La vida puede cambiar en un segundo

Hoy, dos de febrero, es un día importante para mí a nivel personal. Hace ocho años tal día como hoy cayó en miércoles, y en una partida de billar cambió mi vida. Una simple serie de preguntas, “¿estamos juntos?”, “¿tú quieres estar conmigo?” y una respuesta, también, sencilla y profunda: “¿Yo? Siempre”. Aquel día, por la tarde, empecé un noviazgo que aún dura, con una persona maravillosa, y sin la que ahora no sabría vivir. Ella ha estado ahí, en los momentos difíciles apoyando y ayudando. Sin ella, posiblemente, no sería lo que hoy soy. El resto de mi vida cambió esa tarde.Aquella relación, sin entrar en detalles, comenzó por una amistad. Coincidíamos saliendo en el mismo grupo en el mismo pueblo, Periana. Y poco a poco hablando, acercando más nuestras almas y compartiendo momentos… SMS de los antiguos. Miradas indecisas y huidizas que buscaban la aprobación del otro y la encontraban, pero no salían las palabras. Hasta que, desesperado y cobarde, escribí un SMS diciéndole todo lo que sentía, hablándole de un supuesto hechizo de magia negra… Y todo desembocó en aquel billar, en aquellas preguntas, y en aquel beso al que aún seguimos unidos.

Aunque no siempre hemos estado juntos. Hace dos años ella estaba en Finlandia, yo en Málaga, recién incorporado a un despacho de auditoría (en el que, también aún sigo como dice la página de presentación). Unos días atrás, esta semana, una gran amiga me recordaba la anécdota de la llamada para ofrecerme esa primera experiencia profesional.

Acababa de salir de las clases de árabe, e iba camino de Periana, conduciendo recibí una llamada de un número desconocido. Al otro lado, una voz de mujer me decía me habían seleccionado para una entrevista en prácticas, en una auditoría-asesoría. Cogí el desvío a una gasolinera y apunté la dirección. La mañana siguiente tenía la entrevista en la empresa. No fue mal, quedaron en llamarme en un par de días, fuese lo que fuese, entrara o no a formar parte del personal.

Y fue un jueves por la tarde. En un segundo también, pocos días antes de mi sexto aniversario, cuando en clases de inglés volví a recibir una llamada de la oficina. Salí de clase, nervioso. Tan nervioso que, cuando mi futura compañera de la oficina, me dijo que había sido seleccionado no la entendí, o no me lo creía, y le pedí me lo volviera a repetir. Y el día uno de febrero del 2011 entré a formar parte de esa familia de compañeros y grandes personas. Y aún seguimos allí, esperemos que por mucho tiempo más porque es donde realmente estoy cómodo, voy evolucionando y formándome como auditor.

Por todo ello, febrero es un gran mes para mí. Este año también estoy esperando grandes noticias por varios sitios para este mes de las Februas. Aparte, aunque aún quedan varios días, el año pasado, un veintinueve de febrero vio la luz, en formato digital y físico el que, hasta ahora, es mi último libro: El Collar de La Soledad.