Lujuria, por Sara Guerrero

Es querer y no poder. Es algo que recorre tu cuerpo, tu interior, y expresa lo salvaje de tu corazón. Es tu instinto animal, que no te deja respirar, que lucha y caza sin cesar. Es una mirada, una sonrisa, una sensación de… ¿temor? Fácilmente confundible con la pasión.

Si supiera cuáles son sus sentimientos, como maneja la situación… Las mentes sólo se leen en las historias de terror: qué fácil sería si pudiera hacerse en la vida real, sólo con un “click” y ya está, mi cerebro se enciende, mi mente actúa y mi cuerpo le sigue, porque sé con exactitud qué hacer en cada momento, según lo reflejado en mis pensamientos.

Puede que me equivoque, que sea el mayor error de mi vida, que me frustre por algo que quisiera repetir mil veces y, sin embargo, sea una de esas cosas que únicamente suceden una vez en la vida.

Una persona tan acostumbrada a ir por el camino recto no debería torcerse, al menos no sabiendo de antemano la prohibición del acto, pero ¿qué hacer cuando tu cabeza dice “no” pero el resto de tu cuerpo palpita la palabra “sí”? Como una polilla hacia la luz, sabe que allí encontrará casi seguro su muerte, pero no puede evitar acercarse, como si un hilo invisible la uniera a ese cuerpo, no puede correr en otra dirección que no sea la suya.

Una noche, solo una noche como tantas veces he soñado, como tantas he imaginado. La imaginación todo lo puede, todo es posible, y por eso me gusta. Pero es vana, se desvanece en cuanto abres los ojos, y no queda más que la ilusión de algo que no sucedió, sensación de vacío tan horrible y desesperante que la tristeza llega a la misma velocidad con la que se esfuma la felicidad por lo soñado.

El problema radica en ¿cómo hacerlo real? Si pudiera quitarme ese estúpido temor que mina mi cuerpo, acallar esas voces que susurran repitiendo lo que ya sé: está mal y no se debe hacer. Pero eso no significa que no arde en deseos de querer hacerlo.

Estar a solas en la oscuridad, que todo secreto sabe guardar, acercarme a su cara hasta sentir su aliento y cómo las palabras burbujean en mi garganta, en mi boca, queriendo susurrar las palabras más bellas… TE DESEO. Qué grandioso lo que conlleva y sencillo al mismo tiempo.

Ya es tarde, actué sin darme cuenta, y esas palabras llegaron a sus oídos. Mi mente no reacciona, mi cabeza da vueltas y no logro escuchar, ni ver, sólo sentir esos labios que de repente recorren los míos, ese olor exquisito de otro cuerpo pegado al mío, un peso tan delicioso cuya carga soportaría toda mi vida sin un ápice de dolor.

>Su mano acariciando mi pelo, mi cuello, mi cara; mi mano, involuntariamente, repite los mismos actos en su cuerpo como si estuviéramos reflejados en un espejo; pidiendo más, pidiendo que la noche sea eterna y no termine nunca. Rezando porque se repita otra vez, aunque lo crea imposible, aunque en el fondo de su ser sepa que no tendrá tanta suerte, a pesar de que se la juegue una y mil veces. ¿Merece la pena luchar contra lo que nos dicen que está mal? Yo diría que sí.

*Texto escrito por Sara Guerrero para Asociación di-fusión-a2, para el último libro “En Pecado Concebido”.