Avaricia

Esta noche debería estar escribiendo algo sobre la avaricia, podría reescribir el cuento de los gorriones y la espiga de trigo que, cegados por la codicia, pelean por ella sin saber que hay suficiente para los dos. Debería escribir sobre ese deseo, irracional, de poseer más y más, de ser dueño de todo y no serlo de nada.

Pero no puedo.

No puedo pensar en más oro que el tuyo, Mammón me expulsaría de sus filas, de sus discípulos por cambiar las riquezas por ti, las monedas por tu piel y los diamantes por tus besos. Pero nadie me avisó jamás que podría obsesionarme tanto con una persona como otros lo han hecho por el oro.

No dejo de pensar en ti. En las perlas de tus ojos y en tus labios, esos que no ceso de imaginar besándolos.

No paro de especular con cambiar todo el dinero del mundo por estar siempre a tu lado y no solo una noche. Podría ser como el Rey Midas y tener todo aquello que el mundo entero ansía y una vez poseído, cambiarlo por robarte la eternidad y disfrutarte a mi lado. Al y al cabo, el oro sí es eterno.