Cinco años

Hoy hace cinco años que publicaba mi primera entrada, con aquello de:

Desde hace mucho tiempo, cuando hice el cambio de blogs –de El Rincón de Los Vencidos a La Piel de Una Promesa–, venía pensando en una página más personal, en un dominio propio. Y, el pasado 18 de septiembre adquirí el dominio. Y hoy, 29, nace este sueño en su máximo esplendor. Otro gran sueño cumplido; y aún quedan muchos por llegar. La elección del dominio está clara, además (gracias al consejo de un lector), fue como me presenté en mi último libro: José Miguel Valverde.

Y, en un día como hoy, me apetecía hacer un breve resumen de todo este tiempo. Recuerdo aquellos días con una ilusión especial tras un tiempo, más o menos extenso, en el que me mantuve en silencio comenzaba una nueva etapa. Ahora, recién cumplida la treintena también comienza una etapa. Ahora también llevo un tiempo sin escribir demasiado, tengo algunos poemas a medio terminar esperando la inspiración para poder completar por fin mi próximo poemario, Recuerdos de Tu Soledad.

Los primeros meses de la página fueron de cambio, de cambios personales que me llevaron a escribir ríos y ríos de tinta durante varios trimestres más. Al fin y al cabo, siempre he escrito más cuando estoy triste. También fue la primera vez que publiqué textos en antologías y que comencé a hacer recitales más frecuentemente. Ahora, escribiendo estos párrafos me encuentro con otra entrada donde hablo de los retos…. porque el reto no está en poder ganar al gigante, sino en poder superar el miedo a enfrentarse con él.

Dos años y medio después volví a encontrar la estabilidad personal, que llegó sin esperarla en medio de un viaje, uno de esos a los que me había aficionado en esos meses, y después mucho más pero ya sí, acompañado. Y, como comentara también hace dos años, al encontrar esa armonía y felicidad mis versos fueron quedando algo más mudos y guardándose en privado para disfrutarlos, aunque poco a poco siento como vuelven a despertar gracias al calor de ese amor. Y, a todos los que habéis estado ahí desde el principio, los que me habéis acompañado sólo un tiempo, y los que llegaréis, gracias, muchas gracias por hacerlo posible y por todo lo que aún está por llegar. Pero, como escribí hace unos días:

No me gusta pensar en el futuro.
Aprendí hace ya algún tiempo que no se deben
hacer castillos de arena en el aire que está por llegar.
Supongo que es por eso por lo que he intentado
vivir nuestra relación día a día
sin pensar ni centrarme en lo que llegaría mañana,
intentando no preocuparme por lo bueno ni lo malo.