Escribo

Y al final supongo que era verdad aquello de que sólo escribo cuando estoy mal era cierto, ya ni escribo.

Bajo la lluvia

Odio la lluvia en la ciudad, me recuerda lo solo que estoy aquí sin ti.

Porque nunca he sentido nada tan especial como bailar contigo bajo la lluvia sobre la hierba.

¿Jugamos?

Te vi a hurtadillas, espiándote, como aquel que sabe hace lo que no debe, rompiendo las reglas del juego de desconocidos, queriéndome acercar a ti y seguir sin encontrar el valor para ello. Decirme que no lo hago por no quebrantar tu mutis o el silencio que inunda el vagón, la película que ponen solo se escucha por los auriculares y apenas quedamos ya gente dentro. Volver a mirarte entre los asientos, distinguir tu brazo, tu pelo castaño claro, tus uñas pintadas, y tu reloj blanco.

Ver también, en el asiento del pasillo, una mochila y un pañuelo atado a un lado. No recuerdo bien en qué estación te subiste, sé que fue después de Madrid, bastante después y has aguantado muchas más. Si no fuese por la mochila dudaría que fueses peregrina, pero aún no sé si serás parte de mi Camino o te bajarás en Santiago, Sarria ya ha pasado. Pero bueno, es algo que solo el fin del Camino me dirá.

Y, al final, solo una pregunta: ¿Por qué siempre acepto aquellos juegos donde las reglas están dictadas de forma que me toca perder desde el principio?

Envidia

Y, en el fondo, te envidio. Tú no sabes lo que es llegar a casa y encontrarla vacía, cerrar la puerta de madrugada y que tu cena sean solo los restos del almuerzo del día anterior, fríos en la nevera. No tienes ni idea de qué es dejar la televisión encendida para que haya un poco más de ruido. Ni imaginas el entrar en la cama y encontrarla vacía.

Secreto

¿El secreto de mi felicidad, de mi sonrisa? –dijo– Es más sencillo, y a la vez complicado, de lo que crees… El secreto está en no pensar, el resto depende de ti.