tiempo pero en la distancia durante dos años, y ahora volvimos a reencontrarnos en persona.

En esos viajes también hubo tiempo para la propia Andalucía, por fin este año pisé las ocho provincias, en algunas (Almería y Jaén) sólo de pasada por sus carreteras pero en otras me enfrenté a nuevos sueños y retos: molinos. Viajes en soledad, otros en silencio.

Literalmente ha sido un año fructífero, si los tres anteriores estuvieron consolidados por mis libros en este participé junto a Asociación Di-fusión-a2 en un libro que ya vio la luz, La Mirada del Hoy y en la segunda edición de Sexo Oral que la verá pronto. Y uno de los grandes molinos al que me enfrenté a raíz de un viaje andaluz ha sido el volver a recitar en público y acortar mis poemas (este molino aún está por sobrepasar), y empezar a programar nuevas ilusiones…

En resumen, este año que está a punto de dejarnos ha sido un buen año, de cambios pero de crecimiento. Un tiempo donde me enfrenté a miedos, donde he superado molinos, y donde creo que soy feliz. Ahora, para estos meses que entran se presentan nuevos retos e ilusiones, así que solo resta encontrar la ilusión y la fuerza necesaria para poder enfrentarlos sin miedo, “porque el reto no está en poder ganar al gigante, sino en poder superar el miedo a enfrentarse con él”: Carpe Diem.

Quimeras

El valor de una promesa está en la persona que la hace. Ésta se cumplió, por eso sé que valió la pena aquellos días en los que nos conocimos. Ahora mismo pienso en aquellas palabras que leí hace algún tiempo, en un libro de Khaled Hosseini: “Tal vez sea injusto, pero a veces lo que sucede en unos días, incluso en un único día, puede cambiar el curso de una vida”. Aunque para mí, aquel día cuando nos conocimos no fue injusto, sino mágico, es lo que tiene aquel lugar: magia y la posibilidad de que las quimeras se tornen realidad.

El espacio nos unió, y una decisión (quizá) incorrecta nos separó aquella tarde, quizás yo buscaba algo más y sabía no podría tenerlo: no entonces. No debía y no ocurrió jamás. Por eso me alejé, pero no sin la promesa de volver a vernos, de sentir otro abrazo como aquel que nos despedía pero que nos acercara. Otra quimera imposible: el tiempo nos irá separando y nos olvidaremos, pensé.

Pero días más tarde de nuevo el mismo camino que nos unió y separó jugaba con nosotros y nos ponía frente a frente con un sabor triste, sabiendo esta vez que sí sería imposible recuperarnos. Sin embargo, cuando todo acabó algo cambió: no nos distanciamos, sino que estuvimos unidos en la distancia, manteniendo viva aquella promesa de un abrazo que lo cambiase todo. Una vez sentirme protegido entre sus manos, apoyado en sus palabras y en sus gestos sin pedir nada a cambio me salvó de un error. Y ahora volvía a necesitar un abrazo de este tipo, reencontrarme con ella y darle un giro a mi vida, estabilizarla y seguir adelante.

La echaba mucho de menos. Pero tuve (tuvimos) la suerte de que a veces las estrellas se alinean y la vida juega a nuestro favor. La quimera se tornaba realidad. Por segunda vez un abrazo suyo me centraba y evadía mis problemas. Realmente aquel abrazo fue breve, y en un lugar muy distinto a la magia del primero, pero horas más tarde vendrían más, incluso uno con sabor a despedida…

O una confesión de que hay más sinónimos para hablar de los sueños imposibles, que no sea quimera. Comentarios sobre aquellos que no entienden, o no pueden aceptar, que el corazón de la otra persona no sienta lo mismo que el suyo, y que prefieran perderlo todo a tenerla de algún modo: que se lancen al tajo del rencor y se ofendan cuando la sinceridad les evita más dolor. Hablamos mucho de sentimientos imposibles, de deseos ocultos e incluso hubo confesiones que se quedarán en nuestra memoria para siempre.

Igual un eclipse de luna dura sólo unos instantes, las estrellas que nos guiaron también lo hicieron; sin embargo el tiempo suficiente para recuperar la fe en las promesas, para saber que todo mereció la pena, y para vivir toda aquella magia comprimida en sólo dos noches. No pude rozar sus labios, aunque era uno de mis mayores deseos, pero todo era perfecto, no hicieron falta besos. No merecía la pena estropear aquel sueño, aquello era una ilusión, una quimera hecha realidad. Y nuestros labios no podían rozarse, tan sólo debía nacer de ellos una promesa: el reencuentro; junto al mar.

