Amar, Temer, Partir

He roto mi promesa, ¿ya qué más da? Ha pasado un año desde aquel día. Me hiciste prometer que no habría llamadas, ni cartas, ni siquiera emails, como tampoco intentaría ponerme en contacto contigo por ningún medio. Y créeme, que lo intenté, al menos las tres primeras; la última sólo a medias.Aún recuerdo tu rostro aniñado, tus ojos verdes y pelo negro, aquellas lágrimas en tus ojos por esta despedida imprevista, rápida y fugaz. Y a pesar todo aquello tenías la fuerza suficiente para hacerme jurar que no volveríamos a saber el uno del otro cuando volviésemos a nuestros mundos. Sabías que al principio todo es magia, todo son recuerdos imborrables, promesas de volver a vernos y decirnos aquello que no dijimos… pero con el tiempo todo ello se agota, se esfuma y sólo quedan meros contactos de rigor. Conversaciones como las que tendrías en el ascensor con ese vecino del séptimo.

Tú odiabas aquello e imagino seguirás odiándolo. Y este correo no hará más que levantar viejas heridas, reafirmarte en tu idea, pero no he podido evitarlo, ayer leyendo el periódico algo me hizo recordar nuestra historia. La primera semana que estuvimos separados deseaba a cada segundo volver a oír tu voz, saber de ti y volver a ver tu rostro. Mas lo primero era imposible por nuestra promesa, y volver a verte también, no tenía ninguna foto tuya. Pensé en llamarte ocultando el número de móvil, pero entendí que ya no éramos niños pequeños para andar jugando a esos juegos, al escondite. Durante aquella semana y la siguiente también pensé en buscarte por las redes sociales, pero jamás te encontré en ninguna de ellas. Tal vez usas otro nombre, otro correo o quizás no estés dentro de ellas. No lo sé.

Fue pasando el tiempo y no pude más que darte la razón, tu recuerdo, nuestra historia se fue difuminando dentro de la esencia de mi mundo. El día a día es un verdugo cruel contra los recuerdos, los ahoga y los minimiza, los aprieta y los absorbe, los destierra y los cambia por otros. Poco a poco te fui olvidando. Ya sólo a veces, ocasiones muy puntuales, sentía la necesidad de saber de ti, pero sólo por mera cortesía –esa cortesía de ascensor–, y siempre por falta de tiempo y en menor medida por la promesa –cada vez menos presente pero más real– nunca me puse en contacto contigo. Hasta hoy.

Leer el periódico fue algo que me enseñaste tú, o mejor dicho que tú me habituaste a hacer en aquellos días, sin embargo, con el paso del tiempo con el paso de las semanas aquello fue formando parte de mi rutina diaria, amoldándose a mi vida, evitando traer recuerdos de otros tiempos hasta que olvidé que todo esto empezó por ti, pero ayer algo me trajo de nuevo a la realidad. Me llevó a romper la promesa.

El periódico sólo daba una lista de los becarios que habían obtenido una beca Talentia para irse a estudiar fuera de Andalucía, y tú eras una de ellas. Casualidades de la vida, o tal vez por ti, vas a ir a estudiar a mi país, quizás no lo sepas pero en unos meses regresaré allí y con ello habrá otra oportunidad de empezar de cero. Habrá otra oportunidad por la que romper nuestra promesa no haya sido en vano. ¿Lo intentamos?