Insomnio

Peregrinos Santiago

Puede haber alguien al que le parezca absurdo levantarse un día, ponerse a andar y andar durante jornadas completas, parando únicamente para comer y descansar el cuerpo unas horas, pocas la mayor parte de las veces.

Éstas fueron las palabras con las que Javier, comperegrino durante mi primer Camino, comenzó la colaboración en mi último libro, El Collar de La Soledad, y tenía mucha razón. Hay mucha gente que no entiende el motivo que nos llama a hacer el Camino, a repetirlo varias veces, habiendo mil sitios más que visitar, pero lo que allí se siente es magia.

Sí, en cualquier sitio que vayas de vacaciones desconectarás de la realidad y de tus problemas del día a día. Pero, apostaría a que cualquier peregrino real te dirá que en ningún sitio como allí. La vida es eso que dejas pasar mientras te agobias y piensas en problemas que no puedes solucionar. Sufres, lloras e incluso dejas de dormir por las noches, tu presente, tu vida, tu felicidad se centra en ese problema, o en todos aquellos, y entras en un círculo del que te cuesta salir porque andas encerrado en cuatro paredes: tu trabajo, tu coche, tu casa, el bar donde comes…

¿Qué sentido tiene seguir viviendo esa vida? ¿Qué sentido tiene continuar? ¿Por qué no dejarlo todo y comenzar de cero? Porque es difícil y no todos pueden. Yo no puedo. Mi única solución para desconectar de todo el mundo que me rodea, de todos los cambios que atormentan mi vida, la vía de escape al no saber qué hacer es un nuevo viaje al camino de las personas comunes. Sé que allí volveré a encontrar el remanso que necesito para mi alma y para mi cuerpo. Porque, aunque pueda doler el estar varias semanas contigo mismo, el recorrer cientos de kilómetros, subir las cimas más altas o descender hasta el fondo de tu infierno sabes que todo ese camino va a tener su recompensa, y que las meigas te recompensarán.

En el Camino no existe nada más que no sea el propio Camino. No existen los problemas, ¿acaso importa el resto? ¿Acaso importa lo que piense la gente?