Hoy, te he vuelto a recordar

Recordar es sencillo, el problema está en hacerlo sin levantar la esencia de lo que un día significó aquel instante, el recuerdo del sentimiento. Eso es lo difícil, lo que realmente cuesta: tragarse las lágrimas, dejar solo el momento sin más adornos, sintetizado, sin corazón… sin posibilidades (como realmente fue, distinto de lo vivido). Eso es algo que aún hoy, a pesar de haber pasado tantos meses, no he logrado aprender a hacer y por eso duele más.

Me prometí muchas veces no volver a dejar que la melancolía se adueñara de mi alma, de las emociones que recorrían mi piel, pero, para mí, autoprometerme algo es tan absurdo como no realizar ninguna promesa. Y hacerla frente a una tercera persona no tiene ningún sentido, pues, si no logro cumplirla conmigo ¿qué sentido tiene el jurar a alguien que lo haré? Y sobre todo, ¿qué le importa a ella qué haga o deje de hacer?

¿Y qué tenía nadie que ver con mis problemas? El verdadero problema siempre es del amante, nunca del amado, ni mucho menos de aquellos que ni siquiera forman parte de ese sentimiento.