Comperegrinos

You're still on the Camino

Comperegrinos, extraña palabra para aquellos que nunca hayan pisado, ni sentido la magia en sus venas. Incluso puede que suene rara para los que ya hayan estado varias veces. Personalmente, no recuerdo cuando oí por primera vez la palabra, etimológicamente (aprovechando mis estudios incipientes en el grado de lengua y literaturas españolas) está compuesto por “compañero” y “peregrino”. Y se usa, o al menos yo lo hago, para designar a aquellas personas, peregrinos, que conocí aquellos días y que en el Camino fueron algo más que simple compañeros de viaje.

Mucho antes de que yo pisara las tierras zamoranas un gran amigo mío hizo el extraño camino de las personas comunes -como decía Coelho- y me contó algo que yo mismo pude ver con mis ojos, y que tú, si algún día piensas emprender ese viaje ya lo sabrás: peregrinos hay muchos, tantos que podrías no coincidir dos veces con el mismo y nunca estar sólo. Pero esa gente solo son eso: viajeros que se cruzan en tu camino de forma efímera.

En la vida real, la que digamos vivimos todos fuera de las tierras de meigas y bruixas, o de los buenos vinos porque no todo es Galicia, para hacer amigos hace falta tiempo, sólo el tiempo y el roce te unen a esa persona de forma especial, más allá del amor, más allá de muchos sentimientos, y sólo algunas de esas personas se convierten en amarillos. Personas que cambian tu vida con el sólo hecho de haberte conocido, amigos de verdad, como solemos decir. Sin embargo, cuando estás en el Camino no tienes tanto tiempo, las cosas suceden muy deprisa y quién hoy duerme a tu lado en la litera, mañana lo hará en otro pueblo junto a otro desconocido.

El tiempo. Lo efímero del tiempo, es lo que marca tu viaje. Y tal vez sea por eso, o por los conxuros que allí permanecen por lo que abres tu alma a esas personas. Dejan de ser turigrinos en el peor de los casos a gente que te hace sentir bien, con la que te apetece hablar cuando estás en el albergue, te interesas por sus rutas para volver a coincidir con ellos, despiertas a su lado, y por instantes dudas en si unir los viajes, los vas apreciando, y una noche, sin querer estáis hablando de vuestras vidas, tantas horas juntos en tan pocos días es lo que tiene; sois cómplices de vuestros problemas. Lo que sólo se consigue con tiempo allí se consigue con pasos. Comperegrinos. Esa sensación al alinearse las altas esferas celestes.

Sólo hablo de mi experiencia, y posiblemente, si hablas con algún amigo tuyo que ya haya andado aquellos lares te dirá que él no sintió nada especial; o sí, pero le hizo falta mucho más tiempo que sólo dos días; otros te dirán que se enamoraron; y los más, que conocieron aún más a ese amigo que les acompañó y no tuvieron tiempo de más.

Yo, como tantos otros emprendí mi aventura en solitario. Tal vez esa sea la razón por la que hoy os esté hablando de los comperegrinos, no tuve muchos podría deciros que tres o cuatro, tanto hombres como mujeres… Nunca es fácil abrirse. Y mucho menos aceptar consejos de otras personas, pero siempre es posible encontrar gente dispuesta a ayudar. Hay algo que te lleva a pedirles consejo, a sentirte arropado bajo sus palabras y mantener el contacto más allá de esos dos días que compartisteis tal vez difuso, pero presente como la leña que no llega a calentar pero mantiene viva la llama…

¡Ultreia, suseia, Santiago!

Una respuesta a “Comperegrinos”

  1. Puede que el camino lo haga la gente que transita por él, que estemos destinados a conocernos y aprender los unos de los otros, o puede que esa magia que te lleva a recorrerlo sea la que nos una, eso es algo que nunca sabremos, lo que sí sé es que hay un antes y un después de ese agosto del 2011, y que es algo que nunca olvidaré.

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