Encuentro Desencontrado

Recuerda muy bien su sonrisa y cómo se conocieron, por Internet, el mundo da muchas vueltas y la realidad cambia deprisa. Hace algunos años, cuando empezó a creer en el amor, nada de esto hubiese sido posible sin que le llamaran raro, sin levantar recelos en la gente de su alrededor, pero tras el boom de los cibercafés y los chats y su posterior explosión de frikis (ya no raros) el conocer a alguien por Internet era lo habitual: la norma. Pero, la realidad es tan cambiante que no hizo falta chats, ni cibercafés; fue desde su casa, leyendo un periódico cualquiera (otro cambio-avance de la sociedad) como se encontró con ella. Era artista.

Artista con mayúsculas, y aquel día la nombraban. Era un periódico de los gratuitos, tan típicos tras la generación de los cibercafés, y que se leía online también, él lo estaba haciendo de esa forma. Allí la encontró, un friki hablaba sobre ella, no era muy conocida pero despuntaba, empezaba a oírse su nombre en los círculos de Internet y en el arte, pero él no entendía nada de todo aquello; simplemente le gustaba lo que hacía, se sentía bien mientras disfrutaba de su arte aunque esa sensación sólo le durara un segundo, la realidad cambia deprisa. Pero al menos le hacía sonreír, conseguía que estuviese vivo y se transportara al mundo de los sueños.

Aquel friki, en su artículo, también daba información sobre la dirección de su blog: aquellas páginas web personales que tanto se habían popularizado en ese tiempo con la extensión blogspot o wordpress y donde los dueños escribían, o más bien publicaban porque el abanico de creación era muy amplio, a veces sobre cuestiones baladíes y otras sobre temas que sí importaban realmente. Pensó que debía empezar por ahí, porque ella supiese que existía, y después, quién sabía, con el tiempo quizás la Artista llegara a interesarse por él y de alguna forma quedar. De todas formas, esa idea seguía estando en el mundo de los sueños, porque aunque esto se diese tendría que sobrepasar más problemas.

En principio, la distancia no era uno de ellos: eran de la misma provincia, pero no de la misma ciudad. La edad sí entorpecía un poco más las cosas, él era mayor de edad, pero aún era demasiado joven para tener el dinero suficiente para pagarse las clases necesarias del carnet de conducir, y mucho menos para poder comprar un coche. Ello le daría el tiempo suficiente, para ver si con el paso del tiempo seguía interesado en la poetisa, irla conociendo. Empezó por dejar algunos comentarios en el blog, al principio sólo eran aquellos que dejas por compromiso, por esa necesidad inherente en muchos blogueros de buscar visitas comentando en otros, spam lo llaman, hasta que, poco a poco fue intentando entrar en la forma, en el mensaje de sus textos, sus imágenes, o incluso en su voz y su piel.

Él, por su parte, también se hizo un blog –con la misma extensión que ella, obviamente– donde empezó a escribir algunos relatos, algunos textos cortos y muy básicos, unas veces de ficción, otras de realidad pero siempre con la intención de que cuando ella clicara en su nombre llegase hasta él, y así también le fuera conociendo. Pero, misteriosamente, aquella “trampa” comenzó a dar más resultado cuando dejó de publicarle comentarios absurdos, cuando se paraba a intentar comprender lo que ella quería expresar con su arte, y no sólo lo que le hacía sentir que nunca era poco.

Los días siguientes siguió indagando sobre ella, ya no sólo en su arte, sino en su personalidad, en intentar conocerla: ¿qué mejor forma de poder llegar a conocer la esencia de alguien que viendo su creación? ¿qué mejor forma que comprender que aquello a lo que da vida no es más que un reflejo de su alma? ¿qué mejor forma que leyendo entre líneas eso que ella misma dispuso ahí para él? Y comenzó a ver sus creaciones un poco más allá, a pensar qué quería transmitir y no sólo lo que le hacía sentir en la superficie con la musicalidad.

Porque, en el fondo, lo que importa es lo que está dentro de ti, lo que no se ve: lo esencial es invisible a los ojos…