Reminiscencias en un Presente que Fueron el Futuro del Ayer

Recuerdo que cuando aún tenía el viejo blog, de El Rincón de Los Vencidos, ya hice una pequeña entrada resumen, pero ahora con el paso del tiempo (e incluso en aquel entonces) quedó bastante penosa. Es curioso como, la mayoría de nosotros nos aferramos al pasado, a esos recuerdos que en el fondo, maquillamos para hacerlos menos dolorosos o más emotivos.

El 2012 empezó con bastante buen pie para mí, tan bien como se había despedido el año anterior. Estaba inmerso en el proceso final del Tawq al-Uahda. Y, para la primera parte de la navidad había recibido el prólogo de Paloma; en la segunda parte de la misma le tocó el turno a las colaboraciones sobre el propio Camino que están incluidas en el libro, y una pequeña sorpresa que llegaría días después de otra colaboración que surgió por casualidad.

Enero fue un buen mes, y no puedo olvidar que también fue cuando vi por primera vez a Aldebarán en concierto, repetí con Alhandal (aunque la primera vez que los vi aún fuesen TYR), y para completar la terna en aquel concierto Anámnesis: los mismos que reza el subtítulo de la web: “Son los recuerdos los que dictan qué es importante”. Días después, ya en el mes de febrero cumplí dos aniversarios importantes para cualquiera, hacía un año que estaba trabajando en la empresa como auditor, en la que entré como becario y en la que aún sigo; y, por otro lado, más personal, siete años con mi novia. Desde el 2005, que se dice pronto.

Y en un día tan raro, como el 29 de febrero de 2012 fue cuando mi tercer libro (sí, he sido un poco precoz), el Tawq al-Uahda, El Collar de La Soledad vio la luz. Un poemario aderezado con ilustraciones de una peregrina llamada Sara. Durante el mes siguiente me llegaron varias críticas sobre el libro, gracias a todos. Mas, para ser fiel a la verdad, ninguna me ilusionó tanto como aquella que recibí de El Rincón de Los Vencidos de la persona más inesperada, pero que más me abrió su corazón. Así todo merece la pena. Todo el esfuerzo y las pérdidas que ocasionan, vosotros lo compensáis. Gracias.

Durante aquellos meses de marzo, abril y mayo seguía inmerso en el Experto Universitario que estaba realizando sobre auditoría, y en los viajes con la empresa pero todo ello no impidió que, por primera vez también, gracias a un compañero fuera a ver el Gran Premio de Jerez de motociclismo, o que acompañara al Málaga CF al Estadio Calderón para un partido que podía ser histórico, las responsabilidades tampoco impidieron subir con varios amigos al pico más alto de la provincia, conocido como La Maroma.

También hubo tiempo para la solidaridad, y la cultura. Gracias al centro Guadalinfo de Alcaucín colaboré con un ejemplar de el Tawq para el proyecto “Libertad tras las rejas” de Candil Radio; donde se recogieron cientos de libros para los presos del Acebuche. Allí, en aquel centro también me concedieron el honor de realizar una pequeña presentación de lo que hasta el punto habían sido mis libros. Mi primera presentación en público, con varios asistentes ingleses a los que, un amigo iba traduciendo lo que yo contaba. Junto a mí, tuve también la suerte de coincidir con grandes autores ya consagrados en este mundo, como José Manuel García Marín, autor de Azafrán, que me dieron varios consejos y compartieron anécdotas.

La cultura fue también eje de los siguientes meses. Fue allá por junio cuando Saray Pavón vino a Málaga a presentar una antología en la que ella participaba, “La Vida por Delante” de Ediciones en Huida. En aquel acto, una chica que me dejó impactado por su forma de recitar y su poesía fue Siracusa Bravo. Y, recuerdo muy bien que fue en julio cuando cogí el coche y me fui con el GPS hasta Pizarra, un pueblo de Málaga, a las tantas de la noche a ver en directo a aquel grupo que dio el nombre a mi primer blog y la novela, los antiguos Siddharta, ahora convertidos en 7Lunas. Que, casualidades de la vida, compartí el concierto con el director del Experto que aprobé semanas antes.

En agosto ocurrieron muchas cosas, pero sin lugar a dudas la principal fue mi segundo Camino de Santiago. Ésta vez el camino comenzaba en Santiago y terminaba en Finisterre. Muchos recuerdos de este viaje, problemas que se solucionaron en él, deseos que el apóstol cumplió… También hubo tiempo para otros viajes menos espirituales que se hicieron con amigos de toda la vida (y no en solitario como el Camino), como a Isla Mágica o la bella ciudad de Granada.

