Ira

Quizá tú no,
pero yo, llevo la cuenta de las promesas rotas
y la rabia contenida.

Y ten por seguro, amor, que las veces que te pegué
sólo fueron por tu bien, por el de nuestro amor.
No llores, aún tienes mucho que aprender:
por ejemplo, no puedes salir sola con tus amigas
–sabes que son unas putas y no te quieren como yo–.
Tampoco debes responderme o contradecirme
–esposa, yo sé qué es lo mejor para los dos–.

Aprenderás que todas esas cosas me queman por dentro,
que todos los golpes iban cargados de rabia y enseñanzas,
que no es mi culpa si eres estúpida y no eres capaz de aprender.
Lo hago por ti, por nosotros: Créeme, amor, mira mis ojos
–inyectados en fuego– no puedo esconder siempre el puño.

Tú mientes y dices que me vuelvo loco, pero sólo es amor.
Deberás entender que no lo puedo permitir más porque,
quizá tú no, pero yo llevo la cuenta de la rabia contenida.

¿Tienes miedo princesa de mí?
Gritan tus ojos pidiendo un por qué y no existe ninguna razón…
Si esas lágrimas rasgan tu piel que maldigan a quién me creó.
{Saurom; El príncipe}