Gula

El peor de los vicios, de los pecados, no es la soberbia sino la gula.

¿Qué haces cuando te sientes solo y quieres olvidar?
¿En tu casa, cuando estás aburrido, a dónde vas?
¿Qué buscas en las ciudades -además de monumentos-?
¿Cómo celebras los grandes acontecimientos?

Todo empieza y acaba en la comida, en el exceso: comer por comer y beber para acompañar. De pequeño te educaron para entender que es uno de los pocos placeres de la vida que puedes y debes gozar en público.

Comer. A la nevera. Restaurantes. Con banquetes.

Siéntate conmigo a la mesa, toma un sorbo de vino, moja el pan en la salsa (pero no te chupes los dedos), no hagas ruido al masticar el trozo de carne ni al abrir el bogavante (ante todo los modales) y come las ostras con decencia (no es momento para la lujuria), guarda hueco para la fondue que está por llegar (siempre se acaba con el postre).

Bien, ahora ya estás preparado, has entendido parte del ritual, ahora solo te queda alcanzar la segunda parte. Es el peor de los pecados porque:

dEfoRMa tU cuErPo,
l o  e n s a n c h a,
LO AGRANDA,
lo ralentiza,
lo entor
pe ce

y llama a la pereza
para que a partir de entonces nada vuelva a ser igual.

Pero tú, amigo mío, siéntate a mi lado y sigue mojando el pan con avaricia, llegan las perdices…