Predecesor

Seguía sin comprender la razón de tu viaje,
No entendí, no alcancé a descubrir los motivos,
Hasta que te encontré en un sueño (otra vez).

Me costaba tornar la vista atrás, despertar;
Gritarme, abofetearme la cara y entenderlo:
El camino. Mis recuerdos. El peregrinaje.
Yo tuve la culpa, yo fui el culpable, yo te dejé atrás.

Una despedida siempre viene precedida de un viaje,
Y no al revés.

Volví tan enamorado de aquellas espigas de trigo:
De sentir el viento rugir entre los cereales,
De sentir el olor a paja tostada por el sol,
Fue el único lugar capaz de salvarme del abismo.

Y al volver mi boca dibujó una mueca en tu boca
Envidiabas el brillo de mis palabras y marchaste.
Seguías sin comprender la razón de mi viaje.

Tempus Fugit

Nunca dejas de querer a la persona
de la que realmente has estado enamorado.
Sólo puedes aprender a vivir sin Ella…

Aprender a vivir sin ella
vivir sin ella
ella

Supongo que en eso consiste la vida, en darnos cuenta de que, al final, nunca tendremos todo lo que queremos,
y nadie es capaz de enseñarnos a seguir sin Ella…

Y ahora dime… si no puedo tenerte… ¿por qué no puedo olvidarte?
¿Por qué no quiero olvidarte?

{EnLaOscuridadDeLaNoche}

4:35 AM

No se puede olvidar aquello que no quieres dejar ir,
y yo, yo… te tengo aún demasiado presente.

El recuerdo permanece en quien lo mantiene vivo,
y yo, yo… lo alimento en cada mirada desconocida
como aquel idiota que cree posible convertirlo en presente
imaginando que esos ojos vuelven a ser los tuyos.

El recuerdo pertenece a quien lo hizo nacer,
y yo, yo… o realmente, nosotros lo creamos en un beso.
Ahora, te lo regalo, es tuyo, tómalo como un presente,
así los recuerdos serán compartidos como aquel beso.

Soberbia

Sabes que lo conseguiré, y que no pretendo nada más
que llegar hasta tu casa, tu cama, tu colchón.
Para hacerte olvidar a todos aquellos amantes
que estuvieron ahí, antes que yo, disfrutándote.

Ambos sabemos que ninguno de ellos te hizo el amor
como te cabalgaré, como te guiaré, como te follaré;
y que tampoco sabrán beber y comer tu cuerpo
con mayor deseo y placer que mi glotona lengua.

Ambos sabemos que todos se cansaron antes que yo,
que solo quiero estar entre tus piernas y tu sexo siempre.
Que no me hace falta el descanso, ni el sueño
si desde tu cama se me curan todos mis vicios,
si solo al tenerte bajo mi control curo mi frustración
por no haber sido el primero, pero sí el mejor.

Sabes que siempre llevaré una sed incapaz del calmarse,
Ser el mejor no es solo cuestión de orgullo, sino realidad.

Avaricia

Esta noche debería estar escribiendo algo sobre la avaricia, podría reescribir el cuento de los gorriones y la espiga de trigo que, cegados por la codicia, pelean por ella sin saber que hay suficiente para los dos. Debería escribir sobre ese deseo, irracional, de poseer más y más, de ser dueño de todo y no serlo de nada.

Pero no puedo.

No puedo pensar en más oro que el tuyo, Mammón me expulsaría de sus filas, de sus discípulos por cambiar las riquezas por ti, las monedas por tu piel y los diamantes por tus besos. Pero nadie me avisó jamás que podría obsesionarme tanto con una persona como otros lo han hecho por el oro.

No dejo de pensar en ti. En las perlas de tus ojos y en tus labios, esos que no ceso de imaginar besándolos.

No paro de especular con cambiar todo el dinero del mundo por estar siempre a tu lado y no solo una noche. Podría ser como el Rey Midas y tener todo aquello que el mundo entero ansía y una vez poseído, cambiarlo por robarte la eternidad y disfrutarte a mi lado. Al y al cabo, el oro sí es eterno.

Envidia

Y, en el fondo, te envidio.

Tú no sabes qué es llegar a casa y encontrarla vacía, que tu única compañía sea un silencio ensordecedor que todo lo inunda.

No alcanzas a imaginar lo que es cerrar la puerta de madrugada, dejar la llave puesta en la cerradura, proteger aquella vida que no tienes.

Ni imaginas lo poco apetecible que es que tu cena solo sean los restos del almuerzo del día anterior, ya fríos en la nevera, en un mísero tupperware.

Tú no tienes ni idea de qué es dejar la televisión encendida por la noche para que haya ruido, un poco de compañía de las chicas que incitan a jugar al póker (no sabías que ya no existe la teletienda).

Y, por supuesto, jamás alcanzarás a imaginar siquiera el dolor que se siente al entrar noche tras noche en la cama y encontrarla fría y vacía, la sensación de derrota. Por eso ahora ya sabes por qué te envidio.

Ira

Quizá tú no,
pero yo, llevo la cuenta de las promesas rotas
y la rabia contenida.

Y ten por seguro, amor, que las veces que te pegué
sólo fueron por tu bien, por el de nuestro amor.
No llores, aún tienes mucho que aprender:
por ejemplo, no puedes salir sola con tus amigas
–sabes que son unas putas y no te quieren como yo–.
Tampoco debes responderme o contradecirme
–esposa, yo sé qué es lo mejor para los dos–.

Aprenderás que todas esas cosas me queman por dentro,
que todos los golpes iban cargados de rabia y enseñanzas,
que no es mi culpa si eres estúpida y no eres capaz de aprender.
Lo hago por ti, por nosotros: Créeme, amor, mira mis ojos
–inyectados en fuego– no puedo esconder siempre el puño.

Tú mientes y dices que me vuelvo loco, pero sólo es amor.
Deberás entender que no lo puedo permitir más porque,
quizá tú no, pero yo llevo la cuenta de la rabia contenida.

¿Tienes miedo princesa de mí?
Gritan tus ojos pidiendo un por qué y no existe ninguna razón…
Si esas lágrimas rasgan tu piel que maldigan a quién me creó.
{Saurom; El príncipe}

Gula

El peor de los vicios, de los pecados, no es la soberbia sino la gula.

¿Qué haces cuando te sientes solo y quieres olvidar?
¿En tu casa, cuando estás aburrido, a dónde vas?
¿Qué buscas en las ciudades -además de monumentos-?
¿Cómo celebras los grandes acontecimientos?

Todo empieza y acaba en la comida, en el exceso: comer por comer y beber para acompañar. De pequeño te educaron para entender que es uno de los pocos placeres de la vida que puedes y debes gozar en público.

Comer. A la nevera. Restaurantes. Con banquetes.

Siéntate conmigo a la mesa, toma un sorbo de vino, moja el pan en la salsa (pero no te chupes los dedos), no hagas ruido al masticar el trozo de carne ni al abrir el bogavante (ante todo los modales) y come las ostras con decencia (no es momento para la lujuria), guarda hueco para la fondue que está por llegar (siempre se acaba con el postre).

Bien, ahora ya estás preparado, has entendido parte del ritual, ahora solo te queda alcanzar la segunda parte. Es el peor de los pecados porque:

dEfoRMa tU cuErPo,
l o  e n s a n c h a,
LO AGRANDA,
lo ralentiza,
lo entor
pe ce

y llama a la pereza
para que a partir de entonces nada vuelva a ser igual.

Pero tú, amigo mío, siéntate a mi lado y sigue mojando el pan con avaricia, llegan las perdices…