Septiembre empezó con otro viaje, ésta vez algo más lejos y no tanto por devoción sino formación. Debíamos asistir a un curso de formación en Barcelona. Una semana, que no estuvo nada mal, aunque desde fuera parecieran demasiados cambios en el trabajo de auditoría. El mes siguiente, tendría que empezar a hacer hueco para otro sueño más, empezaba el Grado en Lengua y Literatura Españolas. Y la web iba consolidándose y comenzando sus primeras semanas de vida.

El último trimestre del año, ha estado marcado por pequeños detalles entre ellos, otro intento de subida a la Maroma, que por mi falta de orientación y desconocimiento se quedó en un camino más largo y angosto del real y el no alcance definitivo de la cima. O, también fue en estos meses cuando mi compañero de trabajo se casó, y celebró su boda. También hice, junto a la Escuela Oficial de Idiomas de Vélez, una pequeña ruta por la Axarquía morisca. Y, más recientemente, otro viaje me llevó a conocer varios pueblos de Cádiz.

Al final, guardo grandes y bonitas reminiscencias de este año que ya está casi perdido en nuestra memoria. Feliz 2013 a todos.

Llegó la poesía

como un susurro desesperado,
como la lágrima que no desaparece,
como mi amor por ti que jamás morirá.
Si bien es cierto que el subtítulo de la web reza, “Escritor & Auditor”, una gran parte de lo que escribo es poesía, y quería que hoy fuese el día que os la presentara. La primera entrada oficial de la web fue ‘Mirar con el Alma’, un pequeño relato que rescaté de mi viejo blog, La Piel de Una Promesa; y la semana pasada fue el turno de ‘Amar, Temer, Partir’, un relato inédito que surgió tras leer un pasaje de “Yo también tuve una novia bisexual” de Guillermo Martínez. Así que, la entrada de hoy consta os acerca un poco más a mi poesía. A mi otra faceta, a mi alma.El primer poema que os quiero presentar fue recitado por una gran amiga, Susana Ramírez, eigual en este mundo virtual. ‘Nunca tendré nada’. Este poema formó parte de mi gran sueño, de aquel Sueño Cumplido. Y aunque haya estado varios años descansando en la sombra, hoy es el turno que vea la luz, que disfrutéis de la dulce melodía que esta granadina le da a mis palabras:
“Mis días, tan hermosos cuando estábamos juntos,
han cambiado desde que se alejó tu bello rostro”

{Ibn Zaydûn}

Los que me conocen saben que soy bastante tímido, sin embargo -como dirían en uno de mis prólogos- a veces hay que vencer la reticencia y ser valiente. Lanzarse a por ello. En la Escuela Oficial de Idiomas de Vélez Málaga, todos los años hacen un recital sobre algún tema en especial, hace dos años el tema fue la felicidad. Y, hablando con mi profesor, me propuso que recitara un poema aquella tarde. Yo, estaba muerto de miedo pero acepté. Escribí un poema especialmente para la ocasión, donde se hablase de la felicidad, o más bien de la ausencia de ella, y me pasé aquella semana recitando el poema por la calle antes de entrar al trabajo. ‘Olvidar los Recuerdos’ es el único poema que he recitado en público del que haya constancia. Y, aunque la dicción quedara un poco forzada, y la postura no fuese la más adecuada, el momento mereció la pena, y el clavel que me entregaron después aún más. Shukran.
“La cobardía es asunto de los hombres, no de los amantes.
Los amores cobardes no llegan a amores, ni a historias, se quedan allí.
Ni el recuerdo los puede salvar, ni el mejor orador conjugar”
{Silvio Rodríguez}

Y por último, ‘El Collar de La Soledad’, el poema que da título a mi poemario (del que también forma parte el anterior poema). Saray Pavón tiene una voz cautivadora, que te trasporta y hace que entres dentro del poema. Siempre cuando escribo voy recitando los poemas en mi cabeza, le doy unas pausas, una velocidad, y en cierto modo les doy vida; pero al escucharlo en la voz de otra persona todo eso se distorsiona, suena diferente. Pero cuando aquella tarde recibí un mail de Saray con el audio del poema no podía creer que aquello que estaba oyendo fuese un poema mío, no marcaba mis ritmos, se hacía extraño: mejor. No sé expresar lo que sentí. Se me saltaron las lágrimas al sentir lo que el protagonista del poema piensa, y sufre por el amor. Me sigues faltando tú…

Nunca dejas de querer a la persona de la que realmente has estado enamorado.
Sólo puedes aprender a vivir sin Ella…
{Alguien…}